El Avaro - Masteatro

El Avaro

El Avaro

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{tab=Ficha Técnica}

Compañia: La Compañía Galiardo Producciones y Entrecajas en coproducción con el Centro Dramático Nacional

Reparto:

Juan Luis Galiardo
Javier Lara
Irene Ruiz
Rafael Ortíz
Aída
Villar
Mario Martín
Palmira Ferrer
Manuel Brun
Tomás Sáez
Manolo
Caro
Carmen Álvarez
Manuel Elías
Walter May
Oscar Hernández

Ficha
técnica/artística:
Jorge Lavelli (concepción y dirección)
Dominique Poulange (colaboración artística)
Gloria Vega (ayudante de
dirección)
Ricardo Sánchez Cuerda (dispositivo escénico)
Jorge Lavelli
y Roberto Traferri (iluminación)
Zygmunt Krauze (música original)
Francesco Zito (vestuario)
Chusa Martín (dirección de producción)
Isabel Echarren (producción ejecutiva)
Elena Manzanares (1er. ayte. de
producción)
Carlos del Puerto (2º ayte. de producción:)
Elena C.
Graiño (auxiliar de producción)
Marta Rubio (secretaria de producción)
Marina Graiño-Entrecajas (distribución)
Amalia Portes (dirección
Técnica)
Mambo Decorados y Sfumato (realización de dispositivo
escénico)
Luis Catalán y Miguel Crespi (utilería)
Andrea Curto
(maquillaje y peluquería)
David Ruano (fotografías)
Arte e Costume
(Roma) (realización vestuario)
Théâtre du Capitole (Toulouse)
(realización pelucas)
Menkes y Descans (realización calzado)
Alessandra Mattioli y María Calderón (ambientación vestuario)
Guillermo
González (ensayos vocales)
Studio Buffo (Varsovia) (grabación banda
sonora)
Jaroslaw Regulski (ingeniero de sonido)
Orquesta de la Radio
Polaca (músicos)
Mariano García (efectos de sonido)
Studio 340
(estudio grabación efectos/voz)
Rosa Miranda (voz canción)
Teresa
Serigó (fotografías ensayos)
César Cortés (técnico de sonido)


{tab=Sinopsis}

Molière y nuestros tiempos

La teatralidad de Molière atraviesa los tiempos sin detenerse frente
a ninguna barrera. O casi. Es el caso de este avaro, a la vez familiar
y simbólico, pero jamás extranjero. La avaricia es una forma
exasperante y perfecta del egoísmo; la ignorancia de la muerte, su
compañía.

Se diría que la avaricia puede atraparse como cualquier otra
enfermedad, pero su cura es científicamente imposible. En el polo
opuesto del comportamiento, la generosidad puede elevarse hasta el don
de sí mismo en una suerte de santidad. Pero ello nos sorprende menos. A
este trayecto humano le faltará siempre ese pigmento perverso que hace
del hombre un ser objeto de estudio.

Los senderos de la generosidad pueden sorprendernos, los de la
mentira y de la especulación nos fascinan. El mal es más poderoso,
diversificado y atractivo, porque es insondable. Su análisis nos
apasiona sin cesar.

Descubrimos aquí una historia del pasado, que atraviesa el muro del
tiempo, sin errar el camino. Y si lo hace es que la materia empleada es
el hombre social, disimulando y ocultando sus miserias. Nosotros sólo
conjugamos ese material valioso con una aplicada libertad, despreciando
el camino transitado de la farsa para sentirnos más próximos del dolor
y la locura.

Estamos en casa de Harpagón, el avaro, y allí, los pasillos y los
rincones son lugares de riesgo. Todo puede espiarse y todo puede
disimularse, ocultarse y revelarse. Hay cien puertas que nos tientan a
pasar al otro lado, pues no sabemos qué puede suceder y qué puede
sucedernos. La simultaneidad es una idea básica en esta propuesta donde
el tiempo se funde en un espacio concreto y singular. El espacio es
(sobre todo) el vacío del teatro, de sus muros vírgenes, a menudo
ocultados por telas y construcciones. En ese preciso vacío del teatro
entran en escena estos móviles itinerantes que nos ofrecen otras
perspectivas del espacio, de la recomposición de la realidad. La
imaginación del espectador sabrá asimilarlos o integrarlos como mejor
le guste y desarrollar así su propia idea de la historia.

Aceptado ese principio, puede abrirse un camino de lectura, y la
libertad del espectador revelarse gozosa. Mi tarea consiste en dar vida
y credibilidad a toda esta ilustre familia, depreciada y decadente,
que se asemeja a otras familias que conocemos mejor. También marcadas
por la transgresión y el egoísmo. Y no olvidemos que en el epicentro de
esta historia, simple y fantástica, encontramos el humor propio de
Molière. A menudo devastador y desbordante de locura. Su punto de
excelencia sería la libertad dramatúrgica y la búsqueda constante de
una pura teatralidad.

A vosotros, el esfuerzo de apropiároslo para poder gozarlo como una
obra de hoy.

{tab=Galeria}{tab=Trailer}
{tab=Programacion}

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