Crítica de Taitantos
Taitantos

Crítica de Taitantos

Nos duele envejecer, pero resulta
más difícil aún
comprender que se ama solamente
aquello que envejece.

Luis García Montero

Taitantos vuelve a la cartelera madrileña de la mano del teatro Bellas Artes después de triunfar en el Lara y el Cofidís, lo que habla de la buena aceptación que este monólogo escrito por Olga Iglesias e interpretado por Nuria González ha tenido entre los espectadores de la capital. Y es que el humor, cuando es conducido por grandes figuras de la comedia, siempre funciona.

Aunque las carcajadas están aseguradas durante buena parte de la interpretación, el texto en sí no aporta grandes novedades al género. Nos encontramos ante una mujer de 47 años, con una grave crisis de identidad, angustiada por el paso del tiempo y estresada por las dificultades para dominar a una hija adolescente y, sobre todo, para gustar a algún hombre de cierto interés. Los temas también son recurrentes: la lucha contra el reloj, las ganas de aparentar o la necesidad de aceptarse a uno mismo a pesar de las circunstancias.

Sobre las tablas vivimos la decadencia de una bloguera de éxito, en otro tiempo atractiva y seductora, pero incapaz de rehacer su vida después de una ruptura dramática, una historia a priori trágica, pero que el guión es capaz de pulir para extraer de ella el lado más divertido. Quizá ése sea el mayor mérito del texto: conseguir que el público se identifique con el personaje, acepte sus desgracias y se ría con ellas. Si bien es cierto que a menudo lo consigue a base de recursos poco sutiles.

Sin lugar a dudas, el éxito de la obra radica en el buen hacer de Nuria González, una auténtica maestra sobre el escenario en el dominio de los tiempos y de la comunicación con el público. Ella sola es capaz de levantar el interés en los momentos de menor tensión narrativa, especialmente en los minutos centrales, cuando la reiteración de recursos hace acto de presencia y amenaza con romper el equilibrio logrado hasta ese momento. En esos compases, la vis cómica de Nuria González sale al encuentro del espectador para devolverlo a ese juego entre trágico y cómico que nos propone el texto, y resurge de manera imparable durante el último tercio de la obra para llenar por completo el escenario. Ese esfuerzo sería menos necesario con una reducción de metraje, valga el símil cinematográfico.

Con una puesta en escena sobria y minimalista, sólo los cambios de vestuario de la protagonista y las proyecciones del videoblog en una pantalla, rompen la estética que acostumbramos a ver en los espectáculos de stand-up-comedy que inundan la cartelera.

Taitantos recoge las ganas de diversión del público y se las devuelve en forma de risas durante gran parte de la obra, una buena terapia para desconectar y olvidarse del tiempo… al menos durante 90 minutos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *