Crítica de Sota la ciutat - Masteatro
La Planeta , passi de gràfics de Sota la ciutat , espectacle de Llàtzer Garcia Cia Arcàdia. Temporada Alta

Crítica de Sota la ciutat

La chispa para encender el motor de la creación se puede prender de la manera más insospechada. Con un simple paseo, con una noticia vista en el telediario… o con un pasaje de otra obra literaria. O con un homenaje velado, pero con mucho sentido, a la figura de un creador, un director maldito. De esas dos fuentes se ha alimentado Llàtzer García para escribir y dirigir “Sota la ciutat”, otra propuesta escénica dramática tras el éxito de “La Pols” (“Cenizas” en Madrid). Dice que después de leer un pasaje de Revolutionary Road de Richard Yates (película que inmortalizaron Leonardo di Caprio y Kate Winslet) empezó a dibujar los dos personajes protagonistas, Dalia y David, una pareja que deciden huir de su vida insatisfactoria en provincias e instalarse en la gran ciudad, Barcelona. Ésta les engulle y sacude sus vidas y sus sueños, aunque lógicamente esto no lo saben. Por otro lado, hay otra chispa, la que dibuja sin duda el personaje más interesante y rico de la obra, el director teatral Narcís Munt. Dice García que la inspiración para la creación del maestro se la dio el desaparecido Jordi Mesalles, el paradigma de director maldito, renegado y quien renegaba de una estandarización del teatro, un apocalíptico de manual. Les recomiendo la lectura de la necrológica que publicó El País escrita por su amigo Joan Ollé. Refleja fielmente (al menos según la opinión de alguien que le conoció muy bien) lo que fue Mesalles y lo que es Munt en la obra. Dos chispas creativas para crear un fuego donde arden reflexiones sobre el sentido de la creación, de las artes escénicas, sobre lo que es bueno y malo, sobre la sinceridad y la hipocresía, sobre las actitudes del ego creativo en pleno siglo XXI.

Junto con su compañía Arcàdia, García ha escrito una historia donde se tejen distintas relaciones entre sí contaminadas por unos sueños de grandeza artísticos que termina, en algunos casos, corrompiendo su sentido crítico de la realidad y en otros dejándose llevar por la rebelión y la contestación, perdiendo de vista (sobre todo los recién llegados) sus primeros sueños. Ya lo hablaba hace algunos años Umberto Eco, el mundo de la cultura se divide entre apocalípticos o integrados. Por eso, en la obra hay dos estándares de cada corriente (Bárbara Bonay, la integrada/ Narcís Munt, el apocalíptico) que se hacen fuertes con sus discursos y sus acciones arrastrando y dividiendo la pareja formada por Dalia, la aspirante a actriz y David, el escritor en ciernes. Mientras Míriam, la menos soñadora, la que su única ambición es que su relación con Munt, su marido, no vuelva a los infiernos del pasado sin que la relación con su hermana, Bárbara, no se vea afectada.

Está claro que el posicionamiento del autor frente a los corrientes ideológicos de sus personajes no es claro del todo. Probablemente sólo le importa apuntar los hechos y las acciones y ver como eso afecta a sus personajes. Pero todo termina en un punto, y es en el elogio a la mediocridad donde García levanta el dedo acusador contra la sobrevaloración del talento, de la modernidad, del falso éxito, y sobre todo de como la hipocresía termina afectando todos los estamentos de la cultura y la creatividad. Pero no vean esta obra como un elogio al outsider apocalíptico que se lo carga todo. Probablemente no existe el apocalíptico real, pues hasta éste termina siendo integrado en su propia corriente o en la de los propios integrados. Y tampoco no es que la obra de la compañía Arcàdia sea rompedora e inaccesible para el gran público, tanto en forma como en contenido. Porqué de hecho, probablemente, lo que más le interese al autor sea el tejido emocional que no la crítica subrayada a Barcelona y su modernidad impostada.

Al servicio de esta historia están algunos de los actores propios de la compañía y otros sumados al proyecto. No hay ninguna nota disonante en ellos y un par de interpretaciones contundentes, las de Albert Pérez, dando rabia, nervio y ternura al personaje de Narcís Munt, el director maldito y que maldice; y la de Muguet Franc, una actriz con un registro dramático auténtico. ¡Qué gustazo ver una buena interpretación gestada desde la mirada!

 

Sota la ciutat de Llàtzer Garcia y Arcàdia.

Dirigida por Llàtzer Garcia.

Interpretada por Marta Aran, Oriol Casals, Muguet Franc, Laura López y Albert Pérez.

Drama crítico.

Hasta el 1 de mayo en el Espai Lliure de Montjuïc.

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