Crítica de "Los días felices" de Samuel Beckett - Masteatro
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Crítica de «Los días felices» de Samuel Beckett

 

LOS DÍAS FELICES de Samuel Beckett.

Dirección: Pablo Messiez.

Reparto: Fernanda Orazi y Francesco Carril.

Teatro Valle-Inclán. Madrid. 10 de marzo de 2020.

PALABRAS NO OS VAYÁIS por Carlos Herrera Carmona.

    Lo conocí hace 30 años en la universidad y su pregunta infinita sigue anclada en mí. La razón es muy sencilla: sigo sin encontrar a Godot. Al presenciar ahora a la pareja que habita en el estiércol, otra interrogante de naturaleza similar -inquietante, asombrosa y, por qué no, poética- se instala nuevamente de forma perenne: ¿Qué será de Winnie?

     Beckett, desde el más allá como genio que es, sigue lanzándonos cuestiones de siempre. Es su particular manera de entender la función de este lenguaje en concreto a través de seres en encuadres típicos/atípicos (un estercolero, un páramo…). El matrimonio no puede evitar comunicarse por miedo a sentirse abandonado por las palabras. Las palabras... Como decía Don Antonio: «La poesía es la palabra en el Tiempo»… ¿Cuál es la medida de Tiempo que atraviesa el alma de estos seres de Samuel? Ya sabemos que los personajes viven atrapados en la caja escénica,  que sólo son han de ser resucitados gracias a nuestro aliento creador como público, pero ¿desde dónde nos hablan que parecen tan veraces? Winnie y Willie sobrellevan sus crisis múltiple desde la inmovilidad y de cara a la galería, como cualquier matrimonio gemelo que desde la platea los visite. Y no podemos hacer nada. Nothing to be done... Muy de Beckett y de sus clowns que esperan a su Señor.

    Una vez más -por Beckett y por ella he ido a ver la pieza, que conste- La Orazi me conmueve. Su hipercontrol del verbum escénico como si pilotara, ora un Fórmula 1, ora un calesa por un parque, me vuelve a dejar ojiplático. Su dardo en la palabra recubierto de angustia poética me duplica la pregunta infinita -indefinida- que ya rebullía en mí. Ella es un clown hermosamente poseído por la histeria y desgraciadamente desposeído de pudor. Ternura total me inspira La Orazi. Conexión total la que me lleva hacia Winnie: brava.

   En estos días precisos recordamos a Winnie enterrada en el estiércol, mientras nos preguntamos por dónde quedó todo y qué será de nosotros. Amén. Miramos al cielo. Ahora sí. Como Winnie. Suplicando esa «vieja usansa» (ella sesea como yo sin ser sevillana aunque sé su amor por Sevilla, bella…). El Ubi Sunt sin calmante. Y siempre, desde el fango, resistamos, como decía Wilde, pero como Winnie, sin dejar de mirar a las estrellas y evitando a toda costa que nos abandonen las palabras…

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