Crítica de Sueño de una noche de verano (versión de Daisy Portaluppi) - Masteatro
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Crítica de Sueño de una noche de verano (versión de Daisy Portaluppi)

Empezar una nueva temporada teatral con un “chute” de dinamismo, de diversión y, al mismo tiempo, de teatro rompedor e inteligente es la mejor manera de pasar página, dejar atrás las vacaciones y observar el futuro con optimismo. El futuro desde los clásicos. Otra vez Iván Morales ejerce de maestro, de mentor, de figura paternal artística en una escuela de teatro al encargarse de dirigir a un grupo de jóvenes actores, algunos ya con tablas en los escenarios o en los platos de cine y televisión. Este grupo joven esta vez vienen de la Escuela Laura Jou Estudi per l’actor y, como los alumnos de la escuela Eòlia, quienes bajo la batuta del mismo director hicieron El despertar de la Primavera de Wedekind, aceptaron el desafío de trabajar otro clásico (convenientemente adaptado por el mismo Morales). El director escogió en este caso una obra fresca, divertida, un clásico de clásicos pero con un alto componente paródico y bufonesco, Sueño de una noche de verano de Shakespeare. Pero para ser exactos deberíamos decir Sueno de una noche de verano (versión de Daisy Portaluppi).

El Iván Morales director sabiendo del tiempo limitado para sacar adelante el proyecto propuso a sus alumnos un juego de creación de personajes a través de gente que eran referentes, actores o todo tipo de artistas, o personajes, o también situaciones… Todo aquello sobre lo que querían trabajar, fuera un baile de tango, o una escena de una película icónica, entre otras peticiones. Con esta serie de elementos más el texto del bardo inglés como referente, Iván Morales jugó a escribir una historia que tiene un poco de vodevil, de crítica social, de historia de amor y sobretodo una burla sistemática a los distintos roles de los actores.

Y es que todo empieza alrededor de una mesa en la que se sientan distintos personajes todos ellos actores que han sido convocados por una niña bien (dicen que hija del todopoderoso Amancio Ortega) que idolatra a todos estos actores como si fueran cromos de un álbum. Es la productora y ella ha comprado estos actores, así como a la directora argentina Daisy Portaluppi, para que levanten una nueva versión del clásico de Shakespeare y lo vean las clases más pudientes. Morales acierta con la composición de un mosaico de personajes variopintos: un italiano con tendencia a la promiscuidad; su ex, actriz sobreactuada; una actriz de musicales politoxicómana; una bailaora flamenca fan de la película Thelma y Louise, devoción que comparte con la parlanchina directora argentina (y con quien crean un vínculo especial); una actriz italiana de presencia física despampanante; una perroflauta independentista el adjunto a dirección que le pone buenos ojos a esta última; una actriz de performances, de método, un bicho raro; una actriz británica de renombre pero con un oscuro pasado; una rapera que no es lo que parece; y por supuesto, la encantadora y superficial productora, hija del magnate textil.

Todo empieza un poco lento, con la primera lectura dramática, pero poco a poco las conductas de los personajes se vuelven más extremas y caricaturescas dando paso a la parodia pura. Y por debajo, este subtexto en el cual podemos leer la burla a los estereotipos de los actores en el espejo de una obra que Shakespeare montó para ridiculizar ciertos personajes, ciertas clases sociales. Pero, y debo admitirlo, lo que más me gusta de las dramaturgias de Iván Morales es descubrir los pasajes en que se homenajean personajes, películas, cantantes, cualquier elemento de la cultura popular (bueno… y cultura underground también) que hace encajar en las historias de sus personajes. En este sueño de Shakespeare se bailan tangos de película, asistimos a un número flamenco al ritmo de Lole y Manuel, se recrea la escena final de Thelma y Louise, se canta una canción de Burt Bacharach sobre Shakespeare y hasta pone a toda esta tropa a “mover la colita” como los fiesteros de La Gran Belleza.

Morales crea un espectáculo que termina siendo una fiesta desfasada, un divertimento para unos actores jóvenes aunque sobradamente preparados que arman sus mejores dotes cómicas. Pero no sólo cómicas. También hay tiempo para alguna escena más íntima y emocional bien resuelta a través de miradas. Pero al terminar la farsa y dejar que Puck nos despierte a todos, no nos quedamos con ganas de más. El final de fiesta es colectivo. Seguiremos la pista de esta producción y del elenco. Y a Morales, sólo pedirle que no abandone su condición de terapeuta y que el estudio Laura Jou (igual que muchos otros) siga apostando por proyectos que se monten entre el workshop estudiantil y la garra del teatro independiente.

 

Sueño de una noche de verano (versión de Daisy Portaluppi) de Iván Morales sobre el clásico de William Shakespeare.

Dirigida por Iván Morales

Interpretada por Alba Encabo, Carla Linares, Berta García, David López, Ángela Cervantes, Judit Cortina, Iraida Martos, Roser Vilajosana, Albert Salazar, Gemma Sastre, Sara Diego e Ivette Callis.

Versión libre y desfasada del clásico de Shakespeare.

En el Teatro Almería hasta el pasado 18 de setiembre.

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