Molt soroll per no res- LlàcerGuix

Crítica de Molt soroll per no res

Shakespeare, otra vez Shakespeare. Shakespeare, siempre Shakespeare. Nunca falla. Siempre hay algo más que sacar al genial bardo. Coger sus textos y reformularlos, mantenerlos en su estructura clásica o modernizarlos, cambiar los géneros, cambiar los sexos de los personajes. Shakespeare es un molde donde artesanos o industriales le dan un empaque nuevo. Y ahora a Shakespeare (otra vez, no es la primera) le toca bailar y cantar. Al maniquí de Shakespeare le ponen las galas más fastuosas de los años 50 y cogiendo uno de sus textos más comerciales, la comedia Much ado about nothing, le inocula la fiesta, el ritmo y la desenvoltura de la música de Cole Porter. El cancionero del genial compositor norteamericano forma parte del ADN de muchos dramaturgos, directores y compositores de musicales. Y así es también en el caso de Ángel Llàcer y Manu Guix, cuyo binomio artístico lleva años funcionando dando ejemplo de espectáculos musicales muy bien trenzados. Así, desde la dirección interpretativa uno y la musical el otro, han apostado ahora por hacer “Molt soroll per no res“, un espectáculo encantador con todo el lujo de los años ’50, un show bigger than life.

Lo mejor que se le puede decir a esta propuesta es que parece un texto y una composición musical original, y no una adaptación libre de un texto de Shakespeare. No hay nada que rechine. Para un servidor ya la podrían exportar al West End o a Broadway. El nivel es muy alto y, hay que remarcarlo, eso también es gracias a un teatro, el TNC, cuyas infraestructuras, cuya amplitud de escenario permite tanta fastuosidad y tanta variedad de escenarios. La historia trata sobre el amor, en todas sus manifestaciones, el que se sufre, el que se repudia, el que se vive enamorado, y el que lo sabotea. El contexto que el dramaturgo Marc Artigau y Ángel Llácer le han querido dar es el del glamour del Hollywood de los años 50 a través de un rodaje de una película que paulatinamente vamos descubriendo que se trata de la misma historia de amores entre el cuarteto Hero, Claudio y Beatrice y Benedicte. Sin ser algo terriblemente original, el artificio funciona a las mil maravillas pues refleja que las ficciones shakespearianas trascienden a la realidad. Una realidad, un momento histórico, social y cultural que le va como un guante a la historia. Y eso sí, siempre respetando el texto original, traducido por el maestro Salvador Oliva.

La fastuosidad y el lujo se descubren no solo por los ropajes, por los decorados, ni por estas canciones tan bien dirigidas e interpretadas por Manu Guix y su banda de 10 músicos. Brillan sus intérpretes, actuando, cantando y bailando. Las coreografías están muy bien trabajadas, ofreciendo momentos corales preciosos, muy de la época, y otro números solistas al servicio de la vis cómica y encantadora de sus protagonistas. Mérito de Aixa Guerra. Y si quisiera ponerle un pero, a lo mejor yo hubiese terminado de romper la cuarta pared y invadir toda la platea de este ambiente festivo, dejando que los actores bailaran en los pasillos y dotando al público de algún tipo de detalle que les ayudara a interactuar directamente con la fiesta. Aunque, bien tampoco es que deba ser The Rocky Horror Picture Show.

La dirección de Llàcer ha sabido sacar las mejores voces a aquellos intérpretes que aún no se habían atrevido con el musical, caso de David Verdaguer, Bea Segura, Victoria Pagès y otros, así como se ha rodeado de su equipo de actores habituales (Lloll Bertrán o Enric Cambray), e igual lanza jóvenes promesas a medio paso de consolidarse (Clara Altarriba, la próxima Sophie de Mamma Mia o la fantástica voz de Aída Oset). Luego ha cambiado roles y sexos, Victoria Pagès feminiza el personaje de Leonato con presencia y magnetismo y Jordi Coll se encarga de dotar a Don Pedro de un carácter mucho más festivo, travieso y canalla a un personaje que siempre se ha navegado entre la altivez y la autoridad. Pero como no podría ser de otra forma, los focos en esta adaptación de Much Ado About Nothing se finjan en los personajes de Beatrice y Benedicte. Y precisamente en este aspecto es donde se rompe cierto equilibrio. Los dos sátiros del amor, los dos lenguas largas siempre han tenido un perfecto equilibrio en sus réplicas y apariciones. Pero al armar el musical, Llácer  y Artigau ponen más peso en él, un fantástico David Verdaguer, dándole más presencia escénica y más momentos estelares como el del número bajo la nube o en el que se confiesa enamorado.

Aunque no les voy a engañar, hay tantos momentos brillantes en esta adaptación que más vale dejarse arrastrar por el vendaval y salir cantando aquello de Let’s do it, let’s fall in love.

 

Molt soroll per no res de William Shakespeare.

Dirigida por Àngel Llàcer y Manu Guix.

Adaptada por Marc Artigau.

Fusión de Shakespeare con Cole Porter

Interpretada por David Verdaguer, Bea Segura, Marc Pociello, Aida Oset, Jordi Coll, Lloll Bertrán, Clara Altarriba, Albert Triola y otros.

Hasta el 29 de noviembre en la Sala Gran del TNC.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *