Crítica de "La gaviota" de Anton Chéjov. - Masteatro

Crítica de «La gaviota» de Anton Chéjov.

 

LA GAVIOTA de Anton Chéjov

Elenco: Nao Albet, Pau Miró. Xavi Sáez (los días 11-27 sept: Pep Cruz), Mónica López, Irene Escolar (los días 20- 22 sept: Melisa Fernández) y Roser Vilajosana.

Dirección y adaptación: Àlex Rigola.

Un producción de Andrònic S.L., Temporada Alta 2020 y Grec 2020, en colaboración con La Abadía.

Teatro de la Abadía. 22 de septiembre de 2020. Madrid.

COMO SI NADA, COMO SI TODO  de Carlos Herrera Carmona.

   Acepto el juego. Acepto -faltaría más- las visitas contínuas y sin avisar a los clásicos desde el prisma más contemporáneo que se nos antoje. Acepto la nueva pátina que se les pueda aplicar cruzando y entrelazando las coordenadas del espacio, del tiempo, de este siglo quasimedievo. Acepto la restauración, la adaptación a nuestro sentir, de lo que ya nos contaron -aunque poco hemos cambiado- de cuanto nos advirtieron a través de galerías de personajes, camadas paridas por el dolor, la pesadumbre, la miseria y la naúsea diseccionada ya por Sartre. Acepto la mirada con lupa de la psique de Chejov cuando nos mostró  su como si nada, como si todo. Acepto el juego pirandelliano. Acepto que los cómicos revelen pecados y crímenes en una nueva Elsinor aséptica, metálica y fría. Acepto el concepto peliagudo del metateatro que aderece acción, mensaje y sus correspondientes ingredientes. Acepto cualquier potenciador de sabor cuando el cómico se despliega y sorprende a la platea con un efecto bululú o un je ne sais quoi que se mece con ironía entre el territorio de lo real y de lo etéreo. Acepto la destrucción hermosa de cuartas, quintas, y hasta cincuenta paredes si hiciera falta ante mis propias narices mientras la peripecia escénica sea lo más parecida a fuegos articiales en el sueño de una noche de cualquier estación, en verano, por ejemplo, a los pies de un lago ruso, por ejemplo. Acepto que me lancen el discurso alla maniera di Brecht y que sea yo hiperconsciente de emociones que ya dejaron de serlo en el momento preciso en que me las mostraron. Acepto lo que haya que aceptar porque conozco el planeta ilusorio y fugaz que se crea y se descrea tras un telón o sin él. Acepto los pasos hacia adelante en la investigación y deconstrucción dramatúrgica y el factor sorpresa en la semiótica teatral como estandarte de esta nuestra profesión, una de las más hermosas del mundo, y una de las más transgresoras, y por ende, una de las más susceptibles de caer al vacío o que el vacío entre en nosotros, justo lo que nos provoca Chejov, con su como si nada, como si todo... Acepto que descubrir sea la misión del reparto y la mía propia, y que ambas hallen el todo, o la nada, juntas, y de la mano, desde que me siento en la butaca y oigo el último resonar de unas palmas y ellos también oyen este último resonar.

    Quedé desconcertado, lleno de apatía, mas no removido, ni revuelto. Tal vez no supe ver; tal vez me obligué a ver lo que no había o era esa oquedad la que precisamente se me estaba enseñando y yo no alcancé a ver. Lo que allí iba sucediendo, una suerte de rueda prensa, de constelación familiar ficticia o con sustratos hilvanados de realidad; aún así los retazos de Chejov se me escapaban. ¿Era esta sensación de futilidad, de desasogiego lo perseguido por la mano de Rigola que mecía la cuna frente al lago? Se me escapa. No he aceptado la vida en aquel escenario, tal vez, como la gaviota.

Carlos Herrera Carmona es dramaturgo, director, crítico teatral y profesor en la Comunidad de Madrid. El otoño pasado presentó sus últimas obras «Sabina» y «La maldición de Mírtilo» (Temática grecolatina).

www.carlosherreracarmona.com

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