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Ombra (Parla Eurídice) – Crítica

Viaje a las sombras

Me hubiera encantado ver la cara de los productores del teatro Schaubühne Berlin cuando la directora británica Katie Mitchell les propuso hacer cine en directo. Así, tal cual. Quizás le ofrecieron la posibilidad de incluir una cámara manipulada por los propios actores. Quizás le sugirieron que podrían hacer una historia en una única localización, sin grandes cambios.Pero Mitchell no quería una obra de teatro en la que se usara el vídeo: ella quería hacer, en cada función, una película encima del escenario. Y lo consiguió.

En Ombra (sombra) el proscenio se convierte en un plató de rodaje. En el centro, un coche con su correspondiente fondo en movimiento. Al extremo izquierdo, un ascensor, creado a partir de un cubículo cerrado e iluminado con un foco de arriba a abajo. Decorados y plataformas que entran y salen creando localizaciones de todo tipo: pasillos, una sala de espera, un hospital, un camerino, un descampado, una sala de conciertos… Luces, micrófonos, cámaras. 4 actores y un despegamiento de técnicos que con una coreografía milimétrica graban cada escena sin cortes ni posibilidad de repetir. Y encima de todos, la pantalla desde la que vemos el resultado, la película completa, la magia y el engaño del séptimo arte.

Desde luego, la forma es lo más impactante. Pero también el contenido es potente. El espectáculo consiste en una adaptación de la obra de la ganadora del premio nobel de literatura Elfriede Jelinek. En ella, la austriaca rescata el mito de Orfeo, lo trae a la actualidad y lo convierte en el mito de Eurídice. La historia es narrada por ella desde su punto de vista y en primera persona, con un lenguaje elevado y metafórico. Aquí él es un cantante orgulloso y caprichoso, y su amada una escritora que no está interesada en las relaciones románticas. Mientras espera su aparente salvación, Eurídice decide que no quiere ser una posesión, el trofeo de un superhéroe con ganas de ser adulado. Y entonces actúa para labrarse, por si misma, el futuro que quiere tener.

Forma y contenido están muy bien compenetrados. Viajamos a las sombras para ver todo lo que se esconde en ellas. Las del cine, con todos los trucos y las personas invisibles que lo hacen posible. Pero también las sombras de la mujer, cuya existencia ha quedado siempre ligada a la luz del héroe. Un panorama desolador en tono y estética, con luces frías, texturas metálicas, rostros serios  y escenarios oscuros. Un drama que sin embargo aporta en el final un rayo de esperanza. A veces, cuando bajas a la más fonda de las salas del infierno, puedes encontrar en ella aquello que te hará verdaderamente feliz.

Ombra (parla Eurídice) de Elfriede Jelinek
Dirigida por Katie Mitchell 
Interpretado por Jule Böwe, Cathlen Gawlich, Renato Schuch y Maik Solbach
Operadores de cámara: Nadja Krüger/Stefan Kessissoglou, Christin Wilke/Juliane Kremberg/Marcel Kieslich y Simon Peter (microfonista)
Operador de grúa: Simon Peter
Teatre Lliure, 12 y 13 de julio de 2018
Grec 2018

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