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Crónica de los XXII Premis Butaca - Masteatro

Crónica de los XXII Premis Butaca

El pasado lunes 19 de diciembre se entregaron los premios de teatro más representativos en Catalunya. No son premios críticos, no hay jurado. Los votos los emite el público. Son los Premis Butaca y ya llevan veintidós ediciones. Esta gala, a parta de dar reconocimiento a algunos profesionales del teatro, también es un momento para hacer comunión, darse golpecitos en la espalda y hacer sus propias reivindicaciones. En una gala ágil y picada, mucho más que otras terriblemente soporíferas, los vencedores populares han sido Molt soroll per no res, la versión musical del clásico de Shakespeare con canciones de Porter de Àngel Llàcer, y Dansa d’Agost, la fantástica y delicada pieza de Brian Friel dirigida por Ferran Utzet. Ambas se han llevado cuatro butacas. Las sorpresas: Carme Portacelli premiada con el Butaca a la mejor dirección por Només són dones por encima de los favoritos Lluís Pasqual y el citado Utzet; Dona no reeducable del mismo Pasqual como obra de pequeño formato (casi una ofensa para los otros nominados, con obras mucho más modestas, que el director del Lliure pueda obtener este premio) por encima de Història de Sixto Paz o Ragazzo de Teatre Tot Terreny. Las grandes perdedoras: A teatro con Eduardo dirigida por el omnipresente Lluís Pasqual y El profesor Bernhardi dirigida por Xavier Albertí que se fueron de vacío a casa.

La gala de los Butaca sirve no sólo para refrescar la memoria sobre los espectáculos vistos en el curso pasado, sino también para radiografiar los gustos del público catalán. Aunque nos faltan estadísticas para ver si la radiografía es parcial o total. ¿Pues por qué no se dice abiertamente el total de gente que ha votado? Y, asimismo, teniendo en cuenta la estadística de asistencia a los teatros catalanes (concretamente de Barcelona) se podría ver el alcance de estos premios populares. Pero es que ésta no es la única pregunta sin respuesta que han suscitado estos Premios Butaca. Repasemos unas cuantas… y contestamos algunas.

¿Por qué en los Butaca se nominan a unos y a otros no? ¿Qué criterio siguen? Por ejemplo, en el apartado de musicales, la ausencia de Rent de Daniel Anglès; o en la de actores, la no nominación de Oriol Pla como mejor actor en Ragazzo.

¿Por qué prácticamente no hay ningún tipo de sorpresa, ni de riesgo a la hora de premiar? El premio lo vota el público, y el público va al espectáculo que más está en cártel, el que mejor marketing tiene, etc. No son espectáculos malos, al contrario. Pero hay un componente de nombre y de sala que otros no tienen. Lali Álvarez no es Lluís Pasqual; el teatre Eòlia, no es el Lliure; y por tanto, Ragazzo no puede medirse con Dona no reeducable. Cuestión de popularidad. Afortunadamente el propio Pasqual (que nada tiene que ver con las votaciones del público) dará en febrero un capotazo a la intensa obra de Álvarez programándola en el Espai Lliure.

¿Por qué no dejan que la gala la presente el fantástico Xavi Duch (desde este lunes, Neil Patrick Harris particular) a golpe de musical después de los fantásticos números de entrada y de clausura de la gala? Porque a más de uno le saldría una urticaria. No nos engañemos, una gala presentada íntegramente con canciones puede ser mortal para más de uno. Y tanto Toni Martín como Gloria Cid, aunque a un servidor no le hicieran gracia más que dos o tres gags, ponen oficio y dinamismo al tema.

¿Por qué estos premios han tenido un carácter reivindicativo a favor de la mujer en un sector donde cada vez más se dan a oír voces femeninas, aun siendo un sector muy patriarcal? Desde el gag de los presentadores con la separación de chicos y chicas de la Kompanyía Lliure: ellas de chachas a bajo y ellos de combatientes, en la sala grande (en referencia, a la Revolta de bruixes y el In Memoriam), a la celebración de Clara Segura (mejor actriz por Conillet) de que este año todas las nominadas hayan hecho monólogos en clave femenina.

¿Por qué Clara Segura ha sido de las pocas que ha dado las gracias por el premio a los espectadores, pero sobre todo por ir al teatro?

¿Por qué David Verdaguer gana el premio como mejor actor musical frente a otros mil veces mejor dotados que él para cantar y bailar (aunque el propio Verdaguer esté a muy buen nivel en Molt soroll per no res)? De hecho, él mismo, sin falsa modestia, hacia broma de que así fuera y agradecía a Roc Mateu (premiado por el diseño de sonido) y a Manu Guix (arreglista y músico) de que le hubiesen ayudado a dar el tono y a enmascarar sus carencias

¿Por qué la imagen de los Premi Butaca remite a un partido de rugby y el fondo de pantalla era una infografía con sus cascos y todo? ¿El teatro sigue batallando? ¿El teatro reclama unas audiencias millonarias como las de la Superbowl? Próximas respuestas dentro de un año. A ver cómo estamos. Eso sí, un poco más de transparencia en los Butaca no iría mal.

 

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