Crítica de ‘Su seguro servidor, Orson Welles’ - Masteatro

Crítica de ‘Su seguro servidor, Orson Welles’

«Su seguro servidor, Orson Welles”. Con estas palabras, el genio creador de ‘Ciudadano Kane’, para muchos la mejor película de todos los tiempos, despedía sus programas radiofónicos en las ondas norteamericanas, unas palabras que han sido rescatadas décadas más tardes por Richard France para titular esta particular visión de los últimos años de Welles, denostado por la industria y olvidado por las grandes productoras de Hollywood. Pero, ¿cómo afrontar en apenas hora y media la historia de un hombre que ha destacado sobremanera como director, actor, novelista, articulista, presentador radiofónico y hasta prestidigitador? La tarea no es sencilla, pero France es capaz de sintetizar en estos minutos ese continuo fluctuar en la vida del artista, desde que sembrara el pánico en Estados Unidos con ‘La guerra de los mundos’, hasta sus años de decadencia.

La historia se desarrolla en un único espacio: el estudio de grabación donde Welles pasó sus últimos años de vida haciendo anuncios para la radio, locuciones sobre laxantes, comida para perros o guisantes, un trabajo menor para un artista cuyo último deseo es rodar el proyecto en el que lleva trabajando 30 años: su inacabada película sobre Don Quijote. A lo largo de toda la obra, un Welles de 70 años –moriría pocos meses después– espera la llamada del ya famoso y encumbrado Steven Spielberg para culminar su proyecto, algo que nunca llegó a suceder.

Durante todo el tiempo que dura la obra, France hace un recorrido en forma de monólogo por todas las etapas de la vida del genio, para lo que utiliza textos originales de Welles y grabaciones sin editar, muchas de ellas tomadas en los descansos de sus programas y sus locuciones. Con todo este material, este experto en la vida y obra del  director de ‘La dama de Shanghai’ construye un texto plagado de citas y de vivencias reales, un cúmulo de datos de gran interés que nos hablan de su atracción por la magia y los toros, de sus desavenencias con William Randolph Hearst, de su vida sentimental junto a Rita Hayworth, de su admiración por David Wark Griffith o de sus éxitos con Otelo y Macbeth.

Pero estos años de esplendor ya han pasado. Nos encontramos a mediados de 1985, pocos meses antes de la muerte del artista, justo cuando se cumplen 12 años de su última película. Durante más de una década, uno de los directores más grandes de todos los tiempos ha sido olvidado por las grandes productoras de Hollywood, algo que va minando el carácter de Welles hasta convertirlo en un ser huraño. Su voz tampoco es la misma: aquel torrente sin fin es ahora un sonido ronco y áspero que sólo el trabajo de la tecnología es capaz de otorgarle algo de vigor. Sin duda, uno de los momentos más intensos de la obra es cuando el joven técnico de sonido, interpretado por Jaume Ulled, le recuerda que ya ni siquiera tiene voz para grabar anuncios: “sin mí no eres nada”, le increpa a un Welles que no puede contener las lágrimas. Ha pasado más de una hora de función, y aquel genio que se presentaba fumando un puro y con una copa en la mano tras la subida del telón es ahora un hombre abatido, triste y solitario.

‘Su seguro servidor, Orson Welles’, huye de cualquier elemento superfluo para centrar toda la fuerza de la obra en el trabajo del protagonista, José María Pou, que se pone en la piel del genio norteamericano para firmar una actuación que merece el mismo calificativo. Sobresaliente en todas las facetas, Pou consigue que el espectador vea al propio Welles sobre el escenario, rompiendo los límites entre ficción y realidad con una actuación sólo al alcance de los grandes maestros de la escena.

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