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La revelació – Crítica

Realidades humanizadas

Todo el material de este espectáculo es real. Así nos lo avisa una proyección ya antes de que se apaguen las luces. Y es que el teatro documental está a la alza. Si hace unos días recordaba Hazte banquero, la cómica e irónica retrospectiva de Simona Levi a partir de los emails del caso de las tarjetas Black, hoy es el turno de recordar Camargate, la reconstrucción de la conversación grabada entre Alícia Sanchez Camacho y Victoria Álvarez llevaba a escena por Jorge-Yamam Serrano. El director y dramaturgo vuelve ahora con nuevos casos y un género menos cómico y más intrigante.

La revelació nos cuenta la historia de tres personajes reales: El fundador de wikileaks Julian Assange y dos de sus principales whistleblowers o confidentes, Chelsea Manning y Edward Snowden. Assange, interpretado por Ruben Ametllé, actúa de maestro de ceremonias y nos introduce la velada para pasar luego a escenificar tres historias muy bien hiladas. Primero, la entrevista que tuvo Assange con el director ejecutivo de Google Eric Schmidt (Xavi Sàez). La segunda, la carta que la soldado americana Manning (monólogo estremecedor de Cristina Gàmiz, Camacho en Camargate), referente también de la lucha transexual, escribió desde la base de marines de Quántico donde cumplió condena en régimen de aislamiento. Finalmente, se nos muestran las reuniones de Snowden (Sàez) con los periodistas que le ayudaron a difundir sus filtraciones y su identidad en el hotel de Hong Kong donde se escondía. Entre las tres escenas, pequeños monólogos muy acertados que ofrecen el contrapunto a tiempos pasados con las persecuciones de pensadores como Sócrates y Galileo. Momento estelar el de este último, interpretado con Sàez con inteligente ironía.

Con un punto de thriller, La revelació deja atrás el tono cómico y casi caricaturesco de Camargate para irse a unas interpretaciones más realistas. Los actores no imitan físicamente a las personas que interpretan, sino que construyen sus propios personajes. La gran virtud del montaje es que, además de profundizar en sus vidas, también nos muestra la parte más desconocida de las mismas: la humana. Ya no son solo entes racionales que siguen una ideología, sino que son personas privadas de libertad. Vemos sus motivos y con ellos sus miedos, sus enfados, sus frustraciones… Empatizamos con ellos y los sentimos más cercanos. La dramaturgia de Serrano consigue la difícil tarea de encontrar el equilibrio entre datos e historia, permitiendo al espectador seguir la trama sin perderse en un laberinto de fechas y nombres. A nivel de dirección, el autor utiliza la dosis justa de audiovisuales y elementos escénicos sin salirse de una puesta en escena muy sencilla, posiblemente pensada para un fácil transporte hacia salas de menores recursos.

Al final, La revelació es un homenaje a todos aquellos perseguidos por hacer públicas verdades incómodas para los poderosos. Pero también hay un cierto cuestionamiento a esas filtraciones anónimas. ¿Cómo probar la veracidad de la información filtrada? ¿Puede esta ser difundida en el momento preciso para que el filtrador obtenga con ello un beneficio personal? En tiempos de sobre y desinformación, el tema se ha vuelto necesario. Así que ahora y aquí revelo que, con un ritmo dinámico y una puesta en escena  efectiva, el montaje vale la pena.

Por cierto, resulta irónico que, aunque a menor escala, el debate sobre las denuncias anónimas de malas praxis y la falta de transparencia en entes públicos ha salpicado recientemente al teatro que acogía la función. Trabajadores y colaboradores del Lliure, ¿algo que filtrar?

La revelació, escrita y dirigida por Jorge-Yamam Serrano.
Interpretada por Ruben Atmellé, Cristina Gàmiz y Xavi Sàez.
Del 11 al 14 de julio en el Espai Lliure del Teatre Lliure.
Grec 2018

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