Crítica de "Heartbreak Hotel/Macho Man" de Àlex Rigola. - Masteatro
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Crítica de “Heartbreak Hotel/Macho Man” de Àlex Rigola.

 

HEARTBREAK HOTEL/MACHO MAN de Àlex Rigola

Dirección y creación: Àlex Rigola.

Macho Man es una coproducción de Heartbreak Hotel, Titus Andrònic S.L. Temporada Alta 2018, Festival 10 sentidos y Teatros del Canal.

Teatros del Canal. 9 de marzo de 2019, Madrid.

BOXEADORES de Carlos Herrera Carmona

   Hay dos tipos de golpes: unos con sabor a cicuta y otros con sabor a caramelo. Primero te endiñan el segundo y si pides más, te embisten con el primero. Y ya estás en la rueda mágica para suplicar el segundo otra vez, tan sabroso, tan dulce y lo mejor de todo, tan adictivo. A veces te sueltan el primero y no te lo crees, porque ese bimbazo en las sienes o en las esquinas del alma no es creíble viniendo de quien viene, de tu ser ideal, que más bien lo has idealizado tú, y rezas para que no sea muy virulento. Entonces te empotran el segundo, el que huele a fresa, el que brilla por tanta azúcar que lo recubre, y lloras, mucho, porque te sabe a poco y lampas por más. Y comienza la otra rueda mágica, lo mires por donde lo mires, los círculos dantescos, pero como Dante te recita mientras te vas despeñando por ellos, te sabe a gloria, porque aunque te vuelvan a tumbar con el primero y te desholles las rodillas, aunque te maquilles el impacto, aunque los moratones en el alma sólo sean visibles por ti y los anestesies con píldoras que nadie te ha descubierto aún, piensas que pasará, que su racha es un racha como la de cualquiera, y que la madriguera donde te esconde te parece hasta cómoda, y que no va a ver otra igual, y que te da pereza, miedo más bien, a pensar que las puede haber mejores, y que tal y como te ha dicho tu boxeador, quién te va a acoger con esa cara de poquita cosa; y que tal y como está el percal, según tus amistades, mejor te quedas ahí, comportándote, sin cruzar la raya, para que la bestia no se despierte de mal humor, una vez más, con ganas de jarana. Será sólo una racha, claro que sí, seguro que cuando encuentre trabajo todo irá a mejor para los dos, y que cuando tu boxeador deje de beber, todo irá a mejor para ti. Lo que pasa es que para cuando llegue ese momento, tú a lo mejor estás comiendo malvas. Pero te aferras a ese mantra tuyo de que tú lo puedes ayudar porque tú eres quién inventó el efecto Pigmalion, y que como todavía conservas la fe inoculada de tu Primera Comunión, esa de alma buena y generosa, estás convencida de que si sigues a su lado, con tus mimos, con tu paciencia, con tu resistencia, con tu saber hacer las cosas como a él le place, al pie de la letra, de la suya claro, porque te enseñaron que la letra con sangre entra aunque te destroce el sexo y dilapide tu nombre a los cuatro vientos, y que seas su mona de feria que te pasea y encima pide dinero a tu costa, tu AMOR, ése, cambiará algún día, porque seguro que sólo se trata de esperar, de tolerar y, sobre todo, la cosigna es: punto en boca, chitón, ni mu y mutis por el foro, tú claro, él nunca. Qué sabe nadie de nadie. Además, los trapos sucios se lavan en casa, algo que tu mamá te enseñó muy bien.

   El recorrido que propone Rigola contiene todos los ecos que muestro arriba. Lo de siempre. Con los auriculares que te entrega el técnico en la entrada, sigues fielmente a la voz -femenina- que con la dulzura de una azafata o de un ángel de la guarda, te va indicando por dónde has de ir tú junto con cinco espectadores más, de habitáculo en habitáculo, mostrándote lo de siempre. Duele tanto este adverbio. Lo de siempre. Sobre todo porque las estadísticas que esta instalación escénica y documental airea son atronadoras. Acertada está que se desarrolle en un escenario y que sea la escenografía el soporte de la denuncia, de la mentalización y de la barbarie cometida. El broche final que nos tiene reservado Rigola es de traca. Par mí, lo más brutal y aleccionador. Véanlo con sus propios ojos. Como ha de ser. Las voces de las víctimas -miles y miles- te silencian. Error. No hay actores ni actrices. Las muertas son las protagonistas y los vivos son los asesinos. Ellos están, ellas, no.

   La acogida de esta singular muestra del horror cobra más dimensión en mí tras haberse celebrado ayer el Día Internacional de la Mujer. Madrid tuvo sólo un color y no fue precisamente el de las luces de sus teatros en la Gran Vía. Bravissime. Puede que tachen de oportuno este escaparate de Rigola, pero la ocasión la pintan calva. Lo que sí es indudable es que los espacios escénicos se están convirtiendo en lo que hace tanto tiempo fueron: plataformas donde la tragedia nos ha de perseguir con su pulsátil discurso. Lamentablemente seguimos sin sentir la conversión, la catarsis, la transformación que nos ha de producir. Y en algún hotel siempre, en alguna habitación, hay un corazón con forma de saco de boxeo.

(Dedico estas palabras a los boxeadores L, P, C y R. Los golpes siguen en sus puños y en sus bocas, sin embargo, como lindos Tartufos, engañan. O te vas tú o él te quitan de enmedio. Tartufo siempre gana la partida. Y parte de un público animal lo sigue aplaudiendo.)

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