El cojo de Inishmaan

El cojo de Inishmaan

Según van pasando los días, voy apreciando más dos aspectos de El cojo de Inishmaan: su precioso texto y su dirección. Empecemos por lo segundo y acabemos por lo primero. En el trabajo de Gerardo Vera, se combina la sencillez al contar la historia con la sofisticación. Gerardo Vera puede depurar propuestas modernas y transgresoras y ponerlas al noble servicio de contar la historia. En sus decisiones como director se apoya en aspectos técnicos y también en los artísticos, pero lo hace sobre todo en la complicidad y la emoción del público. Nos trata con inteligencia y respeto. Parece que esa fuera la verdadera escenografía de este montaje. La estructura de la obra es compleja, pero el Señor Vera la devuelve sencilla; como un espectáculo de magia cuándo el mago nos distrae para que no veamos el truco. Hablando de trucos. Últimamente escucho que la videoescena, no es propia del hecho teatral. Si se pone a favor de la historia, si ayuda al espectador, ¿por qué, no? En este caso concreto, puede que los títulos de crédito iniciales sean demasiados. Aún así el trabajo de Álvaro Luna es siempre exquisito y junto con la música nos hace viajar a Irlanda.

El director se apoya en un reparto excelente y como es de esperar, especialmente en Terele Pávez y Marisa Paredes. Las actrices interpretan a dos hermanas que no pudieran ser más diferentes. Lo más bonito de esta pareja de actrices es ver como ambas han encontrado un equilibrio entre sus sensibilidades artísticas que trasciende a sus personajes. Los suyos son momentos mágicos. Sin embargo, no pude entender la propuesta actoral de Vilajosana en su papel protagonista. A veces los actores pecan de querer imponer al público lo que debe sentir. Menos es más. Sobre todo cuando un texto está tan bien escrito, tiene fuerza dramática y ya está lleno de vida por sí mismo. Irene Escolar cuenta en Godot que se empeñó en montar esta obra y hacer Helen y ambas cosas son de agradecer.

Martin McDonagh ha compuesto una historia de personajes en una isla irlandesa. Atrapados por el inmenso océano y por la sencillez de sus vidas. Atrapados en sí mismos y en su dificultad para intentar poder ser otra cosa. En ese sentido todos estamos un poco cojos. A todos nos cuesta caminar y nos buscamos muletas. Y a veces, esas muletas son nuestros defectos.

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