Jordi Casanovas i l'equip de Vilafranca

Entrevista a Jordi Casanovas

Jordi Casanovas es uno de los autores y directores catalanes contemporáneos que más ha triunfado en los últimos 10 años, en los que ha escrito más de una treintena de obras y ha dirigido una veintena. Ingeniero en telecomunicaciones y licenciado en Bellas Artes, el fundador de la sala FlyHard es también el creador de obras como City/Simcity, La Ruïna, Sopar amb batalla o, más recientemente, Un hombre con gafas de pasta, Ruz-Bárcenas e Idiota.

Pero si hay algo por lo que se recuerda a Casanovas es su trilogía -escrita y dirigida por él- sobre la identidad catalana, que empezó en 2011 con Una història catalana, continuó en 2012 con Pàtria y se cierra ahora con Vilafranca, un dinar de festa major. Esta obra es una coproducción de los “Teatres amics” (teatros amigos), un grupo de 5 teatros de municipios de Catalunya que han unido esfuerzos para presentar un proyecto que reúne sobre el escenario una plantilla de 11 actores.

Después de estrenarse en Vilafranca y de hacer gira por los diferentes teatros productores, la obra se encuentra ahora haciendo temporada en el Teatre Lliure de Barcelona. Hablamos con el autor y director sobre los contenidos sociales y políticos de la misma, así como de su proceso de producción.

Jordi Casanovas: “A mí me gusta siempre generar más preguntas que respuestas”.

En un titular, ¿cuál dirías que es la tesis de Vilafranca?

No sabría decirte cual es la tesis porque a mí me gusta siempre generar más preguntas que respuestas. Lo que sí que de algún modo las preguntas van alrededor de por qué una familia se puede llegar a romper, una familia que se ha querido, que han tenido harmonía entre ellos y por qué se llega a romper. Y lo que he ido descubriendo es que de hecho hay personas, personajes dentro de la familia que son los que unen, los que consiguen aglutinar a todos los miembros. Y en este caso, el personaje del padre, del patriarca, que de algún modo está sufriendo una enfermedad degenerativa, está desapareciendo, y es un motivo para que no se pueda mantener el núcleo familiar tal y como existía hasta ese momento.

La obra pasa en un momento muy concreto: El 30 de agosto de 1999. ¿Qué pasó ese día? ¿Por qué has escogido ese momento tan concreto?

El hecho de que pase en un 30 de agosto es porque es la diada de San Felix, el día grande de la fiesta mayor en Vilafranca, cuando hay las actuaciones ‘castelleras’ y es lo más celebrado en esa población. E ir a buscar el 1999 precisamente es para hacer una visión desde el siglo pasado, de antes de la entrada del euro, antes de la entrada de todo el mundo del terrorismo, todo lo que nos lleva a una sociedad un poco más temerosa que es la que tenemos ahora. Y sobre todo porque era una época en que había un crecimiento aún inmobiliario muy grande y precisamente una de las situaciones de la obra que es que un pequeño terreno que tiene la familia es revalorizado. Ellos creían que tenía el valor de cuatro pesetas y descubren que puede tener un valor mucho más grande. Eso solo podía suceder entonces, no podía suceder ahora porque ya estamos de bajada de esta situación. Y también por la relación de Vilafranca con el resto de Catalunya. En Catalunya ahora hay un 50% de independentistas y hace 15 años eran de un 15%. En cambio en Vilafranca ya había entonces un 50% de independentistas. Es decir, el resto de Catalunya se ha ido impregnando de un sentir muy propio, no solamente de Vilafranca, sino de Vic, de Manresa, de muchas poblaciones de este tipo que son pequeñas ciudades cercanas al mundo urbano.

También es un momento político concreto, porque son 5 días después de que Pujol convocara elecciones desde el Aneto. ¿Tiene la obra un reflejo político?

Sí, eran las últimas elecciones que ganaría Jordi Pujol, que incluso las iniciaba con esta convocatoria un poco peculiar, y que también, al menos para mí, sería el final de 23 años de gobierno ‘pujolista’, y de gobierno moral también de Pujol. Yo en esa época no había conocido a otro presidente en Catalunya, y durante toda mi juventud y toda mi adolescencia su doctrina moral fue la doctrina moral de todo el país. También situarlo en ese momento que aún no sabíamos quién era, que aún no sabíamos su parte oscura, también me parece interesante para ver como los personajes defienden cada una de las posiciones políticas que en ese momento tenían importancia.

 “En una época en la que parece muy difícil hacer una producción grande, en la que estos teatros tienen dificultados para tener obras que llenen todo un escenario de 700 localidades, dimos el paso y fue muy gratificante”.

