ramón simó

Entrevista a Ramón Simó, director artístico del Festival Grec

Torrencial, expansivo, ocupando un espacio con su voz y cuerpo, Ramón Simó es el capitán de la nave del Grec y ya lleva 5 años estresando al público más asiduo del teatro con una programación repleta de espectáculos de un nivel excelente. Uno siempre termina teniendo aquella sensación tan frustrante de no poder llegar a todo. Seleccionar, en este caso, es sacrificar. Y parece que este año el sacrifico aún dolerá más. Hablamos con Simó de esta nueva edición, del fantástico, pero agotador trabajo que es ser director artístico del Grec, de su experiencia en estos cinco años e intentamos dar alguna pista sobre si seguirá o no al frente del festival. Y hablamos sobre todo de teatro, del tipo de teatro que se hace… y el que estaría bien hacer.

Masteatro– ¿Qué tiene de especial la edición del Grec’16?

Ramón Simó– Tiene de especial que celebremos los 40 años. Es una muy buena noticia que un festival haga 40 años. Aparte de esto está el hecho de que el programa crece mucho, que es más abierto al público, que ofrecemos más espectáculos gratuitos, que tiene más circo, que tiene más danza. Y también que ayudamos a las compañías a producir espectáculos, etc.

M– En el primer Grec, en el ’76, uno de los lemas era hacer un teatro al servicio del pueblo. ¿Sigue cumpliendo esta función?

RS– Entendido como lo entendemos nosotros, el teatro al servicio del pueblo queremos decir que no es un teatro al servicio del mercado, no es un teatro comercial ya que no es un teatro al servicio del pueblo, sino al servicio del ocio y del comercio. Si pensamos que la cultura debe estar al servicio del pueblo, eso significa que tienes que hablar de las cosas que crees que pueden interesar a la gente, hablar del presente y dejarte de manierismos culturales. Lo puedes hacer con muchos lenguajes, pero lo más importante es cuál es la intención de fondo. Damos la posibilidad de ver el mundo de una manera diferente.

M– Este teatro que defines no parece que esté muy presente en nuestros teatros públicos.

RS– Actualmente los teatros tienen un problema de rentabilidad. Tienes que conseguir llegar a unos números a finales de mes y si no los haces, mal. Y esto nos lleva a hacer un tipo de teatro popular, que abarque al mayor de gente posible. Y eso es un problema porque significa que tienes que acercar el nivel de tus producciones al nivel medio de hábito y comprensión de la gente. Esto hace que nos estancamos un poco y que siempre tengas la misma gente de público y que los que no estén interesados lo argumenten diciendo que es porque no va con ellos. Pero los números cantan, cuando el teatro hace este tipo de programación más popular, llenan y cuando no hacen este tipo de programación no llenan. Es vivir por el presente, sometidos a un balance de beneficios de finales de años que les impide a muchos programadores de salas de llevar una política de programación mucho más exigente, o bien formalmente o a nivel de contenido. Políticas que muchas veces no se pueden ni plantear. Hacer una programación más atrevida significaría tener que renunciar a tener el teatro lleno, pero quizás estarías pensando en el futuro y pensar en cómo debería evolucionar el teatro que también debería formar parte de la política de los teatros públicos.

M– Afortunadamente el Grec apuesta por el riesgo y el talento.

RS– El Grec quiere escapar de la convencionalidad, no podemos repetir los modelos que se dan a lo largo de la temporada. El Grec es un festival y debe ser una fiesta extraordinaria. Debemos buscar cosas especiales. Tenemos una parte de la programación más convencional, pero luego tenemos una parte que habla de nuevos lenguajes, de géneros híbridos, que sin duda es el futuro del teatro.

M– Hace ya 5 años que estás al frente de la dirección artística del festival. ¿Cuáles fueron los objetivos en el primer festival? ¿Se han cumplido estos a lo largo de estos años?

