Crítica de "La mare": Representación textual de emociones - Masteatro
La mare

Crítica de «La mare»

Representación textual de emociones.

Cuando tu identidad está íntegramente consagrada a alguien, perderle trae graves consecuencias. Incluso si la pérdida consiste en algo tan lógico como un hijo que crece y se independiza.

La imposibilidad de desprenderse de un hijo es lo que trata La mare, la pieza de Florian Zeller  que puede verse estos días en la Villarroel. Su protagonista es una madre dependiente e irritable, una persona que ha dedicado toda su vida a su familia y que ahora se encuentra despechada, enfadada con el mundo y, sobretodo, terriblemente vacía.

La particularidad del texto reside en que pretende expresar con acciones lo que en realidad son emociones. Cualquier trama es una excusa para tratar un tema más o menos profundo, pero aquí se da un paso más allá. En La mare no vemos una historia sino un delirio continuo del personaje. Sus miedos, sus frustraciones, sus odios y sus inquietudes quedan reflejados en una mezcla paranoica de ficción y realidad. Cada situación es repetida dos y hasta tres veces como diferentes posibilidades, diferentes maneras en las que las cosas podrían ocurrir. Sin embargo, al final todas ellas acaban intoxicadas por el germen de sus inseguridades.

Una dramaturgia nada realista se dirige hacia unas interpretaciones poco realistas, que en algún momento llegan incluso a esperpénticas. Andrés Lima pone en escena una Emma Vilarasau histriónica y delirante que ciertamente podría ahorrarse unos cuantos decibelios. Interesante resulta el contraste de su actuación con las de Pep Pla, en el papel de marido, y Ester Cort, como el resto de personajes femeninos, interpretados desde la cruel serenidad que les concede el imaginario de la protagonista. Entre ambos polos se mueve Oscar Castellví como el hijo pródigo que se debate entre su madre y su libertad.

Cierto es también que las repeticiones ralentizan el ritmo. Y no ayudan los cambios de escenas en los que Lima utiliza las luces y el sonido para crear una forzada atmósfera dramática que roza lo fantasmagórico. Todo ello, enmarcado en una escenografía muy simplista que no aporta demasiado ni a la historia ni a la acción.

Pero pese a los aspectos mejorables de la puesta en escena, la función tiene un punto psicológico muy potente. Bajo la apariencia de una obra de texto, La mare representa la oscuridad de un alma torturada. La entrada a un mundo en el que la subjetividad llega incluso a difuminar las leyes del tiempo y el espacio. Esta rotura de las convenciones clásicas puede chocar al principio. Pero si logras dejarte llevar por la emoción disfrazada de semirealidad de la representación, poco a poco irás reconociendo en la protagonista pequeños esbozos de unas obsesiones, paranoias y traumas que emergen en la vida real. Y es ahí donde reside la potencia de un proyecto inquietante y valiente.

La mare de Florian Zeller

Dirigida por Andrés Lima

Interpretada por Emma Vilarasau, Pep Pla, Oscar Castellví y Ester Cort.

Hasta el 2 de abril en La Villarroel

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