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Entrevista a Julio Rojas y Aarón Lobato previa al estreno de “Julieta y Ofelia, suicidas de toda la vida”.

Julieta y Ofelia, suicidas de toda la vida. 13-20-27 mayo / 3  junio. 19h en Nave 73, Madrid. (Surge Madrid 2018).

SEMILLAS A PUNTO DE ESTALLAR por Carlos Herrera Carmona.

   Dos pura sangre y sin freno vienen a por nosotros. Sus nombres: Julio Rojas y Aarón Lobato. Ambos pertenecen a esa tribu extraña e inusual que hace suya la tan cuestionada bipolaridad que existe entre la máscara y el intérprete. Tanto el uno como el otro dicen entregar -sin nada a cambio, con su máxima del “teatro por el teatro” como estandarte- sus voces y cuerpos a dos de las damas más sublimes -auténticas losers– del bardo inglés. Toman con valor el relevo de su antecesor Sanchís Sinisterra (Próspero sueña Julieta, o viceversa) en lo que a intertextualidad y a ese “seguir viviendo” que el personaje clásico provoca y sugiere en la actualidad. Asimismo reivindican, a mi entender, una suerte de revolución desde dentro de sus personajes, ampliar sin límites ni pudor el zoom de siempre y encuadrarlas en los planos que les han parecido pertinentes. Para ello les han alterado sus ADN y han situado sus cadáveres -muy resucitados- en una tierra de nadie, pues es aquí donde ellas podrán sentirse libres sin las cadenas del Tiempo y confeccionar su discurso dramático. Diálogos y máximas de la mano de Julio Rojas -su primera criatura en las tablas como autor- cuyas capas vienen aderezadas por pensamientos dinamitantes de mujeres de bandera: Virginia Woolf, Sylvia Plath o Angelica Liddell, por citar: Una marea brava al parecer este montaje que nunca desciende y donde sólo la espuma esquiva de la malograda Sarah Kane refresca. Estos jóvenes, quienes cabalgan como digo a toda máquina, han desenterrado a las damiselas de Shakespeare para que ellas mismas se expliquen y nos reten, para que se disculpen y nos provoquen, para que se defiendan y nos remuevan. Todo esto lo veremos el 13 de mayo (fecha con tintes copleros ya malditos…) en su improvisada “morgue” donde ellos/ellas -¿los cuatro?- someterán al público a un tercer grado con estas adolescentes en pie de guerra.

      Citados pues para la entrevista y puntuales como británicos, comienzan ambos un mano a mano imparable: si decimos que lo suyo es toda una declaración de intenciones, un manifiesto por la defensa a ultranza del trabajo realizado, fruto de un proceso de gestación durante un año en los “talleres de palabras” de María Velasco y Alberto Conejero; si decimos que son movidos por la mano de Chevy Muraday y vestidos por Felype de Lima, nos quedaríamos cortos: más bien desprenden mandamientos rabiosamente juveniles para dejar claro que el poder del intérprete cuando se transmuta en demiurgo, y, sobre todo, para echar jarros de agua helada sobre las brasas de esas preguntas estúpidas y eternas sobre las nuevas perspectivas acerca del personaje encadenado al texto clásico. De tal guisa y sentados frente a mi, echando chispas de ilusión y de rabia de la que impulsa; ávidos por contar, comienzan a desperdigar credos, himnos, sueños, mensajes, vueltas de tuerca, todo lo que conlleva una apuesta de riesgo y privada -velado homenaje a Pandur con quien Lobato trabajó y a quien quiere honrar- con la que ellos nada temen y van a por todas. Ambos ratifican: “Hacemos esto porque es el juego al que debe jugar un actor: huir de los estereotipos de las bellas Julietas y Ofelias”.

1.- Julieta: “Mi único amor nacido de mi único odio” (W. Shakespeare).

AARON.- Julieta representa la subversión política y social, no tanto religiosa. Es una forma de rebelión contra el estatus, contra su familia. Comete el suicidio porque es su única forma de llamar la atención. Julieta podría ser una instagramer de hoy en día, una influencer.

(Atent@ lector@: entren en sus instagrams y comprueben las ciudades natales de ambos. Curioso. @jrrjuliorojas y @lobatog)

JULIO.- Uno de los leitmotiv en la obra es dejar claro que Julieta tiene catorce años. Se le pide al público que sea consciente de su edad cuando tuvo que hacer lo que hizo, porque ése y no otro era su momento vital.

