Othello

Crítica de ‘Otelo’

Tras el estreno de Otelo en el Teatro Calderón de Valladolid (coproductor), la compañía Noviembre Teatro sigue su andadura por la geografía española con una obra que no dejará indiferente a los espectadores. La conocidísima obra maestra de William Shakespeare se carga de nuevos matices gracias a la pluma de Yolanda Pallín y la batuta de Eduardo Vasco. Los ingredientes que ya pusiese a esta pócima trágica el autor inglés, cogen distintas texturas y sabores. Sorprende lo familiares que resultan estos personajes al espectador: Otelo – Daniel Albaladejo (un hombre de las nuevas corrientes de pensamiento, que es feliz y cree en un mundo donde la gente que parece ser buena, en realidad lo es), Yago – Arturo Querejeta (hombre de negocios y estratega; un manager que supuestamente trabaja para los demás pero sólo lo hace en su propio beneficio y alcanza el éxito), Casio – Fernando Sendino (un oportunista que está en el momento adecuado, con el gesto justo), Desdémona – Cristina Adua (una temeraria mujer que no huye del peligro, el perfil de mujer que sufre maltratos viendo sólo el lado romántico de su asesino de guerra; y cree que podrá cambiar el papel de la mujer en la Historia, ayudando a los hombres e intercediendo por ellos), Emilia – Isabel Rodes (la nueva mujer de este siglo, sabia, analítica, que tiene los pies en la tierra; la que habla cuando sabe que va a ser oída por todos y a salvo su vida), Rodrigo – Héctor Carballo (títere de los políticos).

La escenografía, a cargo de Carolina González, está cargada de símbolos: dos bancos que diferencian espacios y alturas, y un panel atrás centrado que sirve para ocultar a los actores en los cambios y generar perspectivas y estancias. Además de un piano en escena (El gusto de Eduardo Vasco por la música clásica crea en esta ocasión, junto al pianista Ángel Galán, una banda sonora.)

De esta obra lo que más resalta es una nueva oleada de significantes: “la amistad”, uno da por sentado que un amigo “es un amigo” y nunca lo cuestiona -en esta sociedad, repleta de cambios constantes, hay que hacer pruebas a los amigos y ver las cosas por uno mismo-. Y el papel de Emilia (mujer de Yago), toma el protagonismo que siempre mereció; su romance con Casio le da una dimensión mayor y la carga de nuevos referentes.

Gracias el equipo por este aire fresco a una obra teatral de tal calibre y gracias por dejarnos disfrutar (aunque brevemente) del gran maestro del verso Francisco Rojas, en el papel del Dux de Venecia.

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