Próspero sueña Julieta (o viceversa) - Masteatro

Próspero sueña Julieta (o viceversa)

Próspero sueña Julieta (o viceversa)

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{tab=Ficha Técnica}

Compañia: La Compañía Triana

Reparto:

Clara Sanchis
Héctor Colomé

Ficha
técnica/artística:
Juan Carlos Savater (espacio escénico)
Tono M.
Camacho (diseño de iluminación)
Mario Goldstein (diseño de sonido)
Helena Sanchis (vestuario)
Óscar Moreno (ayudante de producción)
Pedro
García de las Heras (ayudante de dirección)
Tecnifront (dirección
técnica y equipamento)
Clara Pérez (producción ejecutiva y
distribución)


{tab=Sinopsis}

maginemos que algunos de los inmarchitables personajes de
Shakespeare fueran conducidos, de la mano de un autor contemporáneo sin
escrúpulos, al desolado universo de Samuel Beckett. ¿Qué podría
ocurrir? ¿Qué extrañas metamorfosis sufrirían sus nítidos perfiles, sus
elevados pensamientos, sus brillantes discursos, sus acendrados
dramas, sus destinos ejemplares?

En su nueva morada -el escenario beckettiano- suele flotar una
atmósfera más bien turbia y crepuscular que desdibuja toda pretensión
de nobleza, todo conato de heroísmo, todo resquicio de dignidad. Lo
impregna todo un humor corrosivo y sarcástico -aunque no exento de
compasión- que carcome los pedestales y enmohece hasta los más
espléndidos ropajes.

No es de extrañar, pues, que el omnipotente mago de “La
tempestad
” y la apasionada amante de “Romeo y Julieta
vean aquí torcidos sus destinos y se contaminen vagamente de la
agonizante creatividad de Hamm (“Final de partida”) y del
estéril conformismo de Winnie (“Días felices”), que merodean
por ahí como sus sombras.

Pero sólo vagamente, no faltaría más. Este Próspero
venido a menos (a muy poco) y esta Julieta forzada a
sobrevivir (a madurar), aún pelean valientemente contra la nada por
ejercer el poder o el amor en sus respectivos -y solitarios- reductos.
Tienen dos armas poderosas que les permiten vencer el desaliento: la
voluntad y la palabra.

Mientras el escenario les conceda la capacidad -o la necesidad- de
persistir, de resistir y el don -o la condena- de hablar, de
expresarse, su existencia dramática está garantizada. Seguirán siendo
personajes capaces de sobreponerse al crepúsculo de estos tiempos sin
aura.

Y el autor contemporáneo sin escrúpulos podrá tal vez justificarse
proclamando haber hecho, a pesar de todo, un humilde homenaje al
verdadero padre de sus criaturas. (Y, de paso, también al de sus
sombras.)

{tab=Galeria}{tab=Trailer}
{tab=Programacion}

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