Crítica de 'Woyzeck' - Masteatro

Crítica de ‘Woyzeck’

El Centro Dramático Nacional se adentra en las profundidades de la mente del dramaturgo alemán Georg Büchner, que en 1837 moría –a los 23 años de edad– dejando inconclusa una de las mayores tragedias del teatro contemporáneo, ‘Woyzeck’, para muchos un texto a la altura de las grandes tragedias griegas.

El montaje de esta obra siempre supone un reto desde todos los puntos de vista, desde la adaptación hasta la dirección, sin olvidar la faceta interpretativa, que en esta obra adquiere un peso aún más decisivo. Juan Mayorga firma la versión, trabajada directamente desde el texto en alemán, una tarea especialmente complicada si tenemos en cuenta la naturaleza inconclusa de la misma, ya que Büchner sólo dejó fragmentos sueltos y sin un final preciso.

La obra de Büchner inaugura el expresionismo alemán y ha dejado una huella importante en la producción europea posterior, no sólo en escritores de tradición germana como Bertolt Brecht, sino también en autores más enraizados con el existencialismo. Y es que quizá una lectura existencialista de esta obra nos ofrezca una visión más completa del universo de ‘Woyzeck’, un hombre poco agraciado, con problemas de dicción y alucinación que termina convirtiéndose en un asesino. Aquí la reflexión podemos hacerla en un sentido claro: ¿puede un hombre normal llegar a matar? Y si es así, ¿qué puede empujarlo a ello?

Büchner toma un hecho real de la época –la muerte por celos de una mujer a manos de su marido– para realizar un profundo razonamiento sobre el determinismo social, la soledad y la diferencia de clases. Woyzeck, barbero de profesión en el ejército alemán, es sometido, humillado y explotado por parte de todos, desde los soldados de base hasta el Doctor y el Capitán, personajes importantes en la evolución psicológica del protagonista. Serán precisamente estas vejaciones la que terminen por destruir la naturaleza humana de Woyzeck que, poseído por la locura, termina por asesinar a la única persona que ama.

Con esta evolución psicológica, Büchner consigue convertir a un hombre bueno en un paria, que termina revelándose de la manera más cruel posible contra todo aquello que lo oprime. Así, un personaje a priori insignificante, consigue el alcance trágico de algunos personajes shakesperianos, ya que es imposible evitar el paralelismo entre Woyzeck y Ricardo III. Quizá esta adaptación del Centro Dramático Nacional concluya de manera demasiado abrupta, cuando el espectador aún espera una venganza aún mayor por parte del protagonista. A pesar de todo, Gerardo Vera, quien firma la dirección, consigue una evolución potente, desde un inicio lúdico, casi grotesco, hasta un final poderoso y lleno de tensión, que consigue involucrar al espectador con el drama personal de su protagonista.

Pero si tenemos que destacar un elemento en concreto, es justo que ése sea el trabajo interpretativo de Javier Gutiérrez, quien modela de manera sublime todos los matices de Woyzeck para crear un personaje sólido, bien definido en su sencillez y en su locura. Se echa de menos una mayor profundidad en el texto durante ciertos pasajes, sobre todo para ayudarnos a comprender mejor las luchas internas del protagonista, aunque Javier Gutiérrez es capaz de suplir esa carencia con una clase magistral sobre las tablas, siempre bien acompañado por un elenco de buen nivel.

El cóctel se cierra con una escenografía notable, una iluminación bien trabajada y una ambientación musical muy destacable. Sin duda, una buena oportunidad para adentrarse en uno de los textos más interesantes de la dramaturgia europea contemporánea, producida de manera sobresaliente e interpretada a la altura que merece una tragedia de este calado.

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