RS-Había varios: potenciar la internacionalización de nuestras compañías, implantar este festival que hablara de la realidad, investigar sobre los géneros, proponer espectáculos de fusión de géneros, híbridos y abrir el festival al público. Los hemos ido cumpliendo todos poco a poco.    Uno de los grandes cambios sin duda estuvo en las propuestas internacionales que llegaron y en todo el trabajo que ha ido haciendo para internacionalizar las compañías de aquí.

M– ¿Cómo se ha hecho esto?

RS– Hemos generado el IPAM (International Performing Arts Meeting) que es algo que ya hace 3 años que hacemos. Nuestras compañías presentan sus propuestas a productores del extranjero para ver si pueden llevar sus producciones al extranjero. Y para eso los invitamos a ver los espectáculos que producimos, centrándonos sobre todo en la parte de proyecto. Hemos creado una cadena que funciona. Por ejemplo, en 2014 presentamos una serie de espectáculos internacionales que eran coproducciones nuestras que luego estrenamos en 2015, y en 2015 hicimos lo mismo y este año estrenaremos los espectáculos presentados en el IPAM el año pasado. Hemos conseguido hacer esta cadena, es decir que el productor internacional que nos viene a ver, conoce lo que le presentamos este año y sabe que lo verá en el 2017 y si le interesa participar ya desde el inicio pueda participar en la producción de éste. Al mismo tiempo nosotros participamos económicamente en producciones de otros países y festivales y presentamos estas dos o tres coproducciones internacionales. Se trata de establecer un buen diálogo. Y por eso trabajamos con el FIBA ​​de Buenos Aires, el festival de Amsterdam, de Aviñón, el festival de Lyon, París … Hemos jugado con muchos festivales y con muchas compañías. Incluso hemos conseguido que compañías de aquí, las cuales les hemos cerrado alguna coproducción internacional, los compren en esto países para hacer una gira internacional.

M– ¿Qué hace el director artístico del Grec durante el año?

RS– Piensa que ya estoy trabajando con proyectos para el 2017 ya que es necesario hacerlo, para trabajar con antelación por las compañías. Si no se hace este trabajo el año que viene no podríamos hacer alguno de los espectáculos. Se ha de trabajar con un año y medio vista. Por ejemplo, El somni de Gulliver de Roland Olbeter, que es un espectáculo que hacemos este año, hace 2 años que empezamos las gestiones para que vinieran al Grec. Es un trabajo continuo, la máquina no para nunca, y luego están los dos o tres meses previos que te vuelves loco, sobre todo en el mes antes. Pero el resto del año la aprovechas para hablar con las compañías, generar proyectos internacionales, hablar con las salas, pactar coproducciones, es todo el trabajo de selección y preproducción del festival, básicamente hasta diciembre. Entre septiembre y diciembre se hace el primer esbozo del programa y luego en enero se trata de hacer el programa, todo el trabajo de producción y contratación, que son 6 meses de duro trabajo también. Ya te digo que la máquina no para. Y claro, por eso no tengo tiempo de hacer mis espectáculos. Tengo tiempo de hacer cosas pequeñas. O como estoy haciendo ahora, que voy a hacer un espectáculo más grande, tengo que trabajar 13 o 14 horas diarias. ¡Un palo! ¡Qué me lo paso muy bien! pero claro esto es un trabajo que puedo compaginar cada dos o tres años. Cuando acabe esto estaré que me tendrán que recoger con una paleta. Me iré de vacaciones, a desaparecer.

M– Precisamente ahora va a salir el concurso público para ocupar la plaza de director artístico para las próximas ediciones del Grec. ¿Tienes fuerzas para volver a presentarte?

RS– Yo no sé nada del concurso, hasta que no salga no decidiré qué voy a hacer. Depende de lo que me propongan. Hace cinco años no hubo concurso. Siurana, responsable de cultura entonces, se reunió con varios candidatos, Broggi, Portacelli, Casares … y me eligieron a mí. Siempre se había hecho por decisión de una persona, a dedo, excepto hace diez años cuando escogieron Ricardo Szwarcer, quien fue mi precedente. Fue la primera vez que hubo concurso. Ahora hacen concurso porque Barcelona en Comú se comprometieron a que todos los cargos públicos fueran por concurso. Sé que está a punto de salir. Pero me he mantenido absolutamente al margen para preservar la posibilidad de presentarme o no. No he participado en nada, ni he querido saber nada del concurso.