Has dicho que esta obra es muy personal, que tiene un punto autobiográfico. ¿Te sitúas desde el punto de vista de los jóvenes?

Sí, probablemente sí, el punto de vista es de los más jóvenes. También hay dos personajes que vienen de estudiar bellas artes, su punto de vista es también mucho más artístico. Yo pasé también por bellas artes y ese hacerse preguntas sobre cosas que aparentemente nadie se pregunta, o hacerse preguntas sobre lo más obvio, creo que está en la mirada de ellos. Y me parecía bien también, me era muy útil rehacer también para mi ese viaje,  de volver atrás unos 15-16 años y volver a tener 20 años para ver el mundo desde sus ojos.

¿Tú también hiciste alguna fotografía para algún trabajo de la universidad?

Seguramente, pero no como en la obra se plantea como una fotografía de familia. Sí que evidentemente te mandan trabajos sobre fotografía, pero no, no se dio el caso.

Tenemos unos personajes muy marcados. Por ejemplo el alcohólico, la soñadora, la mujer castellana… ¿Cómo consigues huir del estereotipo y que no sea el típico personaje plano con unas características demasiado marcadas?

Los personajes planos que dices de algún modo siempre son como vehículos para que funcionen otros personajes. En este caso el objetivo era muy claro, y además de compromiso con los actores, de intentar comprender cada uno de los personajes. Tenía su punto de partida, tenía sus características, pero a la vez quería comprenderlos. Y había personajes a los que quería un poco más desde el principio y después quise menos, porque les comprendí partes oscuras. Y al revés, personajes que no les tenía cariño y que finalmente les tuve cariño porque comprendí cuales eran los motivos para hacer según qué cosas. Yo creo que esta es un poco la clave, intentar entender y comprender las actitudes y los porqués de cada uno.

“Yo creo que no se puede ser objetivo nunca, a no ser que estemos hablando de ciencias matemáticas. En otras cuestiones en que se involucran emociones y sentimientos es imposible.”

 Háblanos un poco del proceso con els Teatres Amics (los teatros amigos), ¿Cómo ha sido esto de poner de acuerdo a tantos teatros y tanta gente?

Sí, un proceso curioso. Lo que pasa es que ellos también tenían muchas ganas de hacer este paso. Ya habíamos contactado así y se dieron un par de circunstancias, el hecho de que Vilafranca fuera capital cultural, en Vilafranca también me comentaron “oye esa obra que tenías pensada, ¿crees que si la estrenas podría venir aquí?” Y la consecuencia fue  ¿Por qué no unimos esfuerzos y la hacemos posible? Cuando en una época en la que parece muy difícil hacer una producción grande, en la que estos teatros tienen dificultados para tener obras que llenen todo un escenario de 700 localidades, dimos el paso y fue muy gratificante. Aunque la dificultad era mayor, porque teníamos que mantener en contacto mucha más gente de la que es habitual, pero después el resultado fantástico.

¿Y cómo escogiste a este equipo? Con algunos habías trabajado, con otros no… ¿cómo fue el proceso de selección de casting?

Lo que digo siempre es que hay como 2 – 3 momentos mágicos en el teatro que no sabes muy bien, no hay ninguna ciencia con la que te puedas apoyar para entenderlo, y uno de ellos es el momento del casting. Tienes que dejarte llevar un poco por la intuición, no solamente porque el actor encaje en el perfil, sino la intuición de que esa persona con ese grupo va a tener una buena relación. Porque si no el proceso es duro, es duro cuando no hay buenas relaciones. Cuando hay un buen ambiente como el que se ha producido aquí, podríamos estar trabajando muchos más meses y no habría nunca ningún problema. Y es ese momento de magia que dices, mira, he pensado en esas personas, encajan y dices no sé por qué, pero es intuición y a veces funciona.

En la obra se hace una reflexión sobre la memoria. Se dice que la memoria es como los recuerdos, que escoge unos determinados momentos y hay otros que se olvidan sin que se pueda hacer nada con ello.  Por tanto, ¿existe la objetividad?

No. De hecho, me gusta que el teatro ponga en duda mucho la historia. Porque la historia, el trabajo de los historiadores, va muy abalado con este intento de ser objetivos. O de los periodistas. Y a mí me gusta el teatro porque obviamente sabemos que no es objetivo, que es subjetivo, pero puede luchar contra creo la falacia de que el periodismo y la historia son objetivos. Y a veces el teatro vence. Y a mí me gusta esto. Yo creo que no se puede ser objetivo nunca, a no ser que estemos hablando de ciencias matemáticas. En otras cuestiones en que se involucran emociones y sentimientos es imposible.

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