Crítica de Romeu i Julieta - Masteatro
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Crítica de Romeu i Julieta

Que las jóvenes compañías teatrales catalanas no tienen complejos para enfrentarse a retos interpretativos es una realidad que se demuestra una vez más con el Romeu i Julieta que Projecte Ingenu presenta estos días en La Seca. La propuesta para este clásico romántico por excelencia tiene un aire experimental conducido por un plantel de intérpretes muy jóvenes que, algunos de ellos, defienden sus personajes desde el travestismo, con un juego escénico medido a través de coreografías, coros y posiciones muy marcadas y una composición del espacio muy dinámica.

El elemento principal de esta adaptación es la madera. Ya en la entrada del público a la sala uno se encuentra con la compañía en el escenario hablando entre ellos, ejercitando los músculos, corriendo,… y una vez toda la platea está bien instalada en sus asientos, el grupo se reúne en círculo cogen palos de madera y en un ejercicio de sincronización, control y concentración se van pasando los palos entre ellos hasta que finalmente una de las chicas hace un aparte y empieza a narrar las primeras líneas del clásico. Detrás los demás colocan las maderas en dos estructuras rectangulares que servirán de mesas, de tarimas, de gavias, de muros, de tumbas… todo la escenografía se remite a estas dos cajas que se montan y desmontan con sus palos de madera, los cuales sirven también como espadas en las escenas más cruciales. Este juego escénico permite a la compañía estar en perpetuo movimiento, manteniendo un dinamismo, sobre todo en la primera parte de la obra, más liviana y con apuntes cómicos.

Precisamente en la convivencia de la comedia y el drama en la propuesta escénica está la virtud y el defecto. Bien se sabe que en las representaciones clásicas en la época del bardo inglés, el travestismo de los actores era una tendencia. Las mujeres eran interpretadas por hombres pues no estaba bien visto que éstas subieran a un escenario. Así, Marc Chornet, director y adaptador de este Romeu i Julieta, recogiendo esta herencia le da la vuelta y reparte los personajes a actores del sexo contrario. Así tenemos a Mercutio, interpretado por Rosa Serra, a Benvolio, por Neus Pàmies, la nodriza le da réplica Toni Guillemat y Martí Salvat, quien se hace cargo de varios personajes como muchos de sus compañeros, se pone falda para hacer presente la señora Capuleto, madre de Julieta. No es así con Romeo y Julieta (Carlos Cuevas y Clàudia Benito respectivamente). Este travestismo forzado no se nos hace extraño en ningún momento y sirve para ver como Rosa Serra da voz a un Mercutio de lengua afilada (y con dotes de beatbox) y actitud chulesca, y Toni Guillemat, quien ya mostró dotes cómicas en el Hamlet de Chornet y Raimon Molins del año pasado, se viste de nodriza. Y también de virgen, para contextualizar las escenas de la iglesia con el cura. Si bien la opción de travestir a la nodriza funciona perfectamente, el incluir a Guillemat como virgen es un gag cómico añadido que funciona la primera vez, pero que cuando aparece en las escenas con más peso dramático no pinta nada, despista y rompe la tensión.

Por otro lado, el dinamismo no sólo viene por la construcción continua del escenario sino también por el uso de coreografías y coros. Con un estudio detallado de las escenas más claves y bajo la tutela del coreógrafo Víctor Rodrigo, se nos presentan distintas danzas y movimientos para contextualizar momentos como el de la fiesta de disfraces o como la batalla en que mueren Mercutio y Tibal. Precisamente en esta batalla me asalta una duda. Vemos de manera coreografiada una especie de danza con los palos que simboliza la pelea. Esta termina con todos los combatientes en el suelo. Luego se levantan dos personajes que narran lo que realmente ha pasado allí rememorando los momentos en que Mercutio es asesinado por Tibal y éste es ajusticiado por Romeo. Entiendo que la decisión de mostrar una coreografía de la batalla es una decisión estética y no narrativa, pues luego se vuelve a narrar lo acontecido con más detalle. Si la propuesta escénica se asienta en el dinamismo, me cuestiono la importancia de esta coreografía, siendo pero uno de los momentos más bonitos. Otro detalle que liga la versión con el clásico está en los coros. Los actores no sólo demuestran una buena forma física en las coreografías, en los movimientos, sino que además cantan o musitan canciones basadas en las composiciones de John Dowland, músico británico coetáneo a Shakespeare. A través del movimiento y de las atmósferas vocales terminan creando un espacio único donde la tragedia romántica de los amantes de Verona se va dibujando poco a poco.

En el apartado interpretativo, los actores se entregan con cierta devoción asumiendo cada uno su rol, travestido o no, pero bien hay que decirlo que en los dos protagonistas quien se entrega con más fuerza a su personaje es Claudia Benito frente a un Carlos Cuevas correcto. Pero más que en ninguna otra versión de Romeo y Julieta la fuerza aquí radica en el colectivo y así se muestra tanto en el principio, con el entrenamiento de los palos, como en el final. Todos matan a Julieta y Romeo y todos los entierran en un final largo, silencioso, perturbador, una liturgia no apta para todo el público. Puede ser un final que resume muy bien la propuesta de Projecte Ingenu, arriesgando el juego escénico dotando de un simbolismo que para muchos pueda terminar siendo excesivo y que para otros nos parezca innovador, valiente y necesario.

 

Romeu i Julieta de William Shakespeare

Dirigido por Marc Chornet y producido por Projecte Ingenu.

Interpretado por Carlos Cuevas, Clàudia Benito, Neus Pàmies, Rosa Serra, Toni Guillemat, Martí Salvat, Alba Jos,e, Roser Tapias y Jordi Llordella.

Tragedia romántica

Hasta el 12 de junio en La Seca- Espai Brossa.

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