2.- Mil preguntas sobre el objetivo del montaje, mil respuestas.

J.- Es una visión individual del clásico. Si el suicidio es una ofensa religiosa para ellas es lo de menos y para nosotros también ha de serlo.

A.- Nos planteamos en su día qué es lo que les lleva a todo esto y ellas a su vez se plantean por qué ese final para ambas e incluso lo justifican. Podemos pensar que una de las razones es que había mucha presión social sobre ellas.

J.- Aquí no hay viaje del héroe. No hay conflictos. Todo es ya pasado. De ahí lo contemporáneo del montaje. Mezclamos lo poético con diálogos propios de comedia ligera.

A.- Son sin duda dos referentes femeninos en el teatro. Aunque vivamos en este siglo, nuestro bagaje emocional sigue siendo el mismo y tenemos los mismos problemas. Ni sabemos más ni nos enamoramos de forma diferente. Lo que sí queremos plantear es qué cambios han habido en el mundo y en la mujer a través de unos personajes que cumplen ya cuatrocientos años.

J.- También planteamos una crítica a las generaciones mayores de la época.

A.- Exacto. Es un conflicto generacional en toda regla. Me gustaría incluso plantearlo en un futuro justo al revés: ¡que Romeo y Julieta tuvieran ochenta años y sus padres fueran adolescentes como ellos!

3.- Laertes: “¡Pobre Ofelia! Abundante es tu río. No lo aumente yo con mis lágrimas. Pero, ¿cómo evitarlas?” (W. Shakespeare).

A.- Ofelia forma parte del tejido politico de la corte de Elsinor. Ella estaba siendo preparada para ser la princesa de Dinamarca.

J.- Es lo que hoy se conoce como una mujer florero y ante eso ella se rebela. Sufre además maltrato psicológico tanto por parte de su padre como de su hermano y, por supuesto, del propio Hamlet. Un objeto totalmente manipulable.

A.- Ofelia silencia y enloquece. Su leitmotiv en la obra lo ratifica: “Mis palabras no significan nada”.

J.- Dentro de su locura, hay luz. Pienso sobre este tema que, o bien puede ser patológica o circunstancial, o es que realmente la vuelven loca. Ella se resiste de una forma más pasiva-agresiva. Ella entra en contacto con sus recuerdos de una forma más adulta que Julieta. Una mujer a fin de cuentas anulada, en una esquina.

4.- Renovarse o morir: un paso más.

    Julio y Aarón critican los perfiles que se piden hoy en día en los castings para estos personajes, (para Julio que más que personajes los suyos son “entes gaseosos que han sido convocados”). Entretanto, los actores/autor bromean sobre el cómo podían haber sido estos papeles en el siglo XVI ya que, por lo pronto, no lo hacían mujeres y coincidimos los tres en esa imagen típica y manida de ambas en el Romanticismo, rayana en su “apetencia” tanto a la locura, la pasión y la atracción a la muerte. (Vid. Werther).

A.- El alma de los personajes nunca va a ser igual. Esa es precisamente la inmediatez del teatro, su magia. ¿Qué necesidad hay de entenderlo todo? Lo irrepetible, frente al cine, y poder compartirlo al instante.

J.- Es la primera obra que escribo. Todo parte del laboratorio de María Velasco. Lo hemos probado con actrices y funciona. También me pregunto qué habría pasado si no se hubiesen sucidado. Como autor yo creo en lo que llamo “el roce de las palabras”. Al mismo tiempo siento pudor, porque es mi voz la que expongo, mi ideología. Como me dijo María Velasco: “Te desenamoras de las obras para luego enamorarte”.

     Les pregunto por la tonalidad de la obra, si abundan los acordes mayores o los menores. Ambos, sin dudar, contestan que todo es una combinación donde hay un gusto estético por lo oscuro donde también tiene cabida el humor, y mucho, al reírse ellas de sus propias tragedias. Julio como autor confiesa su amor por la retórica, por todo lo que el castellano tiene que ofrecer, que regalar a nuestros oídos.

     Una vez asistido a este manifiesto de actores que se “pierden” en sus personajes para defenderlos mientras ellos quedan “ausentes”, termino mi artículo con unas palabras de Sylvia Plath que me cita el propio Julio Rojas y que ejemplifica, no sólo a su personaje, sino a su compañero y a él mismo en esta su aventura, aquella de “Soy una semilla a punto de estallar”.

(Fotografía: Carlos Rubio Recio).

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