Crítica de "Noc, un auténtico vodevil" - Masteatro

Crítica de «Noc, un auténtico vodevil»

El Nuevo Teatro Alcalá presenta, entre sus ofertas de teatro de entretenimiento, este vodevil lleno de chispa, ingenio y ritmo frenético para amenizar las noches del fin de semana. Es la tercera temporada para esta obra, que fue representada previamente durante dos temporadas en el Teatro del Arte de Lavapiés, y que ahora el Nuevo Alcalá se lleva al barrio de Salamanca. La obra está dirigida por David Quintana, cuya reputada trayectoria, junto con su hermano, está fuera de dudas en el género de la varieté, el vodevil y el cabaret. Después de sus sucesivos éxitos en Buenos Aires y Chile, David y Fernando Quintana aterrizan en 2011 en Madrid, trayendo consigo la técnica de la fonomímica excelentemente trabajada. Esta técnica, que consiste en imitar la reproducción de una voz previamente grabada, ha sido muy poco disfrutada en España, y menos con el cuidado y amor por el detalle con la que los hermanos Quitana la trabajan. Fruto de esta experiencia previa y la novedad de la técnica en nuestras tierras, “Noc, un auténtico vodevil”, resulta ser una obra absolutamente entretenida, en la que el público reirá con ganas y pasará una noche para recordar.

Mención especial merecen el vestuario, que dota de brillo, luminosidad y elegancia a los sketchs, las coreografías, muy dinámicas y vistosas, y la elección de la música que acompaña a los momentos musicales, con la que nos hacen un recorrido entrañable y amplio sobre una gama bien variopinta de canciones, en las que no faltan los boleros, la copla, el blues, la chanson francaise… Como aspecto a mejorar cabría plantear una ecualización mejor del sonido y una regulación del volumen, pues a veces resultaba molesto de lo alto que se escuchaba, e impedía disfrutar de los números plenamente.

En cuanto al reparto cabe destacar que es una obra coral en la que cada uno de sus intérpretes aporta un talento particular y tiene su momento de gloria sobre el escenario; así Isabel Dimas está fantástica en su papel de maestra de ceremonias, una reina Bataclana (haciendo homenaje a aquellas coristas de los vodeviles franceses) poderosa, seductora y atrevida, que invita a “dejar fuera los problemas” y a disfrutar del buen rato que nos espera. Cabe destacar de esta actriz su portentosa voz y el dominio que tiene de ella, lo que la permite marcarse unos números musicales cantados con los que logra emocionar y encandilar al público. Las otras dos actrices aportan también talento a la escena: Elsa Cabo se marca un número de claqué estupendo, y Zaida Díaz aporta a la obra la sensualidad necesaria junto con la estilización del baile. Ambas están estupendas en la gestualización exagerada que requiere la fonomímica. En cuanto a los actores, mostrar nuestra predilección por José Cobrana, cuya vis cómica y talento gestual convierten cualquier escena en un inevitable gag cómico, pero destacar también la capacidad interpretativa de Sergio Franco, que con sus maneras parece directamente sacado de una película muda antigua. Por último, anunciaros que el número de acrobacia con aro de David Vento es… sencillamente increíble.

El vodevil no es muy largo, poco menos de hora y media, pero cuando acaba tienes la sensación de que hubieran pasado sólo unos minutos, y te quedas con ganas de más. Todos salimos con melodías en la cabeza y con cierta inquietud en los pies, los más atrevidos se atrevían a tararearlas o a marcarse unos pequeños pasos de baile mientras esperaban entrar al baño… Una noche de vodevil que nos hizo soñar con un mundo de música, bailes y entretenimiento, alejados por un rato de las preocupaciones y las tragedias cotidianas que con tanto ahínco nos muestran en los telediarios. ¿Por qué será que el drama exige siempre tanta atención? ¿Por qué ha de ser más profundo hacer llorar que reír? Diría que es más difícil

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