Crítica de 'The Graffiti Classics' - Masteatro
The Graffiti Classics

Crítica de ‘The Graffiti Classics’

The Graffiti ClassicsLo que ha ocurrido hoy en la recta final del FEST, demuestra una vez más la variopinta cocktelera teatral y musical que está suponiendo esta semana la capital hispalense. La pareja de violines, el cello y el contrabajo venido y traído desde el Reino Unido ha “obligado” al respetable que hoy ha acudido en masa a la Plaza del Duque a tocar las palmas a ritmo de Strauss y Bizet y a entusiasmarse durante casi una hora y media de virtuosismo en 16 cuerdas.

La pretensión de The Graffiti Classics se ha visto no sólo alcanzada sino también recompensada. Vibrantes, hiperbólicos y fanáticos con su trabajo, los músicos de este cuarteto mantenían un estupendo pulso con la audiencia sin caer en tópicos, sin emular a nadie y aportando pinceladas sugerentes propias de un musical al uso. Y risas, muchas risas; y las palmas, muchas también las cuales daban buena prueba de ello.

Ha habido tres instantes de buen gusto escénico: la recreación de los sonidos de un barco, gaviotas incluidas -más que curioso-; la autocrítica hilarante de la patria de Cathal O’Duill (canto y contrabajo), Guinness incluida -lo socarrón al final del trago no tiene desperdicio-,y la participación de una espectadora en un triángulo pseudoerótico con el instrumento de este divertidísimo irlandés también incluido.

Así que rozando la parodia predecible, acercándose al lirismo, bordeando los ballets más folk y tentando la grata disposición del público, The Graffiti Classics consigue su éxito : en un “como si” placentero, en un hilar muy fino, en permutar sonrisa por risa, aplauso por silencio cuando ellos lo desean, gracias a una extraordinaria habilidad músical tal y como reseñó en su día el diario The Times de este cuarteto iniciado en el Covent Garden.

A sus espaldas, desde giras internacionales hasta actuaciones privadas a la familia real inglesa y un merecido “The Spirit of Fringe” en el Festival de Edimburgo. Y en sus piernas, el ritmo de las melodías que tocan que incluyen desde tango hasta can-can. Cantidad y calidad. Fogosidad y coreografías simpáticas que colorean sus interpretaciones de los clásicos de siempre. A destacar que todo esta labor se proyecta en agradar tanto al público adulto como a los más pequeños. En la sala se podía ver a niños que seguían los compases de esta troupe sin dejar de pasárselo en grande y divertirse con piezas de Bach o Pachelbel.

Bis al final. Espectadores en pie. Bravos operísticos. Reverencias y más aplausos. Y nosotros que hemos disfrutado como ya lo han hecho en medio mundo de este, como ya lo ha calificado la crítica experta, “concierto familiar“.

Mañana, repiten. Anímense a probar con estos virtuosi de andar por casa acompañados de su humor elegante y sin faltar, insisto, el buen gusto. En el Teatro Duque/La Imperdible y a dos días de la clausura del FEST.

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