Entrevista a Julio Manrique - Masteatro
Julio-Manrique

Entrevista a Julio Manrique

Uno de los espectáculos que más llenos está teniendo este Grec es La Partida, un texto de Patrick Marber que dirige con buena mano Julio Manrique. Este hombre de cuarenta años atesora ya mucha experiencia en el mundo del teatro en distintas facetas, la de actor, director y director artístico del Teatro Romea. Ha vivido grandes éxitos y algún fracaso pero su paso es firme en el mundo del teatro y es un tipo muy respetado por todos, industria, crítica y público. Ahora al final de su mandato en el Romea y ya con su obra estrenada se relaja y echa la vista atrás.

Masteatro- Hablemos primero del texto de Marber que diriges. ¿Como lo descubrió?

Julio Manrique- Hice el montaje de Señorita Julia en una adaptación de Marber del clásico de Strindberg y me pareció un muy buen trabajo. Ya conocía Closer del autor y empecé a investigar más. Encontré esta obra y rápidamente hice un link con American Buffalo de Mamet que también había dirigido. A mí me tira mucho Mamet y para el autor inglés también era un referente. Había puntos en común, este mundo masculino, testosterónico, no sólo en el contenido sino también en la forma. Creo que es un hombre que intenta escribir acción. Cada réplica es el intento de algún personaje para provocar algún cambio. No hablan para decir algo bonito o para hacerse eco de una idea muy importante del autor respecto algún tema muy importante. Charlan para provocar algún cambio en el contrincante, en algún personaje, para seducir, para provocar, para engañar, para acercarse a algún tipo de objetivo. Es acción en este sentido y Marber lo escribe así. No es literatura, aspira a ser montada.

M- ¿Cómo se llega a la esencia de Marber?

JM- La obra es muy, muy sintética. Esto genera una especie de poética particular. No es realismo televisivo o cinematográfico. Se produce una especie de condensación ya que en una réplica un personaje puede estar expresando cinco cosas y sólo ha dicho pásame la sal. Por lo tanto debes posponer esto de la esencia para más adelante.Vamos entendiendo la obra poco a poco y quizás algún día descubriremos el porque la estábamos montando.

M- ¿Pero de qué trata realmente la obra?

JM- La obra va de padres e hijos. Se plantea una relación central entre un padre que tiene un restaurante y que juega a póquer como un amateur, y un hijo que, ese sí, se ha dedicado más al juego y ha perdido mucha pasta. Aparte es una enorme provocación de un hijo que grita a un padre diciendo “existo por mí mismo, reconóceme, di que me trajiste a este mundo para que lo querías y que estás orgulloso”. Además hay una serie de personajes que les acompañan con sus propias guerras. Todos necesitan salir de la situación vital en que se encuentran y quieren hacerlo demasiado rápido.

M- ¿Que es lo que le atrapó de la obra de Marber? ¿La historia, sus personajes,…?

JM- Sus personajes llevan la historia. Me encantan estos personajes. Por ejemplo está Santi el cocinero, en que su lucha está en no tener que jugar la partida con el fin de estar en condiciones al día siguiente para recoger a su hija. Cuando tu lucha consiste en no hacer una cosa, parece que el listón está un poco bajo, no… Pero a mí este tipo de luchas no muy épicas, no muy heroicas, me parecen muy cargadas de dignidad y me hacen sentir mucha ternura, me conmueven mucho. Son pequeñas grandes hitos. Por eso he escogido este tipo de obras, porque me quedan más cerca, las entiendo más. No busco ir a emocionar, sino transmitir el reflejo de lo que a mí me ha pasado al descubrir un nuevo material y me ha conmovido.

M- Historias más cercanas, más contemporáneas.

JM- Los contemporáneos me hablan de una manera más directa, me miran a los ojos. ¿Porqué las historias todas hablan de lo mismo, no?  Como decía Mamet, todo el teatro habla de nuestra condición mortal y el resto son detalles. Los temas seguramente se repiten, pero la forma me pone más y sé más cómo hacerla con gente que habla desde mis mismas coordenadas temporales.

M- En cambio ha interpretado personajes de autores clásicos como Shakespeare. ¿Para dirigir no le llaman tanto los clásicos?

