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El poema de Guilgamesh, rei d’Uruk – Crítica

Los hombres (y el caballo) de Broggi

Si se hubiera hecho el año pasado, este espectáculo podía haber sido vendido como la celebración de los 15 años de La Perla 29. El 16 es un número menos común  -por alguna extraña razón nos gustan más los múltiples de 5-, pero lo cierto es que la nueva obra de Oriol Broggi y La Perla 29 con el que se ha abierto el Grec 2018 es un auto homenaje a la compañía, para y por sus seguidores. Arena, audiovisual, escenografía minimalista, música constante en directo, un caballo y la acordeón de Joan Garriga. Un sello propio e inamovible.

5 esmerados actores de la casa cuentan la historia escrita más antigua que se conserva, fechada en la era mesopotámica. Se trata del poema de Guilgamesh, semidios y rey de la ciudad de Uruk, quien emprende un viaje lleno de peligros para intentar derrotar al enemigo invencible por excelencia: La muerte. Entre dioses, gigantes, bestias y mujeres que solo sirven para satisfacer el deseo de los hombres, la historia de Guilgamesh nos recuerda que la vida es finita, y que el misterio de la misma ha sido cuestionado desde el principio de la humanidad.

Màrcia Cisteró, Ernest Villegas, Toni Gomila, Sergi Torrecilla y David Vert recitan la historia a modo de cuentacuentos y de forma demasiado estática. Reluce en momentos muy puntuales la única y mejor incorporación al lenguaje de Broggi: La coreógrafa Marina Mascarell les asesora en movimiento y hace que los intérpretes utilicen su cuerpo para representar las historias que cuentan. La idea es muy buena, pero los actores no son bailarines y el movimiento queda bonito pero escueto.

Desaprovechados quedan también el resto de actores (y animal) de primera línea, que aparecen en escenas muy breves con personajes nada desarrollados y totalmente prescindibles. De hecho, parece que el principal motivo por el que están es para que su nombre figure en el cartel –con la consiguiente venta de entradas que ello implica-. El único que consigue salvar la papeleta es Lluís Soler, cuyo personaje resulta paradójicamente el más natural pese a ser el único dotado de inmortalidad.

Así pues, el principal valor de la función queda reducido a lo estético. El juego de sombras, luces (Quico Gutiérrez) y audiovisuales (Francesc Isern), compenetrados con armonía a la puesta de sol y a la idiosincrasia casi mística del teatro grec, apelan a la poética y a la imaginación del espectador. Los trucos visuales, como los palos que colocados conscientemente crean un gigante o las sombras que permiten imaginar monstruos moribundos o palomas voladoras, nos devuelven a la primigenia del espectáculo, a ese punto ingenuo, artesano e infantil en el que la sugestión es el elemento más poderoso.

Pese a todo, los protagonistas relatan con un ritmo muy lento y repetitivo. El desdoblamiento del personaje en cinco intérpretes (definitivamente el número atrae) y la carencia emocional del relato en tercera persona hace que no empaticemos con Guilgamesh y enfría la función.  Las dos horas se hacen largas y pesadas y no logran conmover. A ver si para el 20º cumpleaños Broggi, sus hombres y su caballo consiguen emocionarnos más.

El poema de Guilgamesh, rei d’Uruk
Dirigida por Oriol Broggi
Versión de Jeroni Rubió Rodon
Coreografía de Marina Mascarell 
Interpretación de Màrcia Cisteró, Toni Gomila, Sergi Torrecilla, David Vert y Ernest Villegas.
Y también Marta Marco, Clara Segura, Lluís Soler y Ramon Vila.
También participará un coro de actores y actrices afines a La Perla 29.
Interpretación musical de Yannis Papaioannou.
Del 2 al 4 de julio en el Teatre Grec
Grec 2018

Foto: Bito Cels

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