Crítica de Tirano Banderas

Crítica de ‘Tirano Banderas’

Todos los actores de Tirano Banderas están maravillosos. En términos actorales, yo me di un festín. La excelencia de estos actores es ilimitada y cuando por fin te has acostumbrado a ella, te sorprenden con otra joya en forma de personaje, gesto, emoción… Me sentía como una niña que pierde las horas frente a la vitrina de una pastelería porque no puede decidir cuál de esas maravillas le gusta más.

El comienzo de la obra es como subirse al coche de una montaña rusa y sumergirse en un profundo viaje hacia lo que no se entiende. Un viaje desde los individuos que configuran la historia hasta la Historia misma. ¿Puede un hecho aislado e insignificante herir de muerte al sátrapa más poderoso de América Latina? ¿Cuán grandes somos en nuestra individualidad? ¿Es la historia un decorado para nuestras vidas? O, ¿todos somos parte sustancial de esa instantánea?

En la mayoría de los casos, nuestra percepción del mundo se somete a nuestros caprichos. Pero inevitablemente, mientras escribimos nuestra propia historia, entre todos vamos escribiendo la historia del mundo.  Para el que intente mirar ese cuadro dónde se mezcla lo específico y lo general, la visión debe ser abrumadora. Personalmente, creo que debe ser una visión para mentes privilegiadas y clarividentes. Personas que son capaces de ver el caos y entenderlo. La apuesta valiente de Oriol Broggi, magnífico director de este edificio, es esta. Mostrar lo que ocurre sin pretender entenderlo. Porque lo humano es inmenso y grotesco; pero en la propuesta de Oriol Broggi cabe cierta belleza que, permitidme la modestia, no tengo ni idea de cómo ni de dónde la ha sacado. Quizá sean esas nubes al fondo, o la tierra que pisan los actores, o la deliciosa música o simplemente que en el mundo hay belleza.

«Creo en un grandioso porvenir para la novela, y en un grandioso porvenir para la vida. Ustedes lo verán, en cuanto sea superado el siglo XIX con su ridículo individualismo, con su criticismo menudo, con su visión detallista de miope, y vuelvan a sentir las gentes los hondos y eternos problemas que están en pie, no para resolverlos, cosa no concedida al hombre, pero sí para volverlos a ver con una nueva mirada. Éstas son las épocas luminosas de la humanidad; no en vano el hombre es un reflejo de Dios.» 

(Publicado en Anales de Literatura Española Contemporánea, 24, 1-2, 1999, pp. 193-211)
«Valle-Inclán en 1925: una entrevista olvidada» por Juan Rodríguez

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