Crítica "La farsa de Walworth" - Masteatro
La farsa de Walworth. Foto: David Borrat

Crítica “La farsa de Walworth”

“La memoria es extraña. Es tan capaz de borrar un recuerdo, […] como de inventar uno nuevo”. Esta frase de Jordi Casanovas define perfectamente la tesis de La farsa de Walworth. Y es que el protagonista es un hombre que combate la culpa con la rememoración obsesiva de unos hechos, hasta el punto de que estos se transforman en engañosos. El recuerdo, como todo, debe consumirse con moderación.

Lo primero que me viene a la memoria cuando reflexiono sobre este espectáculo son los tres actores masculinos. Oriol Casals, Jordi Subirà y Pep Vila inician desde el primer momento una coreografía incesante de movimientos e interpretaciones con un juego vertiginoso de pelucas y complementos. Vila muestra agresividad y tormento a partes iguales, despertando a los espectadores sensaciones contrariadas entre el desprecio y la pena. Por su lado y por requisito del guión, Casals y Subirá interpretan un gran número de personajes y le dan a cada uno una particular manera de hablar y de moverse. Subirà destaca por la gran cantidad de registros femeninos, mientras que Casals deja ver una progresiva evolución en el papel de hijo. El resultado culmina en una escena final que transmite incomodidad y sobresalto hasta el punto de que, hecho en cine, podría muy bien asimilarse a las películas de Michael Haneke.

A los metódicos y constantes vaivenes de los protagonistas, se le suma una minuciosa puesta en escena. El esperpento de la historia crea un curioso contraste con el naturalismo de la escenografía, una preciosa y completa vivienda elaborada por Ricard Prat i Coll que cuenta con cocina, comedor e incluso habitación con estufa. Del mismo modo que los personajes se encuentran encerrados en la casa y en el recuerdo, los actores representan la historia encerrados en un decorado de tres paredes.

La música es otro de los puntos fuertes de la apuesta. La popular canción de cuna irlandesa Tura-lura-lura choca con la violencia y la frialdad con la que actúan los personajes. En contraposición, la canción heavy que ocupa los momentos cumbre complementa la atmosfera inquietante del montaje.

La compañía de la Sala La Planeta de Gerona estrenó este espectáculo en el pasado Temporada Alta con grandes resultados. Y no es para menos dada la complejidad del texto del irlandés Enda Walsh y la energía y la precisión con la que está elaborada. El director Pere Puig nos ofrece un montaje trepidante, de ritmo ágil e intrigante. Un texto potente e inquietante, una compañía compenetrada y volcada en la historia desde el primer minuto y una puesta en escena cuidada al detalle. Dos horas de intriga y sosiego que te atan a la butaca y te obligan a contener el aliento.

 La farsa de Walworth d’Enda Walsh.

Traducida y dirigida por Pere Puig.

Interpretada por Oriol Casals, Jordi Subirà, Pep Vila y Yolanda Sey.

En el Teatre Akadèmia hasta el 7 de febrero. 

Os recordamos que podéis ganar entradas para ver la obra participando en nuestro sorteo.

 

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