La crítica para Juan Mayorga y Raimon Molins

Entrevista a Juan Mayorga y Raimon Molins 3/3

Tercera parte de la entrevista a Juan Mayorga y Raimon Molins en motivo del reestreno de Himmelweg en la Sala Atrium.

Crítica

Tanto Juan Mayorga como Raimon Molins han tratado recientemente, aunque en montajes separados e independientes, el tema de la crítica teatral. El madrileño lo hizo a través de su obra El crítico, si supiera cantar me salvaría, que se representó la pasada temporada con Juanjo Puigcorbé y Pere Ponce. El catalán, trató el tema protagonizando junto a Albert Pérez  la obra Coses nostres, el debut como autor y director de Ramon Madaula.

Raimon Molins: “No se puede hacer un arte de la crítica si no hay un poso detrás de saber, de sensibilidad y de comprensión hacia la obra de arte”

Sobre lo que tiene que ser la crítica, ambos coinciden en la seriedad de la que tiene que ser. Molins lo dice claro: “Si el crítico es un crítico, tiene que ser un profesional. Como profesional, lo que no puede hacer un crítico es criticar algo de lo que no tiene conocimiento, porque entonces lo que está haciendo es opinar, dar una opinión personal, y esto es otra cosa. Estoy hablando del crítico como profesional. No nos podemos quejar…Pero yo he tenido críticos que no se han leído ni la obra, que no me han pedido la obra antes de venir, y aquella obra no estaba traducida, ósea que no la han podido leer casi ninguno, porque casi ninguno lee en alemán. Esto para mi es lo que no puede ser. Si yo soy exigente en mi trabajo uno tiene que ser igual de exigente, yo no puedo criticar algo si no estoy a un nivel de reflexión. Porque si no, estoy opinando, y entonces no hay ningún problema, la opinión tiene sus canales y otras cosas. Yo opino esto. […] No se puede hacer un arte de la crítica si no hay un poso detrás de saber, de sensibilidad y de comprensión hacia la obra de arte”.

Por su lado, Mayorga, tiene también una clara posición y un amplio discurso sobre el tema. Pese a defender la seriedad con la que debe ser realizada,  insiste en la gran importancia e incluso la virtud que aporta la crítica. “El teatro es el arte político por excelencia, es el arte que desde el modo mismo en que se hace, propone una conversación. La conversación se está ya produciendo en el mismo momento en el que está teniendo lugar la función por las reacciones del espectador. Yo tengo ahora una función en Madrid y lo primero que te dicen los actores que publico más… de pronto, ‘es que había dos tíos más duros ahí…’ [ríe] o al contrario, o que entraban desde el primer momento. Es decir, el teatro tiene un carácter dialógico, permanentemente, que es absolutamente distinto al de por ejemplo la poesía o la novela, resulta que nosotros estamos generando ya una conversación. Se produce este extraordinario y asombroso milagro de que unos seres humanos se aparten de los otros y representan ante ellos posibilidades de la existencia humana. Eso es un acto de encuentro y al mismo tiempo ya inmediatamente de conflicto. En este sentido, el hecho de que el teatro pueda generar una conversación especialmente meditada y formada es necesario, es urgente y puede dar una enorme fuerza a nuestro arte. Es decir, el hecho de que haya unas gentes que además de esa reacción inmediata sean capaces de madurar la importancia o la insignificancia que pueda tener el espectáculo en la historia del teatro, en la actualidad del teatro, que sea capaz de establecer vínculos entre el espectáculo teatral y otras manifestaciones del arte contemporáneo, etcétera, cuando eso ocurre eso es formidable. Y en este sentido cuanta más crítica haya, y esta sea más informada, y al mismo tiempo más exigente consigo misma eso será un síntoma de fuerza”.

Juan Mayorga: “Cuando yo empezaba, buscaba del crítico el elogio o la absolución… O el silencio, ósea si sentía que había metido la pata que no saliese crítica. Pero ahora pido otras cosas. Ahora lo que deseo es compañía”.

El autor defiende la necesidad de una crítica trabajada, que aporte algo más que un simple ‘bueno’ o ‘malo’. “Cuando se hizo mi obra El crítico en Buenos Aires, recuerdo que escribí para la revista del Teatro San Martín un pequeño texto que decía algo así como que, cuando yo empezaba, buscaba del crítico el elogio o la absolución… O el silencio, ósea si sentía que había metido la pata que no saliese crítica. Pero ahora pido otras cosas. Ahora lo que deseo es compañía. Lo que deseo es que me haga ver, porque no, la vinculación de un texto mío con otros míos o con textos de otros autores. Que establezca vínculos de esa obra con otros fenómenos. Que me lleve,  porque no, a corregir la obra. Y mucho menos lo que me importa es aquello de las estrellitas, que me parece una simplificación, una banalización. En este sentido el crítico ha de ser un hombre de teatro, y algunos lo son. Y hay algunos que están a la altura de ese desafío. Pero hay otros que no, hay otros que no están a la altura de la seriedad de su oficio. Yo creo que es muy difícil. Es muy difícil ser crítico.”

Finalmente, Mayorga habla también de la democratización de la crítica surgida a raíz de internet, y de las ventajas y los inconvenientes que comporta. “Antes los críticos representaban o estaban ahí porque  había una cabecera que los había elegido. Ahora o hay una suerte de democratización de la crítica, uno puede abrir un blog y puede ganarse una autoridad si es capaz de construir una firma que sea de referencia. Yo hay gente a la que leo y digo, esto a lo que este hombre orienta me interesa, o este hombre ve cosas que yo no veo. Pero también ocurre, como en otros  fenómenos propiciados por las nuevas tecnologías, que también hay una banalización y que de pronto cualquiera se siente muy fuerte ahí pontificando y eso, poniendo un cero a este, poniendo notas. Y en este sentido yo creo que vivimos momentos de agitación interesante. […] Es muy importante que haya crítica, pero creo que la crítica tiene que ser muy exigente con los demás y consigo misma.”

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