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Crítica de 'República bananera' - Masteatro
República bananera

Crítica de ‘República bananera’

República bananera

No deja de ser curioso que dos obras como Coriolà y República Bananera coincidan en la cartelera, dos obras tan alejadas a primera vista pero tan cercanas en el fondo temático: política, democracia y poder. Pero mientras la obra de Rigola es una adaptación de un texto de Shakespeare, la nueva obra de la compañía La Barroca representada en el Versus Teatre es un texto de creación propia con lo cual la denuncia humorística a los sistemas políticos es mucho más directa. Será cuestión de crisis.

Escrita por Joan Yago, República Bananera tiene un punto de partida magnífico. 1947, en la isla de caribeña de San Jorge, una pequeña colonia turística en la costa de Guatemala, hay un crucero británico lleno de burgueses chics con gustos refinados y dados al hedonismo del bon vivant. Pero una orden de Gran Bretaña obliga a los pasajeros a evacuar la isla por temor a una represalia pues la isla ha dejado de ser otra colonia del primer mundo. Pero no todos los pasajeros están dispuestos a dejar el margarita a medias. Así, abandonados a sus suerte, en un ambiente de lujo, con todo lo que necesitan para sobrevivir y más, se quedan dos mujeres y el capitán, que ya se sabe que siempre tiene que ser el último en abandonar la nave. Y aún más si se ha de fundar una república y decidir los estatutos.

Dos mujeres y un hombre. Bien podría ser eso un vodevil, una guerra de sexos sobre quien se lleva el capitán a la cama, pero a los autores no les interesa esto (aunque sí que dejan ir un poco de tensión sexual). La farsa es, en este sentido, mucho más profunda e intelectual. Una vez deciden hacer de aquel paraíso una república, la cuestión es qué tipo de república. Y aquí chocan los caracteres de las dos damas, en una espiral de cinismo que acabará violentamente. Una dama ha venido a la isla a desinhibirse, a olvidar reglas, a darse un atracón de sol y arenas blancas sin pudor alguno; la otra dama ha venido a pasear su sofisticación, es una viva estampa chic de la señorita británica de buenos modales, del meñique levantado. Y por supuesto, las dos no están dispuestas a ceder ni un milímetro en la configuración del perfecto modelo de República. Así una es más de la escuela de las reglas, de las imposiciones, de las leyes morales, y la otra pretende abolir cualquier decreto en pro de la absoluta libertad individual y, sí, no pasa nada por confundir libertad con libertinaje. Y en medio está el seductor capitán, que no se moja y que decide coger la botella de champán y servirse todas las copas posibles. Aunque al final y viendo que la cosa está subiendo de tono decide de producir una crisis en la harmonía de la isla para restablecer al final la unidad. La verdad, estaba mejor calladito y amorrado al champán.

La obra es sin duda hilarante en el retrato de todos los personajes poniendo énfasis en la manera de hablar de los personajes con ese tono british, y además le da una vuelta de tuerca al montaje incluyendo distintos números musicales muy bien interpretados por los actores, con ritmos caribeños, como la fantástica canción de Mercé Boher a lo Carmen Miranda.

En el apartado interpretativo he aquí varios descubrimientos. El primero es, sin duda, Mercé Boher, la liberada, que se lleva todas las risas del público con sus groserías y su interpretación tan expansiva. Mujer de gran vis cómica, me recuerda a otra actriz que este año ha logrado su eclosión en L’any que ve será millor, Alba Florejachs. Boher es sin duda una de las sorpresas del montaje y, esperemos, una mujer que dará que hablar. Pero la siguen de bien cerca los otros dos intérpretes, Cinta Moreno, la sofisticada, y Arnau Puig, el capitán. Mientras Moreno está correcta, Puig sobresale por un atributo único, su voz. Con resonancias a Jordi Boixaderas, el actor tiene la suerte de contar con una voz grave y poderosa que le da a su personaje una presencia y una autoridad con la cual juega a la seducción y donde resalta también en su número musical en solitario. Otro actor al cual habrá que seguirle la pista, que se hará escuchar.

Así a ritmo caribeño y con la risa en el rostro, los espectadores nos queda claro que la construcción de la democracia es una entelequia, una excusa para crear un buen texto con ritmo que funciona gracias a los opuestos, la razón contra el caos, la rigidez moral contra la libertad desvergonzada. Y al final todo es culpa del ser humano, y lo que podía haber sido un paraíso perfecto en una isla idílica se transforma en un pequeño cosmos absurdo, cruel y violento.

República Bananera de Cia La Barroca.
Texto escrito por Joan Yago.
Dirigido por Israel Solá.
Interpretado por Mercé Boher, Cinta Moreno y Arnau Puig.
Escenografía, vestuario e iluminación Albert Pascual y Elisenda Rodríguez.

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