Crítica de "Vive Molière" - Masteatro

Crítica de «Vive Molière»

El tapiz animado de Carlos Herrera Carmona

Al salir de la representación, oí a un espectador exclamar eufórico y maravillado: “¡El escenario siempre está vivo!“. La premisa, que a simple vista podría parecer sencilla, resume a mi parecer, la intencionalidad de esta nueva propuesta de Álvaro Tato y Yayo Cáceres. Sobre las tablas, los actores y la palabra, no más –lección de Lope. Bajo la forma prodigiosa se suceden sketches que reúnen lo más granado de la producción molieresca. Teje esta urdimbre la diosa Fama, caprichosa, voluble, artera y casquivana quien se desliza una y otra vez en su tobogán para codearse con los mortales lanzándose a la conquista de un nuevo bardo a quien vampirizar: Molière. Es ella la encargada de ir engarzando, además del elenco en sí, diálogos y situaciones para nuestro deleite. La diosa, ayudada por sus sirvientes Dato, Chisme y Mito, entra de lleno en el juego amoroso de los innamorati y flirtea y añora y embelesa y se embelesa con un Molière al que veremos crecer como autor, trabajar de tapicero como su padre y morir/resucitar como el merecido y sempiterno astro de la comedia francesa que es. “Ay Teatro“, la compañía que lleva a cabo este logro, parece estar tocada con la varita mágica de la Chispa y del Acierto en mayúsculas al honrar a los clásicos, resetearlos, acercárnoslos –como ya inició Marsillach- y hacer de sus mensajes posibles lecciones de rabiosa actualidad. Sorprenderán, no sólo los atléticos bríos de la troupe y sus artificios vocales –con Marta Estal a la cabeza- sino la diversión que emana de todos ellos ejerciendo cada rol en el que se enfundan. No hay respiro. Todo es vida, como mencionó nuestro espectador. Supersónico el ritmo y dosis altísimas de gracejo. Es una cabalgata de piezas y sonrisas –para mi gusto, mantener en platea la sonrisa durante hora y media es más meritorio que carcajadas intermitentes. Una auténtica recreación de aquellos cómicos de la legua quienes, con cuatro prendas y dos cacharros, eran capaces de crear un mundo de ilusión al mismo tiempo que de realidad.

El crítico literario Enrique Azcoaga califica las obras de Molière de “tapices animados“, definición que se adapta como un guante a este popurrí que homenajea al autor francés: Tartufo, El avaro –derroche sublime de interpretación a cargo de Kevin de la Rosa mas lindando la caricatura-, Las preciosas ridículas, Don Juan, El cornudo imaginario, El enfermo imaginario,  La escuela de los maridos y El misántropo, por citar. Azcoaga sostiene que Molière trata de combatir de raíz la falsedad de sus naturalezas deformadas. Sin embargo, queda lejos esta representación del propósito del galo ya que, y volviendo a citar a Azcoaga, el teatro de aquél es una advertencia permanente para la fácil desorbitación humana. Se desprende que Vive Molière es solo magnífico, logrado tributo: art for art’s sake. Por ello cabría preguntarse si es fácil para el espectador sentir la preocupación del autor por retratar lo falso y la pedantería más allá de una muestra de comicidad sin igual a la que nos tienen acostumbrados Tato y Cáceres. La famosa catarsis no ha de venir siempre dada a través de la tragedia. Molière también nos quiere, si no transformar, al menos incomodarnos al ver nuestro retrato sobre las tablas. Es un aguijón su mensaje en cada una de sus obras; un caramelo envenenado. No ha de basarse sólo en un juego escénico aderezado por el metateatro y envuelto en el humor. Quizá habría que haber profundizado en la lección –me gusta, eso sí, el punto solemne cuando presenta Alceste su firme denuncia. El pulso a la mentira y a la pose sí se manifiesta en la autocrítica de la farándula actual, también cuajada de requiebros a veces nada ciertos y sí hipócritas.

En cualquier caso, Molière y sus mordiscos a la petulancia del ser humano cobran vida de la mano de “Ay Teatro“ con frescura, talento y una lección de teatro de siempre. Elenco multifuncional que rubrica este festival de verdades contra mentiras tan necesario. Ojalá aprendamos.

Carlos Herrera Carmona es autor, director y crítico de teatro. Trabaja además como profesor para la Comunidad de Madrid. Su última obra publicada junto con Pilar Manzanares, «En la tierra desnuda: muerte y resurrección de Antonio Machado» (Edit. Dalya). @carlosherrerateatro www.carlosherreracarmona.com

VIVE MOLIÈRE: Dramaturgia y versión: Álvaro Tato. Dirección y música: Yayo Cáceres. Elenco: Laura Ferrer, Marta Estal, Juan de Vera, Kevin de la Rosa y Mario Portillo. Coreografía: Nuria Castejón. Escenografía: Ay Teatro y Tatiana de Sarabia: Diseño de vestuario: Tatiana de Sarabia. Diseño de iluminación: Miguel A. Camacho. Una producción de Ay Teatro.

Teatro de la Abadía. Madrid, 9 de diciembre de 2022.

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