Crítica de 'Queipo, el sueño de un general' - Masteatro
QUEIPO, EL SUEÑO DE UN GENERAL.

Crítica de ‘Queipo, el sueño de un general’

QUEIPO, EL SUEÑO DE UN GENERAL.

LECCIÓN DE HISTORIA, LECCIÓN DE VIDA

Comenta Dechent del personaje al que le da vida, Gonzalo Queipo de Llano, que su sombra aún planea por la ciudad de Sevilla. De hecho, la palabra Queipo para mi -nacido en el 70 y en Sevilla, pertenece a la infancia, cuando, llevado por esa fe de algodón de feria que nos regalaban para hacer la comunión- entraba yo en la Basílica de la Macarena -edificada sobre las ruinas que dejó el bombardeo del local “rojo” que allí existía- y veía -y veo…- la tumba de este militar cretino y pomposo en pleno altar y su fajín escarlata alrededor de la cintura de la imagen de la Virgen -fajín que ha lucido hasta hace no mucho. Sevilla mostrando, para variar, más sombras de su barroco que sus luces. También oía yo cómo algunos sordos de mis conciudadanos seguían llamando a la avenida principal de la ciudad, bien entrada la democracia, tal y como cuando fue bautizada con el nombre de aquel militar, despiadado y ególatra, al que Dechent le pone alma, carne y hueso con la veracidad que siempre desprende su voz.

Ayer asistí a la lección de historia de España por la que pasaron de puntillas -y algunos la obviaron directamente- mis profesores en los 80. Alvarez-Ossorio recopila a través de un exhaustivo trabajo de investigación histórica, documentación y archivística la vida y milagros de este Queipo de Llano, la reestructura y nos la ofrece en forma de guión dramatizado. Agradeciendo su labor de informador y denunciante, cierto es que la densidad de datos y eventos concatenados restan la velocidad necesaria para mantenernos atentos al cien por cien y la denuncia en toda regla vele y solape instantes dignos de elogio a nivel interpretativo.

Y en ese nivel interpretativo -con la venia, señor Dechent- prefiero situar el cenital sobre la actriz Amparo Marín quien interpreta a Maruja, la hija del General. Su figura, diseñada en vida y en ficción para moverse bajo las arengas, las verborreas dementes y los pensamientos inspirados en los infiernos de su padre, me sugiere aquellas damas elegantemente atormentadas de las obras de J.B Priestley. Maruja parece haber salido del reparto de “Llama un inspector” donde sus manners y su capacidad para transmitir el tormento que le incrusta su padre, la lleva a su rebelión feminista del final para que la demuestra sus dotes más sorprendentes -voz y mirada- con el sello de alta comedia.

Destacar, asimismo, la versatilidad y animosidad que le proporcionan al guión el dúo Campos/Boixader. Figurantes o clowns falangistas, clero o soldadesca, ambos actores logran colorear las imágenes que se proyectan donde se deja patente el horror, el fanatismo y las consecuencias imborrables de este Queipo de Llano. El público se divierte -y los más arcaicos, al menos se sorprenden- cuando Boixader interpreta al Caudillo en el sabio límite entre la mofa y la realidad.

Es de agradeder sin duda la licencia shakesperiana que se toma Alvarez-Ossorio cuando hace recitar a Dechent los versos blancos de Ricardo III, ya que éstos van aderezando el guión para contribuir y potenciar el paralelismo literario de este rey inglés con la figura, también sanguilonenta y ambiciosa, de Queipo. Los delirios y arrebatos de Queipo/Ricardo III sobre el escenario permiten a Dechent dotar a su personaje de un halo de solemnidad que nunca tuvo, aunque refuerza la idea, ayudado por el bardo inglés, sobre lo ruin y bestia que puede convertirse un hombre con bastón de mando, ejércitos y una ciudad rendida a sus pies. La mezcolanza historia-literatura-invención y lección de vida queda pues sin aristas.

Estremecedores, como son y como los lanza Dechent, los parlamentos del protagonista frente al micrófono de Radio Sevilla, su púlpito de locura y desvarío, cuando alertaba a los pueblos de Sevilla a que preparasen sus sepulturas amén de otras lindezas prepotentes y asesinas cuando daba carta blanca a eliminar lo que para él, sobraba. Echo en falta un final para este montaje más apotéosico en forma de palabra que no de sorpresa.

Este docudrama teatral merece estar en escena. Tal vez, como en toda dirección artística que se precie, el sello ideológico de quien la dirije, la escribe o la versiona puede o no ser inherente a lo que percibimos. Sin embargo, como afirma Ossorio, él tan sólo se acerca a la verdad sobre aquellos acontecimientos, pues dice que “un pueblo sano es el que es capaz de no olvidar los momentos funestos de su historia”. Los que sólo hemos conocido tumbas y palabras en el aire o no nos han querido explicar la España de los años 30, 40 y 50, al menos, nos queda el Teatro para instruirnos en un Bertolt Brecht style, eso sí, sin la presión de las aulas.

QUEIPO, EL SUEÑO DE UN GENERAL.
Producción: Fundación-Escarmentados.
Dirección y dramaturgia: Pedro Alvarez-Ossorio.
Reparto: Antonio Dechent, Amparo Martín, Antonio Campos y Oriol Boixader.
Teatro Juan Bernabé. Lebrija, Sevilla. 26 noviembre.

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