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Crítica de 'Teatro para pajaros' - Masteatro
Teatro para pajaros

Crítica de ‘Teatro para pajaros’

Teatro para pajaros

Cárol López, directora artística de La Villaroel, ha abierto las puertas esta temporada y allá había seis personajes intensos, dramáticos, hirientes, cáusticos, desequilibrados y pasionales. Estaban allí, como enjaulados, sufriendo y viviendo con intensidad cada palabra dicha. Dicen que así trabaja el director Daniel Veronese, un tipo que hace sudar la camiseta al actor y que al espectador le exige una fuerte implicación intelectual. Si todos los textos de Veronese tienen la profundidad de Teatro para pájaros, a este señor lo acabarán estudiando en las universidades.

Llegas y te encuentras una mujer sentada detrás de una mesa y otra estirada en el sofá. La mujer de la mesa empieza una discusión con un hombre que aparece. Le cuenta un suceso extraño que le ocurrió ayer. Este suceso ya sienta las bases para entender que los comportamientos humanos que se nos presentarán serán ilógicos e irracionales. Veronese seguro que es un buen estudioso de todos los géneros, pues en cada momento sabe combinar el drama entre los personajes con la comedia cuando algunos personajes se ridiculizan. Y Buñuel también debe ser una fuente de inspiración, pues esta doble moral, estos aires de grandeza de algunos de sus personajes rayando el patetismo y también por este surrealismo irracional donde los personajes pasan de la euforia a la furia en cuestiones de segundos.

No es una historia al uso, bien podría serlo, pero Veronese decide explotar su propia manera de explicar las cosas. Y lo hace des de la asfixia, en el espacio y en el texto. Un espacio formado por un pequeño salón cuadrado con una mesa y un sofá y dos puertas por donde salir. Y allí están los seis personajes encajados como pueden, en perpetuo contacto físico. Así pues tenemos a un hombre cuya mujer, actriz, ha escrito una obra de teatro. En la calle ha sucedido un macabro suceso que provoca la visita por sorpresa de un productor teatral y su pareja (quien había estado años atrás con el primer hombre). La mujer y su marido intentarán convencer de las bondades del texto que ha escrito y que supuestamente ella entregó en la oficina del productor hace unos días. A parte, por allí deambulan otra pareja quienes viven con el primer hombre y su mujer. Él es hermano de la mujer actriz-escritora, ella una mujer deprimida y bipolar. Los cuatro de la casa trabajan en un teatro que ayer hizo su última función pues lo van a derruir para hacer un restaurante chino. Un buen galimatías de relaciones vaya. Estos seis seres humanos tienen muy claros sus objetivos, pero la verborrea les pierde. Hablan y hablan, se intentan convencer unos a otros, seduciéndose, intimidándose, pero sea por el factor externo o los propios miedos todo se retrasa y se da mil vueltas (hasta vivimos desdobles de personalidad) para llegar a decir algo aparentemente tan fácil como “no te quiero” o “no me interesa”.

Dicen que Veronese ha logrado conquistar nuestro público con algún que otro Chéjov de buena factura. El ruso, otro autor de dramas mayúsculos, maestro en dotar de complejidad los estados de ánimo de sus personajes. Pero además en este texto Veronese se alinea con Pirandello, Brecht, y una larga lista de autores que han hecho metateatro. Y es que en Teatro para pájaros se  habla de las relaciones humanas, así como de las relaciones dentro y con el teatro, como distintos personajes tópicos del mundo del teatro hablan sobre sus intereses y sobre si mismos. Y sabiamente el argentino, usa ese recurso combinado a este surrealismo cómico para rizar el rizo y darnos a entender que lo que vemos allí está ya escrito en la obra que ha escrito la actriz y que resulta infumable (e inflamable) para el productor. Y un servidor que se ríe con el autor al cachondearse de si mismo como figura teatral.

Es una lástima que el gran público no se lance en hordas a ver esta función. Da igual, los actores se entregan aunque haya menos de media platea ocupada y para muestra un botón: en los saludos una de las actrices, cuyo final raya la poesía más sublime, agradece con los ojos mojados mientras otra, cuyo personaje es borde y prepotente, lo hace con el mismo gesto perdonavidas con que ha abandonado el escenario. La intensidad a flor de piel, marca de estilo de Daniel Veronese.

Teatro para pájaros de Daniel Veronese.
Dirigido por Daniel Veronese.
Con Gema Matarranz, Manuel Salas, Elena de Cara, Enrique Torres, Asunción Ayllón y Paco Intestrosa.
Escenografía de Daniel Veronese.

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