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Crítica de Mitleid. Die Geschichte des Maschinengewehrs - Masteatro

Crítica de Mitleid. Die Geschichte des Maschinengewehrs

Milo Rau es un provocador, un disidente que hace de la denuncia política su particular caballo de Troya. Si uno le sigue la pista sabrá que desde sus inicios ha ido desarrollando proyectos complejos donde siempre ponía el dedo en la llaga en conflictos políticos, en abusos de poder, en guerras civiles. Sus propuestas no escapan nunca de la polémica. Si no son incómodas no funcionan. Y la organización de Temporada Alta no ha podido dejar escapar la posibilidad de contar con su talento y ha programado este pasado fin de semana Mitleid (Compasión. Historia de una metralleta), uno de sus últimos proyectos donde se habla en primera persona tanto del drama de los refugiados llegado de Oriente Medio como de la guerra civil congolesa. Es un golpe al estómago, una inmersión directa a la miseria humana, pero con un planteamiento a veces demasiado distante y monótono.

Rau trabaja desde una tesis: ¿Cómo podemos soportar la miseria de los demás y porqué las observamos? ¿Porque nuestra compasión se limita a los refugiados que llegan a nuestras fronteras y no a los miles de muertos en una guerra como la del Congo? ¿En qué somos compasivos y con quién? ¿Y a qué nos lleva nuestra compasión? El autor, pero no ofrece respuestas, sólo denuncia. No ejerce de moralista, sólo da voz a dos testimonios quienes tanto desde la realidad como desde la fabulación convenientemente documentada cuentan sus experiencias con la guerra en el Congo.

Todo en Mitleid funciona por contrastes. Desde la dramaturgia (el contraste de pensamientos, de puntos de vista versus la cruda realidad que cuentan), y la escenografía (el caos y la suciedad del estercolero frente a la elegancia y sofisticación de la actriz con su vestido azul eléctrico) a la elección de las actrices y su interpretación (por un lado, Ursina Lardi, blanca, rubia, seria, dura en sus facciones; por el otro, Consolate Sipérius, negra, risueña y hasta burlona). Pero a la propuesta escénica le falta dinamismo. Empezamos con Consolate que detrás de un pequeño escritorio y soportada por la cámara que proyecta su rostro en la pantalla, nos cuenta su historia de supervivencia en su Burundi natal y cómo la adoptaron una pareja belga. Su testimonio es fresco, impactante y narrado con optimismo. Al autor este testimonio le sirve para introducir el personaje de la actriz caucásica, más fría y distante. Ursina Lardi narra cómo se apuntó al proyecto, como se fueron documentando en el terreno para abastecerse de historias, pero paulatinamente Ursina va hurgando en su pasado como voluntaria en una ONG y va tejiendo paralelismos con la actualidad. Huyendo del aquí y el ahora y cogiendo perspectiva, la actriz nos da una buena lección sobre la verdadera naturaleza humana en una guerra, sobre sus juegos partidistas y sobre las diferencias entre las víctimas nativas y los cooperantes europeos. Pero la historia que nos cuenta decae en algunos pasajes debido al tono monótono, a la distancia que pone el atril, a la frialdad de la exposición. Hay veces que parece que estamos asistiendo a una conferencia. Pero de repente la actriz decide ensuciarse más, hacer equilibrismos entre la basura y hablarnos más de tú a tú para subrayar la intensidad de ciertos pasajes. Hasta el clímax brutal, que sucumbe la platea en un silencio catártico mientras la actriz orina de pie.

Adoloridos aún por la contundencia del discurso de Lardi, vuelve a iluminarse la lamparita del escritorio donde sigue Consolate Sipérius. Ella se encarga de cerrar la obra y tiene el placer de hacer una broma macabra al público a través de un paralelismo con una de las escenas finales de la película Malditos Bastardos de Quentin Tarantino. Un final brillante de Milo Rau quien verte la responsabilidad social de todas estas muertes a una platea llena de seres humanos convenientemente adocenados por el buenismo occidental.

 

Mitleid. Die Geschichte des Maschinengewehrs de Milor Rau

Dirigida por Milo Rau, bajo una producción de la Schaubühne Berlín.

Interpretada por Ursina Lardi y Consolate Sipérius.

Drama sobre la guerra civil en Congo.

En el Teatre de Salt el viernes 28 de octubre.

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