Crítica de Un trozo invisible de este mundo'
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Crítica de «Un trozo invisible de este mundo»

Las maletas se desplazan por la cinta corredera. Caen al suelo y chocan entre ellas, acumulándose. Son pedazos de vida de inmigrantes, estancados, no pueden avanzar, no les dejan. Por allí aparece un señor que decide poner orden a estos vestigios, los separa y los pone derechos y en fila. Mientras nos cuenta su visión sobre el orden que debe seguir este mundo, tratando al público también como si fuera inmigrante, adoctrinándonos sobre nuestra naturaleza migratoria. Que nos quede clara la diferencia entre nosotros y ellos; que entendamos que aquí en el primer mundo, con sus propias miserias, no podemos caber. Este policía aduanero es el mar en el principio de Arquímedes y no dejará que ocupemos su espacio. Quien nos mete el discurso demagógico es Juan Diego Botto, autor de un texto trazado con poesía y dolor que se llama Un trozo invisible de este mundo, y que se representa en el Teatre Lliure de Montjuïc hasta el 29 de setiembre. La obra está dirigida por Sergio Peris-Mencheta, reciente ganador del Premio Ceres por esta obra y por La tempestad.

El actor argentino afincado en España desde hace muchos años aprovecha su condición de exiliado argentino para armar unas historias descarnadas, que tanto provocan la risa como humedecen los ojos. Son cinco relatos, cinco soliloquios: cuatro representados por el mismo Botto y uno por la actriz y cantante Astrid Jones.

El primero, con el guardia, sirve para ponernos en antecedentes, dejarnos una sonrisa congelada y quitarnos la vena de los ojos delante de un tipo con un pensamiento no muy diferente del que tiene gran parte de la sociedad. Luego el actor se sitúa entre maletas para ofrecernos un recital cómico metiéndose en la piel de un argentino que llama a su país desde un locutorio español. Este hombre tiene que luchar para imponer sus palabras en un torbellino de confusiones mientras habla con su esposa. Le cuenta sus miserias cuotidianas en la ciudad mientras trabaja en la obra y al mismo tiempo intenta empezar un negocio para ella des de la distancia. Todo lo que cuenta nos hace reír, pero hay mucho drama en ello. Y como autor Botto sabe cortar la risa en su momento justo: en la anécdota del ucraniano que se cae de la obra por andar dormido.

Después del testimonio en el locutorio se nos presenta otra inmigrante por la cinta de las maletas. Se trata de una mujer africana que se dirige a su hijo, contándole su vida y su odisea particular al inmigrar a nuestro país. El cambio es brusco, y paulatinamente, la angustia y la oscuridad se cierne sobre el público. Es emocionante el testimonio de esta actriz, Astrid Jones, que muestra su sonrisa más pura aunque nada de lo que pueda contar sea para reír. Su canto final nos traslada a lo más profundo de la tierra africana, el lamento de una madre, de un pueblo que no puede ver crecer a sus hijos. Desnuda el alma.

El cuarto y quinto relato sirve para que Juan Diego Botto se inmiscuya de lleno en su historia propia, en su drama genético: la historia de Argentina, bañada de sangre por la dictadura. El primer relato nos presenta el testimonio de Turquito, quien está recién salido del Centro de Tortura de la Marina Armada para acompañar a unos oficiales a hacer un paseo por Buenos Aires. Al hombre, ansioso de libertad, se le pide que reconozca a colaboradores. Éste reflexiona sobre su papel de héroe, de superviviente como lo fuera Primo Levi, quien relató sus experiencias en Auschwitz en Y si fuera un hombre. Luego, en un salto temporal, se nos presenta el que sería el primo de este hombre, quien filosofa con cabreo y sarcasmo sobre lo que supone estar lejos de casa y perderlo todo por culpa de un exilio político. El monólogo va cargándose de mala leche a medida que el hombre va hilvanando diferentes anécdotas para demostrar su tesis de que los argentinos no pueden ni deben olvidar, que la justicia debe reconocer el daño hecho y castigar a los malvados. De todas las historias que ha vivido este testimonio la que más despunta es la del vagabundo y su perro, dando consistencia a la denuncia hacia la naturaleza bárbara e injusta del hombre.

En esta obra las emociones golpean necesariamente las conciencias. Y lo hace gracias a un texto directo, seco, con buen ritmo, con unos actores que sienten el drama como propio y con una escenografía funcional y metafórica que pone luz a este trozo invisible.

 

Un trozo invisible de este mundo de Juan Diego Botto.

Dirigida por Sergio Peris-Mencheta.

interpretada por Juan Diego Botto y Astrid Jones.

Monólogos dramáticos de denuncia social.

Hasta el 29 de setiembre en el Teatre Lliure de Montjuïc.

2 comments

  1. Eloisa

    Ayer estuve en la Naves del matadero y vi una obra estupenda , «Un trozo invisible de este mundo», con un texto precioso, una escenografía muy original (como muchas de las que allí se representan) y una actuación sublime de Astrid Jones (¡qué pedazo de actriz y qué voz!) y Juan Diego Botto (como dijo una amiga ¡cómo ha crecido este actor!), con el público puesto en pie al final y con un nudo en la garganta que no permitia hablar al actor pero creo que tampoco a ninguno de los que estabamos allí. ¡Hay que verla!

    • Jesús E. Cano Gómez

      Gracias por tus recomendaciones Eloisa. Ya que está en Madrid es una gran oportunidad para ver esta gran obra en las Naves del Español. Por cierto, solo hasta el 8 de junio.

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