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Crítica de 'Montenegro (Comedias Bárbaras)' - Masteatro

Crítica de ‘Montenegro (Comedias Bárbaras)’

En qué aprietos no se habrá visto Ernesto Caballero para versionar y llevar a escena esta trilogía, rebosante de simbolismos y de acotaciones irrepresentables, del genial, no sólo dramaturgo, sino novelista, poeta, director, actor, productor teatral…, Don Ramón María del Valle-Inclán, y que consigue resolver en tres horas de función, que nos sumergen en un mundo bárbaro y poético.

Con una estética macabra y simbolista, asistimos a la decadencia de un hombre que emprende un viaje expiatorio de arrepentimiento y redención, hasta su inmolación junto a un grupo de mendigos. Un viaje a la Galicia natal de Valle-Inclán, un viaje desde el pasado hasta el presente, desde el pecado hasta el arrepentimiento, y desde el arrepentimiento al perdón, transiciones que el escenógrafo Jose Luis Raymond ha plasmado con la creación de un puente de piedra, que preside y atraviesa el escenario.

De la mano de Don Juan Manuel de Montenegro, patriarca del siglo XIX, despótico, impulsivo y altivo, asistimos a la disolución, a la ruina total de una familia dominada por la irracionalidad, la violencia, la lujuria, la avaricia y la muerte. Una familia y un mundo regido por las pasiones y la animalidad, representada ésta por el excelente trabajo corporal de los actores, que tan pronto se convierten en caballos, perros, gatos, santos o mendigos, creando un mundo onírico, mítico e intemporal, tan característico del genial dramaturgo.

Si bien en algunas ocasiones el espectador tiene la sensación de ciertas inconexiones en la dramaturgia, nada fácil de realizar, por supuesto, para unificar las tres piezas de las que se componen las Comedias Bárbaras, no suponen un impedimento para poder apreciar la grandeza y la miseria del ser humano, sintetizada principalmente en la figura de Montenegro, que Ramón Barea encarna de manera absolutamente brillante y admirable, no solo por el gran esfuerzo que supone protagonizar estas tres horas de función, excesivamente larga dicho de paso, sino por la veracidad en el personaje conseguida, tocando diversas teclas y colores de las pasiones humanas, sin buscar emoción ni conmoción, sino simplemente un espejo de la realidad.

Con esta propuesta de Ernesto Caballero de las Comedias Bárbaras, asistimos a un gran espectáculo, conformado por la música tradicional, la danza, por el bello lenguaje valleinclanesco, por un juego de atmósferas y por una gran calidad actoral. Y lo más importante, a un espectáculo que cumple con la verdadera misión del teatro: mostrar al público sus vicios y virtudes, en un empeño de conseguir una mejor humanidad.

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