Warning: Declaration of SplitMenuWalker::walk($elements, $max_depth) should be compatible with Walker::walk($elements, $max_depth, ...$args) in /home/customer/www/masteatro.com/public_html/wp-content/themes/wt_chapter/functions.php on line 35
Crítica de 'Senyoreta Júlia' - Masteatro
Senyoreta Julia

Crítica de ‘Senyoreta Júlia’

Senyoreta Julia

El Grec 2012 continúa su camino. Ahora ha bajado a la cocina de una casa señorial de Londres al final de la Segunda Guerra Mundial para mostrarnos como celebran la victoria de los laboristas (y derrota de Winston Churchill) tres personas: Cristina, la cocinera, John, el chófer, y por supuesto la señorita Julia, hija de los señores de la casa. Estos tres personajes soportan el peso dramático de Senyoreta Júlia, una obra escrita a finales del siglo XIX por August Strindberg y que supuso un choque frontal contra ciertos valores morales de aquella época y un ataque contra  la burguesía sueca del momento. El texto pasó a ser con los años un clásico indiscutible del teatro, representada en todo el mundo y adaptada en distintos formatos. Precisamente la versión que nos llega al Romea es una adaptación fantástica que hizo Patrick Marber en el 2003 en Inglaterra situando la acción en la noche de las elecciones de 1945 cuando el país vivió un cambio político histórico. Y en casa de la señorita Julia se celebra una buena fiesta, una buena juerga donde Marber enfrentará a  sus tres personajes en su particular lucha de clases y de sexos.

Porque en este texto hay una lucha constante entre estas variables, la clase y los sexos. Por un lado, está el estamento de los criados, del servicio de la casa representado con gran aplomo y dignidad por el chófer John (Julio Manrique) y la cocinera Cristina (Mireia Aixalà); en el otro está la señorita Júlia (Cristina Genebat) quien decide bajar a la cocina para bailar con John. Pero claro, ¿que pueden decir los invitados de arriba, ebrios y danzarines, de esta señorita? ¿Cómo se debe interpretar esta visita, este baile con un criado? Las habladurías llenan la casa y ya se oyen des de la cocina. Cristina no se da cuenta aún, intuye que la señorita Julia está buscando a su novio, pero ella es servicial abnegada y se retira vencida por el cansancio a su habitación. Él aguanta estoicamente la seducción de ella, manteniendo la distancia de clases que tan bien le va en estos momentos. Pero la señorita Julia no es solamente la hija del señor, es también su primer y único amor. Y, parece ser, que para ella también lo es John. Pero, ¿cómo luchar contra la diferencia de clases? ¿Cómo respetar y ser respetado si ya han saltado todas las barreras que los salvaguardaban? Cuando la pasión y el amor acaba derribando estos muros, ¿qué les queda a estos diablos, si no saben vivir de otra forma que no sea des de su posición social? Pero no sólo se resguardan en sus estamentos sociales, los dos se sienten fuertes en su condición sexual. Ella se presenta como una gatita seductora que termina siendo una leona, él un gentleman dócil que sabe sacar también su faceta más salvaje y violenta. Se quieren, pero se hieren; se besan, pero se pegan; y en medio esta Cristina que cuando descubre el pastel es la única que, sin pelos en la lengua (si hay que decir puta a la señorita se dice), sabe mantenerse en su posición de futura esposa, con su posición social, sin creerse sueños y alquimias en la Gran Manzana.

Esta historia trata sobre luchas de clases, de la erótica del poder, de roles impuestos por determinismo que se intercambian, se van alternando las posiciones de fuerza entre este triángulo mediante frases, gestos y miradas tan llenas de amor como de desprecio y violencia. Así, con tanta crueldad no es de extrañar que John acabe dando la orden que la señorita Julia le pide que le mande. Buen texto, ejemplo de cómo crear un buen drama mediante unos diálogos excelentes y, para demostrar el talento como dramaturgo, con un potente macguffin para un desenlace fatal.

Además un texto como este necesita de unos buenos ejecutores y que duda cabe de que el trío formado por Julio Manrique, Cristina Genebat y Mireia Aixalà está a la altura del texto. Es este texto una perla para cualquier actor de raza, para soltar su carácter y en ello se esmera mucho sobretodo la Genebat, esa señorita Julia que se sube a la mesa para ridiculizar a su amante y sirviente con tanto desprecio como la obediencia con que acata las últimas órdenes que le dará él. Un papel con carácter para una actriz de fuerte personalidad. Tres actores de raza para un texto dramático dirigido eficazmente por Josep Maria Mestres.

Senyoreta Júlia de Patrick Marber.
Director: Josep Maria Mestres.
Intérpretes: Júlio Manrique, Cristina Genebat i Mireia Aixalà.
Escenografía: Pep Duran.
Drama sobre el amor y las luchas de clases.
Hasta el 29 de Julio en el teatre Romea

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.