Crítica de ‘Tórtolas, crepúsculo y… telón’ - Masteatro

Crítica de ‘Tórtolas, crepúsculo y… telón’

En 1953, época en que la escena europea vivía una profunda remodelación, Francisco Nieva escribía una de sus obras más queridas, ‘Tórtolas, crepúsculo y… telón’, un diálogo mágico entre el arte tradicional y la vanguardia, desarrollado en un ambiente grotesco e, incluso, surrealista. Más de medio siglo después de su concepción, el propio Nieva ha tomado las riendas del proyecto para dirigir esta adaptación, realizada bajo la producción del Centro Dramático Nacional.


‘Tórtolas, crepúsculo y… telón’ es un texto eminentemente coral, una característica que ahonda en el barroquismo que impera en los primeros años de Nieva. Quizá éste sea el verdadero punto fuerte de la obra, que es capaz de mantener a un número muy nutrido de personajes en diálogo constante, creando una sinfonía muy interesante de voces con reflexiones no menos acertadas sobre los distintos conceptos de arte. En este contexto, nos adentramos en el terreno del meta-teatro, en el que Trapezzia (Esperanza Roy) y Zemira (Jeannine Mestre) debatirán abiertamente sobre los modos tradicionales y las nuevas tendencias, así como sobre el papel del espectador, bien como receptor pasivo, bien como sujeto activo de la narración.

Aunque se pueda clasificar como una comedia, el tono, más que arrancar risas, exige una labor intelectual que defraudará a aquellos espectadores que busquen un texto divertido y propenso a la carcajada. En ‘Tórtolas, crepúsculo y… telón’, esa comicidad se pretende a menudo de manera poco natural y con actuaciones –sobre todo por parte de los actores más jóvenes– poco brillantes. En el reparto cabe destacar la actuación de Manuel de Blas, que es capaz de dar vida de manera plausible a un personaje enigmático y algo oscuro como el de Senedian. De Blas no sólo mantiene un nivel bastante elevado en toda la obra, sino que incluso consigue conectar con el público de una forma que queda vetada para el resto del cartel.

Interesante es también la escenografía creada por el pintor José Hernández, muy a la altura de una gran producción y con una estética que, como apunta el propio Nieva, recuerda a las películas de Tim Burton. El vestuario de Rosa García Andújar también merece una atención, sobre todo en sus creaciones para Esperanza Roy, que a menudo nos recuerdan a cuadros de Klimt.

Con todos estos ingredientes, ‘Tórtolas, crepúsculo y… telón’ es una obra densa, dos horas –sin descanso– de reflexión artística, con toques de realismo mágico, una actuación no especialmente sobresaliente y una escenografía muy cuidada. Los seguidores de la obra de Nieva podrán disfrutar de su elocuencia y de un texto muy trabajado, aunque el resto saldrá de la sala con una sensación agridulce.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *