Crítica de Una altra pel·lícula - Masteatro

Crítica de Una altra pel·lícula

Julio Manrique ya lo dijo hace un año en la entrevista que se le realizó en esta mismo sitio: «Los contemporáneos me hablan de una manera más directa, me miran a los ojos». Por eso, una vez más se fija en David Mamet, uno de sus autores de cabecera que más y mejor ha representado. Ahora se atreve a dirigir (e interpretar) una de sus obras más aplaudidas Speed-the-Plow, una historia con la esencia Mamet: diálogos rápidos, personajes excitados una dosis de mala hostia combinada con un apunte crítico y cínico con cierto sistema. Algunos hablan de crítica al capitalismo. Pero Una altra pel·lícula, traducción libre per con sentido, se apunta directamente a la industria de Hollywood, uno de los paradigmas del capitalismo más salvaje.

El conflicto que planea la obra está entre el venderse a lo comercial o entregarse al arte, a lo más puro, a lo «correcto». Cabe decir que el conflicto en sí es lo de menos. Se ha escrito y representado mucho en torno a esta dicotomía. Es tan antiguo como el bien y el mal. Pero lo que aquí importa es sentir la voz del autor desde el dibujo de los tres personajes: Bobby Gould, el recién ascendido a jefe de producción, Charlie Fox, su mejor amigo, su mano derecha que le trae en azafata una oportunidad de oro: la posibilidad de rodar una película con un director de renombre, y una mujer, una secretaria que desde su ingenuidad y su porte de yo-pasaba-por-aquí altera todo lo previsto.

Es muy interesante observar el desarrollo de la historia, con un inicio demoledor, con los personajes en un estado de excitación muy alto y como lo mantienen sin que prácticamente pase nada, sin que haya un movimiento narrativo muy marcado. Se pasan un buen rato alucinados con la situación y reiterando frases de agradecimiento mutuos. Y aún así, Mamet mantiene el interés, mientras nos va dando pinceladas sobre la relación de los dos hombres. Pero cuando finalmente llega la secretaria la fiesta se serena. Los dos hombres proyecta encima de esta pobre supuesta ignorante sus triunfos, su egolatría. Pero no esperen una harpía, una manipuladora. La integridad de Karen y sus intenciones no son predefinidas. Gould se creé Pigmalión, pero ella aprende rápido, le coge la palabra y termina dándole la vuelta a todo. El desenlace pondrá los tres de frente para que terminen cayendo (o no) las máscaras.

En cuanto a la propuesta escénica de La Brutal, esta compañía de un año de vida pero con un sello de calidad muy trabajado, es para un servidor lo más interesante de la obra. Manrique lee la obra de Mamet y la sitúa en el contexto temporal en que fue creada, 1988. Al principio sólo necesita unos pocos acordes de una guitarra para que el menos avispado reconozca el Faith de George Michael. Luego una batería de imágenes proyectadas de la historia que marcó los ’80. Declaración de intenciones pues. Y tiene todo el sentido. Como comentaba, la historia habla de la industria del cine, del motor de la creación, arte y la independencia frente a lo comercial, el blockbuster. Y en los ’80, esa dicotomía llegó a lo más alto con la coexistencia de productos como Indiana Jones, Star Wars, Regreso al futuro, con películas que seguían la senda del cine independiente marcada ya en los ’70. Y en este terreno se mueven los personajes que dibujan Manrique, Selvas y Aixalà. Además, sello profundamente del binomio Selvas/Manrique, integran el vídeo de forma orgánica para ayudar a la historia a contextualizar, a reforzar las transiciones y a terminar la historia con una broma fantástica y con un punto de mala baba que al propio Mamet le hubiese encantado. Moraleja: la maquinaria de Hollywood se lo come todo, lo filtra todo, lo empaqueta y lo escupe de manera violenta. Y nos gusta. Que sigan así en La Brutal, que no renuncien a lo comercial montando productos de esencia independiente.

 

Una altra pel·lícula de David Mamet.

Dirigida por Julio Manrique.

Interpretada por Julio Manrique, David Selvas y Mireia Aixalà.

Drama sobre el bien y el mal en la industria del cine.

Hasta el 29 de noviembre en el Teatre Borràs.

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