Warning: Declaration of SplitMenuWalker::walk($elements, $max_depth) should be compatible with Walker::walk($elements, $max_depth, ...$args) in /home/customer/www/masteatro.com/public_html/wp-content/themes/wt_chapter/functions.php on line 35
Crítica de 'Operetta' de Jordi Purtí y David Costa - Masteatro
Operetta

Crítica de ‘Operetta’ de Jordi Purtí y David Costa

Operetta

Quince años lleva el Cor de Teatre des de Banyoles cantando y haciendo teatro, pero su propuesta es mucho más original que decir que lo suyo es teatro musical. Es incuestionable que es teatro musical lo que ofrecen a la platea, pero para ser exactos lo que hace este grupo de música y compañía teatral es cantar un repertorio polifónico talmente como una coral, sin partituras, y con una distribución escénica en constante movimiento, enlazando coreografías y gags basados en el teatro gestual. Y ahora recogen los frutos conreados con Operetta, un espectáculo que se estrenó en 2011 en Girona y que ha rodado por el TNC, el Poliorama de Barcelona i el Gran Teatre del Liceu, y que ahora recala en el Teatre Victòria. El éxito es tremendo teniendo en cuenta que estamos hablando de algo tan, presuntamente, elitista como es la ópera.

Detrás de este grupo hay dos hombres quienes han enlazado todos los números musicales, Jordi Purtí, dramaturgo y director escénico y David Costa, quien se encarga de la dirección musical. El resultado es un popurrí de canciones de grandes compositores de la ópera cantados a capella por un total de 28 voces perfectamente sincronizadas y con una gran tesitura en cada una de las voces que forman el coro. Cada canción viene acompañada de un número de teatro gestual que todos los miembros del coro montan, algunos con más fortuna que otros, pero que en general dan un enfoque humorístico y con mucho movimiento del que la ópera está desprovista tradicionalmente.

El principio, pero, no puede ser más silencioso y inmóvil. Un escenario con todo de mobiliario tapado con sábanas. Llega un chico y deja un piano. De éste saldrá la magia. Se levanta la tapa y uno a uno van saliendo todos los miembros del coro y empiezan a destapar los atrios, la escalera y todos los elementos que irán apareciendo a lo largo de 75 minutos. Así, la formación empieza atacando una pieza bien reconocible para todo el mundo, hasta para los profanos de la ópera, la Marcha triunfal de Aída, de Giuseppe Verdi. Y en esta uno descubre el hecho diferencial en la interpretación vocal de estas composiciones, las voces atacan todos los sonidos de la pieza, es decir que de sus gargantas salen también las orquestaciones, los instrumentos de viento o de cuerda. En esta pieza introductoria se entiende muy bien lo que se irá viendo a continuación, un prodigio de técnica vocal y de sincronización que logra convencer a los dos sectores a quien va dirigida esta obra, al especialista en ópera y al espectador más profano, al que no ha pisado nunca el Liceu.

Así la interpretación vocal no se les discute en ningún momento, incluso hay momentos de belleza que conmueve como el canto de Mon coeur s’ouvre à ta voix de Samsón i Dalila. Pero hay que hablar de la interpretación escénica. Así, el montaje sin querer tener ninguna línea narrativa que ligue los distintos números musicales entre sí es una sucesión de números de teatro gestual y de clown, donde sus intérpretes o suman unas coreografías detrás de otras o intentan crear pequeños gags visuales. Algunos funcionan, otros no. La genialidad está en el número de la Habanera de Carmen, donde por un lado tenemos a una mujer y otros tres quienes hacen la segunda voz y a su izquierda el resto del coro asentado talmente como si fuera el público. Y así se comportan, con sus toses o su timbre de móvil inoportuno. Aunque curiosamente todo va a juego, todo ruido (vocal, siempre con la boca) se complementa y forma parte de esta pieza tan icónica, creando así un perfecto gag acústico y visual. Igual que vienen a ser los números del brindis de la Traviata (como si hiciera un rodaje de la secuencia y todo se terminara desmadrando) o de este pelotón extraordinario del Tour que pedalea y canta el Barbero de Sevilla con sana competividad, sin dopaje. Pero hay algunos gags donde las historias son más flojas y simples, donde la coreografía acompaña las voces quienes vuelven a primer plano.

La escenografía a cargo de Montse Baeza y Pablo Paz i la iluminación de Ramón Rey son dos aliados potentes para la construcción de los números y para los movimientos, hasta para la consecución de gags visuales (el juego de los focos en más de un número). Pero el vestuario podría estar más cuidado. Se entiende la intención de urbanizar, de dar un look de calle a los cantantes de ópera, pero a lo mejor si se hubiese uniformizado más a los intérpretes, aunque fuera con un aire descuidado, se hubiese logrado un espectáculo más vistoso. Las gorras con visera, los tutús o las faldas de época que se usan en algunos números son elementos secundarios, no es el vestuario propio que resulta un poco descuidado.

Así, esta Operetta funciona como un espectáculo redondo, con algunas aristas, con un objetivo claro lograr acercar la ópera a las clases populares sin disgustar a los más puristas de la ópera. Y así logran innovación artística, un nuevo valor pedagógico y una apertura de miras de un género más bien cerrado.

Operetta de Jordi Purtí y David Costa.
Dirigida escénicamente por Jordi Purtí.
Dirigida musicalmente por David Costa.
Escenografía de Montse Baeza y Pablo Paz.
Interpretada por el Cor de Teatre.
Teatro gestual y musical basado en populares composiciones de Ópera.
Hasta el 4 de noviembre en el Teatre Victòria

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.