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Crítica de "Un peral entra por la ventana" de Marcos Fernández - Masteatro

Crítica de «Un peral entra por la ventana» de Marcos Fernández

EL IMÁN EN EL NIDO por Carlos Herrera Carmona

¿Hasta dónde puede llegar el cordón umbilical si lo estiramos? ¿Hasta cuándo la conexión con el útero? ¿Es ilimitada? A veces este lazo puede ser el látigo que nos azote durante toda nuestra existencia, que nos condicione, ancla para que la comodidad sea nuestro modus vivendi. En Un peral entra por la ventana la madre, como en tantas tragedias al uso donde el hogar es el punto inicial del centrifugado de todos nuestros traumas, extiende su avidez a la hora de controlar a sus dos vástagos sin darse por vencida: una perseverancia maligna, un hongo que todo lo invade. La madre es el vórtice una vez más de la desdicha. La castradora quien manipula a sus hijos y hace del lenguaje un arma aparentemente meliflua, quien construye sus oraciones desde su pedestal para ir minando las aspiraciones y los sueños de sus dos hijos, bien por insistencia, bien por indiferencia. La madre convierte su sabiduría por uso y abuso en pesticida que mata tanto lo malo como lo bueno.

La matriarca no ama; ella cree que ama y que los ama. Es el eterno cuento del Egoísmo que anula. Uno de sus hijos conseguirá salir de debajo de su falda. Tardío pero cierto, como dice el refrán, aunque ya ha quedado marcado, puesto que, aun habiendo despegado el vuelo, buscará en alguna parte otra placenta. De libro. El otro quedará no obstante apresado en el nido, víctima del chantaje materno y de su propia comodidad. Tanto ha sido el control de la madre sobre su descendencia que los han convertido en dos seres que sólo saben vivir de ilusiones – de hecho, uno de ellos es mago. Otra de las ironías de la obra es cuando la familia atraviesa y es atravesada por el tema de los refugiados cuando son ellos mismos unos refugiados en el regazo de su madre. Se quejan de su situación con pataletas infantiles. Su inconformismo, su insatisfacción vital es quasi adolescente: no me gusta mi realidad y le protesto a mamá. Afortunadamente la protesta va adquiriendo en uno de ellos un tono guerrero, epifánico. El conflicto en el interior del personaje quedará así resuelto.

La obra rueda ágil, con curvas peligrosas que inquietan y eso se agradece; la sátira política surge a lo Wilde al dejar con dulces puyas para que el público las recoja con una risa acertada;  los diálogos se adaptan al sentir de los intérpretes. Es palpable el trabajo coral donde quedan ecualizadas la intensidad y expresividad de cada uno de ellos. El toque de uno de los hermanos – no desvelaremos de qué se trata –  contagia al montaje de un halo de sorpresa que desconcierta para bien. Aprecio en el texto el contraste de la naturaleza ordenada que impera en el exterior con la invasión de ésta en el propio hogar. No olvidemos que es madre al fin y al cabo así que las dos fuerzas maternales ganarán la partida.

Un peral entra por la ventana puede ser catártico para los acomodaticios de turno y un denuncia social entretejida con delicadeza en el telar general de la obra.

Carlos Herrera Carmona es autor, director y crítico de teatro. Últimas publicaciones “Por culpa de los tiempos“ Grupo Éride) y Premio El Espectáculo Teatral 2023 por “El tiempo no hace ruido” (Edit. Irreverentes).

Instagram: @carlosherrerateatro Twitter: @cherrerateatro www.carlosherreracarmona.com

Autoría y dirección: Marcos Fernández. Reparto: Antonio Romero, Maya Reyes, Marcos Fernández y María Segalerva. Cía. Nueve Norte.

Teatro Lara. Sala Lola Membrives. 29 de noviembre de 2023. Madrid.

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