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Crítica de Rhum

El circo cumple una función muy importante, construir un mundo propio, un universo sin leyes, anárquico, donde lo único que vale es la risa, la carcajada a mandíbula batiente. Con el circo uno olvida su día a día, su rutina. Pero dentro del circo hay mucha mitología sobre todo en torno a la figura del payaso: el payaso triste, el payaso alegre, el listo, el tonto, el cara blanca, el de la nariz roja. Una dualidad muy marcada, entre la comedia pura y dura y la tragedia, (ganando siempre la primera, claro está). En Rhum esa dualidad marca todo el espectáculo, toda la dramaturgia. En el Teatre Lliure se presenta estos días este espectáculo dirigido por Martí Torras. Ya estuvo el año pasado y esta Navidad ha vuelto a Gràcia para volver a recoger las risas de todo el público.

La idea que subyace en Rhum es la de homenajear a Enrico Jacinto Sprocani, conocido como Rhum, un payaso de la primera mitad del siglo XX que alcanzó fama mundial y fue muy reconocido en su gremio. Para hacerlo los autores, Joan Montañés ‘Monti’, Martí Torras y Jordi Martínez pensaron una historia en que una compañía de payasos recibía el encargo de un teatro para hacer para mañana un espectáculo circense, pero con una condición: la participación del payaso Rhum. Pero éste, según dicen sus compañeros, está de vacasiones. Así, se ven obligados a reestructurar el show y a tener que despertar a la bestia, el señor Martínes. Durante algo más de hora y media, estos payasos harán distintos números típicos de los payasos como si fuera un ensayo para el día de mañana. Pero bajo este homenaje yace otra tragedia aún mayor, la muerte de ‘Monti’ en 2013 cuando estaban preparando el montaje. De esta manera, se readaptó el montaje para hacer extensible el homenaje hacia el creador de la compañía Monti & cia.

Encarando la muerte con valentía, riéndose de la tragedia del desaparecido, este espectáculo homenajea a Rhum, pero muchas de las reflexiones y las palabras que van dirigidas al maestro, en el fondo van para Monti. “Jo no quiero hacer más de payaso, si no estás tú” reclama Jordi Martínez en un momento del show que rompe con las risas para hablarle al ausente y al dolor que les causa a la compañía. Pero sólo es un espejismo, the laughs must go on. El homenaje se ve también en el vestuario, en los baúles con el nombre de la compañía o en la sombra chinesca con la trompeta. De Rhum se coge sus números y su esencia en ciertos gags, en la interacción con el público (el reparto de holas) y la relación de los payasos entre sí.

Todo el espectáculo busca y encuentra al público a través de una dinámica sucesión de números donde los personajes se van presentando y se mantienen en sus roles. Todo el humor que hay en los gags de los payasos es de trazo grueso, bromas repetidas causando la divertida sensación de bucle, referencias a la actualidad, referencias a expresiones, a películas. En el folleto ya avisan de que el espectáculo será en catalán, castellano y montinià. Porque uno de los aciertos de la historia está en la perversión del lenguaje, decir las cosas de una manera diferente e incorrecta dando a entender muy bien la intención de las palabras. Y no siempre se habla, pues el personaje de Peppino (Pep Pascual) se comunica con bocinas y todo tipo de instrumentos que emiten sonidos cargados de significado.

La música y la fanfarria están presente en muchos momentos del show, demostrando que el oficio del clown es sin duda multidisciplinar. Es de admirar ver a estos señores sincronizar todas las entradas, todos los movimientos, todos los juegos y los escondrijos manteniendo la naturalidad y la comicidad en todo momento. Por eso brillan por encima de todos los números, el de los Swimming Brothers (y ese rap de Guillem Albá), el de la cucinna mediterránea y un epílogo fantástico, como si fuera un extra de regalo, con toda la banda tocando los instrumentos artesanales del propio Pep Pascual.

Con este Rhum, el legado del ausente ‘Monti’ se hace más vivo que nunca. Igual que el del italiano Rhum. Pero sobre todo el que sale reforzado es el circo en sí mismo. Una reivindicación histórica al payaso, al circo y a la libertad más creativa, aunque ya nos conozcamos todos los trucos y números. Con estos cinco creadores, estos clowns, el día no puede terminar mejor.

 

Rhum de Joan Montañés ‘Monti’, Martí Torras y Jordi Martínez

Dirigida por Martí Torras

Interpretada por Guillem Albà, Jordi Martínez, Joan Arqué, Roger Julià y Pep Pascual.

Payasos homenajeando payasos.

Hasta el 10 de enero en el Lliure de Gràcia.    

 

 

 

 

 

 

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