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Crítica de “Europa, que a sí misma se atormenta” de Andrés Laguna.

EUROPA, QUE A SÍ MISMA SE ATORMENTA de Andrés Laguna.

Dramaturgia y dirección: Ana Zamora

Reparto: Juan Meseguer, Eva Jornet e Isabel Zamora.

Traducción: Miguel Ángel González Manjarrés.

Arreglos y dirección musical: Alicia Lázaro.

Cía. Nao d’amores.

Teatro de la Abadía, 13 de abril de 2018. Madrid

O EUROPA, MISERA ET INFELIX! Por Carlos Herrera Carmona

   Osada y lírica, osada y combativa, osada y didáctica, osada y reivindicativa, osada y tierna es la nueva apuesta de Nao d’amores para zarandear memoria y presente del espectador, prevenirlo de lo venidero y colocarle ante el espejo infalible de la humanidad que es el teatro. Y surte efecto.

   El prólogo aleccionador, casi fuera de escena y a modo de preconferencia, nos emplaza ya en la tonalidad, en la atmósfera que va a adquirir La Abadía una vez éste concluya. Es entonces cuando Nao d’amores nos entrega el pasaje a bordo para viajar en su nave al fondo de la historia en su cándida máquina del tiempo y ofrecernos con delicadeza disfrazada de rabia y rabia disminuida con delicadeza una suerte de trayecto aéreo sobre la geografía de este nuestro continente que sigue ajado, saqueado y engañado sin visos de arreglo. El actor Juan Meseguer -soberbio, ya que él mismo nos da una lección de cómo interpretar convenciendo- interpreta a Andrés Laguna, humanista del S.XVI y artífice primero de esta apuesta con su discurso adaptado Europa heautentimorumene. Haciendo uso del bululú, sin casi pretenderlo o sí, Laguna y Meseguer toman a Europa literalmente como su segunda piel y lanzan su órdago/su discurso con empaque elegíaco, refrescado con aires de juglaría, sostenido y cimentado por su oratoria contundente, a veces atronadora, como un rey Lear enajenado con su corona de cartón que declama y reclama respeto por Europa a través de citas mitológicas, sermones apocalípticos y su voz -que es su barco- cuyas velas parecen seguir una de las lecciones aristotélicas como aquella de que saber es acordarse y que con este vapuleo histórico y humano logra que sepamos para no olvidar, este hábito amargo de nuestra sociedad hoy en día, la cual sabe que mirar atrás es convertirse en sal pero que lo hace cuando le conviene y mal.

    El acompañamiento musical y vocal, sutil y acertado en vivo y en directo arropa, alivia y abraza la declamación incesante de Meseguer/Laguna al tiempo que las intérpretes interaccionan con éste con sus voces y cánticos a fin de que su soledad no sea tan extrema desde su púlpito. Al asistir a este mezcolanza de lección teatralizada o de teatro aleccionador (no por parte de la compañía pues es evidente que su pretensión es tan sólo de mostrar y no de direccionar) la sensación es de una toma de conciencia absoluta, de un reafirmar por enésima vez que, si otorgáramos la voz y la palabra a nuestros eruditos pasados, la solución la recibiríamos en bandeja de plata: nada nuevo bajo el sol. Laguna, quien ya describía lo pútrido que recorría las cañerías del viejo continente, ofrecía luces en las tinieblas cuando éstas sólo ofrecían desesperación traducida en guerras y en un afán por el poder in extremis costara lo que costara, es decir, cualquier titular de cada día que se precie.

    Y entre tanta regañina del propio Laguna y su dureza colérica con tal de hacer reaccionar a su auditorio, aquél que lo miraba y escuchaba en la Universidad de Colonia que no sabemos si arqueaban cejas o se emocionaron o fueron meros durmientes; y a nosotros, los de ahora, muy atentos, qué duda cabe, y gratamente sorprendidos/as, Zamora no se olvida de la poética en el uso íntimo de la luz, en el uso divertido y entrañable del vestuario y en el uso de las piezas y efectos musicales que, en una modalidad casi infantil -por enternecedora- nos enseña deleitando la constelación enferma de este pedazo de mundo reumático y fanfarrón, vicioso y guerrillero, ampuloso y siempre bello que es Europa. Y como dijo Cicerón : “Rem tene, verba sequentur” o lo que es lo mismo. “Ten el argumento, las palabras seguirán”. Laguna nos da lo primero y de nosotros dependerá si seguimos con las palabras o sin el escarmiento, míseros e infelices.

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