M– ¿No tiene un plan de futuro pues?

RS– Nunca he sido una persona que planifique nada. Ahora sí que lo he hecho un poco, comienzo a pensar en que si el año que viene no estoy aquí que haré y empiezas a pensar en espectáculos. Pero nunca he pensado a largo plazo. Lo del teatro es cojonudo, haces un espectáculo y se termina y luego comienza una nueva aventura. Es la magia del teatro, y es que nunca estás en un mismo lugar demasiado tiempo. Cuando ya has estrenado, luego vas a otra cosa. Es lo que me gusta: esta movilidad, esta capacidad de adaptación constante.

M– ¿A lo mejor volver a dar clases en el Institut del Teatre donde tienes plaza?

RS– Hace 5 años que no doy clases. Pero la plaza la puedo recuperar, es como si estuviera en una comisión de servicios. Si terminara ahora mi relación con el Grec, a partir de septiembre podría reincorporarme de nuevo y es un trabajo que me gusta mucho. Me alimenta mucho la gente joven, te aportan cosas que tú no pensarías. Y tengo ganas, la verdad.

M– Bueno hablamos sobre la programación de este año. ¿Serías capaz de recomendarme solo tres de las propuestas teatrales que habéis programado?

RS– Aparte de Les bruixes de Salem, hay que ir a ver La força oculta de Toneelgroep Amsterdam, también Estación Tèrminus que es mi obra… –ríe sonoramente y un servidor le agradece y le anima a que la destaque- claro que sí, es un espectáculo que estamos haciendo con mucha gracia y mucha ilusión, pero evidentemente si no lo ves no te vas a morir. Pero sí que te vas a morir sino vas a ver el Platonov de Luk Perceval y el MDLSX (Middlesex) de Motus. Destaco los tres espectáculos internacionales porque no tenemos la posibilidad de verlos habitualmente. Ver un espectáculo de Andrés Lima, de Silvia Munt o un espectáculo mío, esto siempre puedes hacerlo. Pero al Grec, que es una ventana a creadores muy particulares, hay que ir a ver estas propuestas porque sólo las podrás ver en nuestro festival.

M– Ya que has querido destacar, aunque sea en tono de broma, tu Estació Tèrminus, ¿por qué no nos haces un poco de promo?

RS– Estació Tèrminus será un espectáculo que no estamos acostumbrados a ver aquí ya que pondremos dentro del Mercat de les Flors una estación de tren. El público estará sentado en esta estación. Será una obra muy sintética, hecha con cuatro cosas, donde pasarán muchas cosas: encontrarás desde un neofascista que se caga con todo, una pareja que se pelea, un diálogo divertido sobre la existencia de Dios, hasta un yihadista catalán. Queremos dar la misma sensación de cuando estás en una estación de tren y te pones a observar la gente y empiezas a imaginar, de un trocito de conversación que sientes de una persona que habla por teléfono, tú construyes una historia. Queremos poner al público en esta tesitura. Y todo esto lo hacemos mezclando música en directo, mezclando la gestión del espectáculo desde el mismo escenario y mezclando coreografías. Todo esto lo hacemos para acabar construyendo una imagen de Europa, de los problemas y las virtudes. Y lo hacemos con personajes que se enfrentan muy claramente entre ellos. Es una metáfora de las diversas formas de pensamiento que hay. Todo está montado a base de pequeñas escenas, con secuencias de repetición, un montaje que pretende dar esa sensación de vida que puedes encontrar en una estación.

M– Tomamos nota y apuntado queda en la agenda. Muchas gracias por tu atención y molta merda.

RS– (Ríe sonoramente) Gracias, gracias. Será bienvenida.

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