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Crítica de Othelo - Masteatro

Crítica de Othelo

Hay versiones y perversiones. Desde las primeras, se coge el texto original y se ofrece una nueva interpretación desde el trabajo del texto, de los actores o de la escenografía. Todo son versiones, pocas veces veremos un texto original tal representado tal cual lo pensó el autor original, allá cuando debía estar vivo. Pervertir, pero es ir un paso más allá. Es coger el texto y sintetizarlo, desnudarlo, coger la esencia o la historia para, a partir de ésta, crear una de nueva. Parece que últimamente podemos hablar de varias perversiones y todas ellas basada en el gran bardo inglés: William Shakespeare. Recordemos L’empestat, que seguía el camino iniciado por Jordi Oriol con La caiguda de l’H, o el workshop más reciente de Sueño de una noche de verano (versión de Daisy Portaluppi) dirigido por Iván Morales. Pero ahora, desde la fértil Argentina, nos llega la gran perversión de Shakespeare: Othelo, dirigida por el clown Gabriel Chamé Buendía. Ya llevan unas semanas acomodados en La Villarroel el director y sus cuatro actores y las risas que han provocado seguro que han generado energía para iluminar la sala durante unas cuantas semanas más. Lástima pero que sólo quede una semana.

Si es usted uno de éstos que frunce el ceño delante de cualquier interpretación libre (y gratuita, si así lo considera) de cualquier texto de Shakespeare… relájese. Aquí se respeta la historia, se sigue bien (hasta respeta los momentos más trágicos mucho más de lo que uno podría pensar). Eso sí, de una manera absolutamente desvergonzada, rompedora y surrealista. Este Othelo es una auténtica fiesta.

Relájese y déjese llevar por lo burlesco, por la comedia más física (con algunas pinceladas de slapstick), por los juegos y equilibrismos con la escenografía, por las paridas, las bromas más estúpidas e infantiles. Si, infantil. Y es que este Othelo con base clown, aunque el tema no sea para niños, la puesta en escena conecta directamente con el niño más gamberro que cada uno tiene dentro. ¿recuerda usted las películas de Mel Brooks, o las de los hermanos Zucker? Si hombre, El jovencito Frankenstein o la saga de Aterriza como puedas (o agárralo). Pues este Othelo le arrancará las mismas risas. Conecte con este Othelo de Gabriel Chamé y su tropa y aprenda al mismo tiempo una lección de teatro.

Fríamente, uno piensa en todo lo que ha visto y se sorprende de la cantidad de cosas que suceden, del movimiento de los actores, de los cambios, de la sincronización entre ellos. Cuatro actores: tres hombres y una mujer. Un Yago encantador, un malo burlón y manipulador que se ríe hasta del propio Shakespeare, una Desdémona que se nos presenta como una adolescente histérica tal como una fan enamorada del guapo de turno, un Othelo varonil y circunspecto (el que menos registro cómico tiene), y luego está Casio, Rodrigo y hasta cuatro personajes en total interpretados por un solo actor. Martín López, galardonado como mejor actor en los Premios Teatros del Mundo 2013, hace un trabajo de clown impecable, a través de la composición de unos personajes que se multiplican con a veces un simple detalle de atrezo y una caracterización a través de gestos, caras o seseos. Pero sobre todo por un vistoso trabajo físico manifestado a través de gags de caídas u otros equilibrismos.

Una escenografía aparentemente simple basada en cubos, taburetes y sábanas que tanto les sirve para crear distintos niveles, para montar mesas, para recrear un mar embravecido o como ropajes. Y algunos elementos más que sirven sobre todo para el cambio de personajes o para reforzar gags. Con estos elementos el director monta una serie de coreografías grotescas, extrañas, pero bellas. El espectáculo además tiene el soporte del vídeo en varios momentos de la obra para reforzar, en primerísimo plano, la obsesión más loca (y autoconsciente) de sus personajes.

Pero la perversión a Shakespeare se hace más hilarante cuando, Yago, el más burlón y autoconsciente, se dirige al espectador y descubre, soportado en un caballete, un cuadro con la cara del bardo inglés. Desde este momento las bromas a Shakespeare y al texto de Othelo. Uno podría pensar que es irreverente (que lo es) y faltón (por supuesto), pero si se deja llevar por la propuesta verá que a pesar de todo el respeto es absoluto con la historia y que todos estos guiños metateatrales están paridos desde la devoción y el respeto absoluto.

Gabriel Chamé es el anfitrión de una fiesta de teatro, a cargo del autor más laureado. Una locura desvergonzada, un cachondeo a costa de una de las grandes tragedias, pero sobre todo un trabajo impecable y exhausto de cuatro actores como cuatro soles.

 

Othelo de William Shakespeare, versión de Gabriel Chamé Buendía

Dirigida por Gabriel Chamé Buendía

Interpretada por Matías Bassi, Elvira Gómez, Gabriel Beck y Martín López.

Tragicomedia shakespeariana autoconsciente.

Hasta el 16 de octubre en La Villarroel

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