Crítica de "Macbeth" de William Shakespeare - Masteatro

Crítica de «Macbeth» de William Shakespeare

MACBETH de William Shakespeare.

Un proyecto de Gerardo Vera con la dirección de Alfredo Sanzol.

Reparto:  Alejandro Chaparro (Capitán / Criado), Carlos Hipólito (Macbeth), Jorge Kent (Banquo / Médico), Fran Leal (Noble / Seyton), Borja Luna (Lennox), Markos Marín (Ross), Marta Poveda (Lady Macbeth), Álvaro Quintana (Malcolm), Agus Ruiz (Macduff), Chema Ruiz (Duncan / Asesino), Mapi Sagaseta (Mujer oscura / Lady Macduff) y Fernando Sainz de la Maza (Fleance / Macduff Jr. / Soldado). Escenografía y vestuario: Alejando Andújar Iluminación Juan Gómez-Cornejo. Música y espacio sonoro: Alberto Granados Reguilón.

Una producción del Centro Dramático Nacional.

Teatro María Guerrero. 10 de diciembre. Madrid.

 

Cuando el demonio nos engaña con la verdad [1]

por  Carlos Herrera Carmona

Emociona saber que este Macbeth, tragedia entre las tragedias del bardo inglés, quedó inacabada a causa de nuestra tragedia más actual. Consuela igualmente saber que, como todo desastre, una mano amiga surge y el orden –el consuelo- se restituye: así ocurrió –ocurre- en cualquier Elsinor podrido; así ocurrió –ocurrirá, ocurre- en cualquier patria herida de muerte provocada por la soberbia y el ansia de poder, como por ejemplo, la nuestra. Lo de siempre y lo eterno. Sanzol es Fortimbrás; es él el encomendado para rubricar el boceto –el postrero sueño- de Gerardo Vera. Larga vida al rey, al nuestro, que es el Teatro.

Pensaba yo comenzar esta impresión mía hablando de cualquier rasgo destacable de montaje o reparto, sin embargo he de confesar que acabo de leer una premisa de Sanzol que me ha removido y me ha redirigido cualquier argumentación al uso. Y cito: “Todo el mundo elegimos con quien nos asociamos”, ergo no nos demos excesivos golpes de pecho si el desenlace de la partida es un jaque mate; no nos lastimemos con golpes de pecho judeocristianos, pues a rey muerto, rey puesto. Y nunca mejor dicho. El autor de las palabras nos sitúa con placer en el rol de juez y verdugo. Incluso en el villano se atisban sesgos de remisión; incluso en el inocente quedan sin extirpar ramalazos de amor propio, de venganza, de frotamiento de manos, de baba animal aliñada del placer que regala la victoria una vez digerida la presa. Macbeth muere. Lleva siglos con esta rutina aleccionadora. Justicia poética. Faltaría más. Mueren muchos más. Los siglos llevan siglos con esta rutina. ¿Inocentes? Claro que sí. Si no, ¿dónde la purificación de quien asiste a la sala? Tanta pureza y tanta vileza como la del mismísimo Shylock. La culpa persigue y atrapa, y el mal llamado remordimiento duerme –dormirá- como un perro fiel a nuestro lado para no dejarnos nunca soñar en paz. Su rabia letal es altamente necesaria. Y lógica.

Deslumbrado quedé –envuelto- por el aparato escenográfico cuyo boato me recordaba a los macroconciertos de los reyes y reinas del pop potenciado con proyecciones que ejemplificaban los vaivenes mentales de unos y otros y de los directores del proyecto. El espacio sonoro lacrimoso se comportaba como halo envolvente, como digo, propio de un espectáculo quasi rockero. El reparto, cuya coreografía sutilmente no coreografiada, llenaba, invadía las rampas –laderas claustrofóbicas del norte de Britania- recogiendo el pálpito sangrante que exhala por su naturelaza la obra shakesperiana pues la palabra sangre se repitía una y otra vez cual motete lastimero. Los campos semióticos de carnicería y desquicie ideados por el poeta apuntalan el color con el que se tiñe la trama. Hay vampiros por todos lados y, como en la vida misma, sentados en tu propia mesa –fantasmas, sombras a las que no terminamos de aniquilar- y que a veces es demasiado tarde para descubrirlos. La obertura de la puesta en escena sobrecoge, aunque siento que a medida que transcurre el tiempo escénico mi velocidad de atención y persuasión aminora –o son mis emociones- ante lo que sucede. No sentí el lavatorio de manos empapadas de crimen en un primer término, ni comprobé que el agua era capaz de poder despojar de culpa a la señora Macbeth. Sorprendido gratamente por el atuendo telúrico de la dama profética y su actuación (Mapi Sagaseta). Lástima que no hubiera tríada cantante que rondara más a menudo al señor Macbeth. Puede que fuera una opción. Y uno, siguiendo a Vogel en una conversación con Bogart –algo que aprendí no hace mucho- sé que el autor de la obra es su equipo artístico y el de la función, el público. Y donde manda patrón… Reconozco que pequé de fan decepcionado al no recibir de tu icono la interpretación de sus éxitos de siempre. El bosque de Birnam era un bosquejo y uno, cándido y expectante, estaba en ascuas, dado el despliegue escenográfico, por ver árboles caminantes con sus ramas guerreras en un remate apoteósico de réquiem brutal. Intuyo que la propuesta pudiera haber sido el llevarnos a la reflexión, a lo meditabundo, desprendido de monólogos, bien desgarrados –la locura de lady Macbeth-, bien hamletianos –final de Mr. Macbeth con voz, tempo y sentir de Carlos Hipólito. Bingo por convertir a Banquo -Jorge Kent, bravo- en invitado de piedra en la cena a fin de que lo demencial en Macbeth estalle, muy a lo Zorrilla. Instantes excelentes grabados en mi retina: el no-abrazo del matrimonio asesino por miedo a “mancharse” de pecado, las “caídas” de la silla/trono de la dama asesina y su aria desgarrada por la demencia; las apariciones de la bruja, vestuario, mirada, voz. Y ya finiquito con estas palabras: mis felicitaciones a Sanzol por la toma de este arduo y doloroso relevo asó como al reparto por haber podido llevar a puerto esta nave que, a punto de haber quedado varada, han demostrado que el Teatro sigue siendo todopoderoso en su fluir, en su recuperar constante, sempiterno, de los que ya nos están y escribieron y levantaron en un escenario las palabras en su máximo poder. La lección de Macbeth, por ello, continuará…

Carlos Herrera Carmona es dramaturgo, director, crítico teatral y profesor en la Comunidad de Madrid. El otoño pasado presentó sus últimas obras «Sabina» y «La maldición de Mírtilo» (Temática grecolatina).

www.carlosherreracarmona.com

 

[1] SHAKESPEARE, W. (2011), Macbeth. Barcelona: Espasa Libros.

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