JM- Algún día sí que me gustaría adaptar alguno. Es que hoy por hoy no sabría cómo hacerlo. Con un autor contemporáneo inmediatamente imagino lo que podría hacer y con un Shakespeare lo veo más borroso. Yo vivo un proceso de fascinación permanente con él, de misterio, y me pregunto quién era ese tío que fuera capaz de entender el mundo y explicarlo desde todos los puntos de vista posibles.

M- ¿Cómo descubrió su vocación?

JM- Yo descubrí la vocación tarde. Tenía veinte años y estudiaba derecho en la Pompeu Fabra y me apunté el Aula de Teatro que dirigía Josep Maria Mestres. En el cole había montado algún grupito de teatro, pero tampoco tenía mucha afición ni iba a ver teatro. Fue entonces cuando también empecé a ir al teatro, compré un abono de temporada en el Romea, cuando era el Centro Dramático de la Generalitat. Y entonces todo lo que veía me parecía la hostia y todos los actores me parecían héroes. Fue así cuando sentí que aquello significaba algo, que podía hacerme mi camino y que no tenía nada que ver con el de la familia. Tenía una fascinación muy grande. Fue una intuición.

M- Luego se licenció en el Institut del Teatre y rápidamente empezó a trabajar como actor en numerosos montajes. Pero en el 2006 dirigió su primer texto Els boscos  de David Mamet. ¿Qué le impulsó a lanzarse a la dirección?

JM- Me puse a director por impulso, tenía ganas de hacer las cosas a mi manera, tenía ganas de hacer un grupo donde todos fuéramos cómplices, por eso siempre lo hago con amigos. Que la gente no sintiera que estaba al servicio de un director que era un gilipollas imponiendo sus puntos de vista, porque me había encontrado en casos en que no me gustaban ciertas maneras de hacer del director.

M- Hace familia con los actores.

JM- Empatizo mucho con lo que le pasa por dentro el actor. Hacemos familia, hemos montado obras que han ido bastante bien, otros que no han funcionado nada, pero hasta ahora siempre ha habido procesos bonitos, vivos, con buen rollo con el grupo. No puedo obligarme sí o sí a hacer algo que como actor no me gusta, no entiendo o me pone de mala hostia. Cuando detecto que esto ocurre con algún actor, que me viene y me dice que no se siente cómodo con determinadas indicaciones que le he dado, que siente que va a contra texto, que si se lo debe inventar,… yo siempre digo, revisémoslo.

M- Ha interpretado muchos personajes de distintos dramaturgos, en cambio como director ha tirado por una corriente más fija. ¿Qué autores son los que le han marcado más?

JM- Shakespeare, Chéjov y Beckett. Yo flipé cuando descubrí Beckett en el Teatro Lliure a mis veinte años. Luego descubrí Koltés y tuve una época de muy fan de él, intentaba escribir como él, algo que siempre he hecho muy mal, hasta lo imitaba. Me atrapaban sus personajes del submundo del submundo, personajes hablando como héroes trágicos. Luego descubrí todos estos autores del realismo americano con Mamet en lo alto. También Pinter en Inglaterra, que es más sofisticado. Más tarde aparecieron Neil La Bute y Mouawad, que es el más reciente y que me fascina como pocos. Es una especie de Sófocles, hace tragedia contemporánea en el sentido de que utiliza el teatro como un foro y trata problemas colectivos que incumben a todos. A veces, sus obras alcanzan el milagro de tejer una comunicación directa e intensa con los asistentes.

M- Tres años como director artístico del Teatre Romea. Ahora lo deja. ¿Qué sello cree haber dejado?

JM- No sé qué sello dejo, eso lo tienen que decir los demás. He apostado por el teatro contemporáneo, por directores, por amigos. Pero me hubiera gustado poder hacer más cosas.

M- ¿Qué se lleva de estos años, que ha aprendido?

JM- Como director artístico he aprendido a pactar e intentar aproximarme lo máximo posible a lo que quería hacer, escuchando al otro y entendiendo lo que disponemos. Me hubiera gustado mucho ampliar la media de edad del público del Romea, que viniera gente más joven. A momentos sí que lo he logrado, pero creo que en general continúa con un tipo de público un poco conservador y eso no es fácil de cambiar.

M- El próximo año pero no parará. ¿Qué proyectos hay a la vista?

JM- Haré El curioso caso del perro a medianoche en el Lliure que me hace mucha ilusión y haré de actor en el Rey Lear de Lluís Pasqual y hay algun otro proyecto que no puedo explicar todavía.

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