Crítica de 'Dos punks i un vespino' - Masteatro
Punkis

Crítica de ‘Dos punks i un vespino’

Punkis

El teatro catalán tiene buena salud gracias a numerosas voces que surgen para explicar nuevas historias que les pasan a nuevos personajes. Y también lo es porque hay bastantes salas de Barcelona que programan estos nuevos textos. Estamos de suerte de tener teatros grandes como el Teatre Nacional que bajo el amparo del ciclo del T6 dan voz a nuevos profesionales del teatro igual que hace el Lliure con sus Radicals Lliure. Estos autores, directores, escenógrafos son gente que llevan tiempo dedicándose al oficio del teatro desde el estudio a la práctica profesional. En cuanto al estudio está el Institut del Teatre y muchas otras escuelas privadas, en cuanto a la práctica estos jóvenes valores tienen las puertas abiertas en la Beckett, en el Teatre Gaudí Barcelona, en el Versus, en la Muntaner, y en algunas más. Son salas, unas más modestas que otras, que ofrecen sus espacios para desarrollar nuevas propuestas que en unos años seguro que llenarán los principales Teatros de Catalunya. Desde estas se desarrollan espectáculos de pequeño formato, sin grandes presupuestos pero con historias que vale la pena escuchar. Una de estas obras ha sido precisamente premiada en el Institut del Teatre como mejor espectáculo de escenificación del 2010. Hablamos de Dos punks y un Vespino, obra que se representa en el Teatre Gaudí Barcelona y que junto con el Versus ofrece una programación de otoño donde quieren ahondar en la autoría contemporánea y la reflexión sobre la complejidad del presente.

Así pues, estos punks no tienen un presente muy halagüeño. En la noche helada de Navidad se han quedado tirados en medio de la nada, su querida Vespino les ha dejado tirados in media res y no tienen ningún sitio donde ir. Suerte que de golpe una luz les ilumina el camino. Se trata de una gasolinera. Allá pernoctarán Ray y Jota. O eso es lo que quieren ellos. Allí se encontrarán un dependiente bobalicón y cobarde que intentará ahuyentarlos de su lugar de trabajo el cual tanto venera. Pero estos dos chicos son buena gente, solo se pelean entre ellos para demostrar cuanto se quieren, aunque Ray quisiera darle una buena paliza al sistema capitalista, pero con el torpe empleado no quieren nada. Sólo descansar sus molidos huesos en el suelo de la gasolinera. Pero cuando parece que la cosa se tuerce a su favor un tercer elemento aparece en escena: una mujer. Se trata de Carol, una mujer que huye de su familia y de su pretendido prometido. Con ella todo se hará más difícil esta noche y lo que parecían unas personalidades forjadas, algunas en seguridad ideológica, otras en traumas del pasado, se quebrarán para reformularse y encarar un futuro nuevo e incierto pero con aires de esperanza.

De género cómico, esta obra presenta unos personajes muy bien definidos, esculpidos en lo común, en el estereotipo pero con su toque personal y extravagante (Jota y sus trucos de magia, el dependiente y sus bitter kas) que otras líneas narrativas que ayudan a externalizar sus conflictos internos. Esta Vespino, presente en toda la acción, no se mueve pero los personajes sí a su alrededor para evolucionar en una noche con momentos amargos pero con un final dulce. Como el bitter kas. O era al revés. Sea como sea, dulce y amargo Dos punks i un Vespino es un buen texto, con ritmo, fácil de seguir y con buenas actuaciones por parte de los cuatro intérpretes.

Estos punkis se han formado bajo la pluma de Marilia Samper, una brasilera afincada en Barcelona con buen currículum y con una formación catalano-andalusa. Además se ha ayudado de otra joven voz catalana, la de Llàtzer Garcia, un girones del cual solo se oye buenos elogios. Estos dos dramaturgos llevan su obra al Gaudí, como lo hacen Vamos a por Guti y Mediocres, de Albert Boronat y Núria Vizcarro en el Versus Teatre. Estas tres obras forman parte de un convenio cerrado con el Institut del Teatre y la escuela Eòlia para impulsar y dar soporte a los licenciados en arte dramático, dramaturgia y a las nuevas y emprendedoras compañías que surgen cada año. Lo que decía, la salud del teatro catalán no se resiente por crisis sociales y/o económicas, y lo hace gracias a gente que vive un alto compromiso con nuestra cultura.

FICHA ARTÍSTICA:Dos punks i un vespino de Marilia Samper y Llàtzer Garcia.
Dirección: Marilia Samper.
Intérpretes: Javier Beltrán, Oriol Casals, Muguet Franc, Xavi Francés
Escenografía: Enric Planas.

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