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Crítica de Vides Privades - Masteatro

Crítica de Vides Privades

Argumentos que tratan sobre relaciones de pareja, comedias sobre la guerra de los sexos, historias que retratan la parte más oscura i violenta del amor. Todo esto y más se encuentra en la fundacional Private Lives de Noël Coward, dramaturgo británico que en el lejano 1929 presento una de las comedias más populares y representadas en el siglo XXI. Y una de las que mejor se aguantan pasen los años que pasen. Hay muchos autores que son eternos, muchas historias que perduran y perduran y que siempre se les puede dar una lectura apropiada al momento. Pero no hay muchas comedias que sean eternas. No tantas como dramas. Por eso hablar de la adaptación de Vides Privades dirigida por David Selvas y Norbert Martínez y adaptada por Juan Cavestany, es hablar del enésimo renacimiento de una historia eterna que encuentra su contexto en una sociedad contemporánea individualista que lucha por su autoestima al mismo tiempo que trata de buscar el roce y el cariño.

Vides Privades nos presenta dos parejas, Edu y Silvia, y Amanda y Víctor. Las dos parejas coinciden, balcón con balcón, en un hotel costero en Begur. Las primeras conversaciones que oímos de unos y otros son sobre sus antiguas parejas, Silvia interroga a Edu y Víctor pregunta a Amanda. Y rápidamente descubrimos que Edu y Amanda habían sido respectivamente esta antigua pareja que tan daño les había hecho, ese malnacido/a que le había destrozado la vida (aunque a veces parece que no tanto). Minutos después el reencuentro se hace inevitable. Primero bronca, histeria, incredulidad, prisas para hacer las maletas e irse, después de malos rollos, gritos y reproches, la llama prende y la pasión les hace recobrar el amor. O algo parecido a una pulsión animal. La historia sigue entre promesas y reproches, entre te quieros y odios, entre sexo desatado y agresiones físicas. Una pareja que no funcionan sino es por confrontación, que prueban de regular sus piques, pero que terminan por aceptar que la mala leche y la violencia mantienen el equilibrio entre el yo y el nosotros. Pero lo bueno del texto de Coward, la lección final, está en el hecho que su relación se reproduce, se refleja en otras. La violencia engendra el amor y la pasión.

La aproximación a la historia desde la dirección se hace con ritmo y con una escenografía que recrea en la primera parte dos apartamentos costeros bien elegantes y en la segunda parte un loft amplio y moderno. El espacio lo delimitan unas cortinas. Las primeras se retiran en la transición de los apartamentos al loft, un cambio escénico que se hace a la vista del público, Edu y Amanda van recogiendo y cambiando el decorado, mientras Víctor y Silvia siguen charlando animosamente, conociéndose mutuamente mientras la otra pareja les recoge las copas, les pone el abrigo y el bolso y les invitan a irse por el pasillo central de la platea. Un juego escénico original. Y como viene siendo habitual, la obra viene repleta de música. Hay que decir que a veces aquello parece una emisora de radiofórmula. A uno le gusta la interacción de la música en el teatro, pero siempre de una manera que funcione y no reiterativa. La música es un recurso que puede acompañar la acción o puede motivarla, pero no hay que abusar de ella ni por un motivo ni el otro. Y en Vides Privades se oye mucha música, demasiada música. Es un elemento distorsionador que en la primera parte funciona porque genera conflicto, pero en la segunda parte es redundante.

Esta nueva producción de La Brutal cuenta con un cuarteto de viejos conocidos que ya llevan varias obras trabajando juntos y cuyas dinámicas encajan muy bien. La pareja protagonista, Edu y Amanda son David Selvas y Marta Marco respectivamente. Da gusto ver a Marta Marco en la comedia, un género en la cual no acostumbramos a ver y la química con Selvas es muy buena, escupiendo toda la mala leche que sus personajes piden. A su lado Javier Beltrán y Mima Riera, víctimas de esta locura que los termina arrastrando a ellos. Los dos defienden sus personajes con solvencia, pero sin muchos matices ni grandes diferencias entre ellos.

La versión de Juan Cavestany se encarga de recrudecer las situaciones más violentas, de incluir referencias locales y actuales, pero a lo mejor podría haber incluido algún guiño hacia las redes sociales, la caverna del individualismo y el egocentrismo. Pero es un gustazo ver representada esta obra una vez más, una comedia popular, contundente, violenta, con un poso amargo. Vale la pena sólo por ver la mirada de superioridad de Marta Marco, detrás de sus gafas de sol. Mira a la otra pareja y nos mira a todos como diciendo, “ahora lo sabéis, lo que nos pasa a nosotros también les pasa a los demás, también os pasa a vosotros”.

Vides Privades de Noël Coward.

Adaptación de Juan Cavestany

Dirigida por David Selvas y Norbert Martínez.

Interpretada por Marta Marco, David Selvas, Mima Riera y Javier Beltrán.

Hasta el 21 de mayo en el Teatre Borràs.

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