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Crítica de Platonov - Masteatro

Crítica de Platonov

Se presentaba el Platonov de Luk Perceval con los belgas NTGent como uno de los platos fuertes de esta edición del Grec. Se habla de este director como una de los creadores europeos más radicales, que investiga, experimenta y arriesga para versionar los clásicos de manera abrupta y vulgar. No lo tomen como un descalificativo, esta versión del clásico de Txékhov no es que sea vulgar, sino el tono, la construcción de los personajes, el juego escénico. Todo es grotesco, propenso a la fealdad, al expresionismo más terrorífico. Perceval ha montado un Platonov impactante, seco, pesado, hasta desagradable de ver, pero aun así profundamente hipnótico. Una historia de amor, de obsesiones, una tragedia humana construida desde los nueve actores, sin artificios, ni decorados.

Se supone que la historia relata una velada nocturna, un encuentro entre amigos en cada de la viuda Anna Petrovna. En ella y después de una larga y aburrida espera, llega Misha, Platonov, un hombre mayor que erra sin destino alguno, un hombre que se nos presenta como un hombre mareado, sin rumbo, perpetuamente en soledad, aun presentarse con su esposa Sasha. Platonov es agresivo y tóxico desde un buen principio, capaz de saludar a Sofía (amor de su juventud y próxima esposa de su amigo de colegio, Sergei) con los pantalones bajados o de despreciar a sus amigos. Pero Platonov es, a pesar de todo, un hombre querido. Todos le tienen una cierta estima, y él, a su manera, responde. Su amor no tiene límites para las mujeres. Las desea a todas, pero es incapaz de demostrar un amor único y sincero. Así el juego del amor se reparte entre cuatro jugadoras: Sasha, su mujer; Anna Petrovna, la viuda; Sofía, el amor de juventud; y Marga, la chica de del doctor Nikolaj, la única que se salva de la atracción de Platonov y mantiene las distancias e incluso intenta terminar con el mito.

Pero en esta propuesta, Platonov, en caída libre y sin otro destino que una muerte cruda, no es asesinado por una mujer. Perceval le otorga un final digno (de una sobriedad escénica y una sinceridad perturbadora) y le da el arma para que él mismo decida terminar con su vida. Para que él descanse en paz y los demás puedan disfrutar sus aburridas vidas. El suicidio ya planea en los primeros minutos, en una presentación donde vemos al personaje deambular grotescamente, perpetuamente bebido, alrededor de sus compañeros, estas estatuas de imperceptible movimiento, cuyo rictus deforme y grotesco nos indica las intenciones feístas del director.

Hay directores cuyas representaciones son tan personales que rápidamente les intuyes su método de trabajo. Diría que este Platonov es una obra viva, un workinprogress en el que los actores van sumando capas y más capas a medida que lo mueven por los principales festivales del mundo. Probablemente la metodología de ensayo de Perceval con la compañía belga NTGent fue la de trabajar los personajes desde el movimiento, desde la parla y sin muchas directrices, marcando pocos apuntes para que entre todos dieran con el tono grotesco con que visten los personajes. ¿Movimiento? Todo, sobre todo al principio, resulta muy estático, con movimientos muy pequeños e imperceptibles. Es así en los amigos de Platonov, pero éste por su parte es un torbellino, deambula por el espacio que ocupan sus compañeros sin ton ni son, errático y en su frenesí final hasta se deja caer en el proscenio. ¿La parla? La cualidad de lo grotesco y surreal, la percepción de unos personajes feos y confusos, todo eso se da no sólo por el trabajo gestual, por el movimiento, por las carotas, sino en gran parte por el cómo hablan. Si bien uno no entiende ni un borrajo de neerlandés, sí que percibe que la manera en que hablan los actores no es normal. Son personajes atrapados y lo manifiestan también a través de su parla: modulaciones que van del falsete a la voz de taberna, repeticiones, tartamudeos, frases que terminan a golpes… Sobre todo, en los personajes de Nikolaj y Sergei.

Pero Perceval se guarda un as en la manga en esta adaptación sui generis del clásico de Txékhov. Que no haya decorados de ningún tipo no significa que no haya escenografía. Dividiendo el escenario en dos y dejando al elenco en un espacio triangular para moverse, está una vía, unos raíles encima de los cuales se mueve una plataforma que lleva un piano de cola precioso y un pianista. Se trata de Jens Thomas, compositor, pianista y cantante que acompaña muchos pasajes de la obra, ofreciendo una serie de paisajes sonoros, como improvisaciones extrañas, lúgubres, asonantes, pero profundamente melancólicas que complementan el estado anímico del protagonista. Seguramente habrá habido grandes actuaciones musicales en este Grec (no sólo es teatro), pero la interpretación de este pianista es apabullante. A medio camino entre la harmonía y el falsete de Sigur Ros con la profundidad melancólica y bruta de la voz de Nick Cave. Una voz y un piano que acompaña de manera certera una representación dramática, cruel y cruda de Platonov. Difícil de ver y de digerir, perturbadora e hipnótica.

 

Platonov de Txékhov.

Dirigida por Luk Perceval, con la compañía belga NTGent.

Drama ruso grotesco.

Interpretada por Elsie de Brauw, Briek Lesage, Katrin Lohmann, Bert Luppes, Peter Seynaeve, Zoë Thielemans, Frank Focketyn, Steven Van Watermeulen y Laura Mentink.

En el Teatre Lliure de Montjuïc el 22 y el 23 de julio.

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