Crítica de ‘Midsummer’

Midsummer

Esto de la juventud es un concepto elástico, se dilata en el tiempo. A veces una, a pesar de sentirse desdichada y abandonada por enésima vez, tiene suerte. Esta mujer, aunque la vida no le ha ido como había planeado, le puede cambiar la suerte. Y a aquél hombre, tan amargado, tan fracasado, puede ser que en cuestión de segundos se le plante una mujer, esta mujer y le haga una propuesta directa, borrachera y sexo, que sin saberlo le puede cambiar la vida. Puede ser que a punto de cumplir los cuarenta años, los sueños se cumplan. Puede ser, pero antes tendrán que pasar un fin de semana loco, mágico, el de la noche de San Juan, la noche más corta del año. No es Sueño de una noche de verano  de Wiliam Shakespeare, pero bien se inspira en ella. Es Midsummer de David Greig que se representa en el Teatre Tantarantana hasta el 17 de febrero.  

Desde Escocia nos llega esta comedia romántica con canciones que resultó ser un éxito el 2009 en el Festival Fringe de Edimburgo, uno de los festivales de más prestigio de Europa. La referencia más próxima del autor británico es L’arquitecte, un drama mayúsculo que dirigió Julio Manrique y que estuvo protagonizado por Pere Arquillué. Así que con este nuevo texto supo reivindicarse como un autor de comedia. La historia es clásica, chica conoce chico, se enrollan, pasan una serie de sucesos en un corto periodo de tiempo que les separa y les vuelve a unir y todo termina en un happy end al uso. Pero Greig escribió esta obra jugando con los estereotipos del género, creando distintos tonos narrativos y buscando siempre la complicidad del público.

Una pantalla donde se proyecta un cielo nuboso, la lluvia cayendo o unos rayos de sol acompañan a  los dos protagonistas. Estamos en Edimburgo y dentro un bar de copas, vemos a Elena, una abogada especialista en divorcios que espera la llegada de su amante. Cerca está Bob, un delincuente de poca monta, músico callejero, y de aspecto anodino, normal, pero bastante amargado. Acabaran juntos. A la mañana siguiente, la resaca les acompaña mientras ellos se dan cuenta demasiado tarde de lo que tienen que hacer. Prisas y más prisas. Y el juego de los encuentros casuales. Así los dos protagonistas terminan pasando una noche de San Juan de locura, surrealista, preludio de algo bonito.

Como la historia está más que vista, Greig decide romper la linealidad de la dramaturgia mediante dilataciones en el tiempo, cambios de punto de vista, elementos meta teatrales como cuando ella indica al espectador que como en toda buena obra se han guardado un secreto de él para el final, un truco para pillar de imprevisto al público. Y otros trucos, sorpresas que dan un tono fresco a la comedia sin olvidar los elementos claves que hacen avanzar la comedia romántica según los cánones. Una “romcom” al uso pero rompiendo clichés.

Midsummer no es una obra musical, si no una con canciones. Greig se alió con el líder de la banda de folk Indie Ballboy, Gordon McIntyre quien compuso una serie de canciones que sirven para contar los sentimientos que corren por los corazones de los dos personajes en distintos momentos de la aventura. Aunque si bien sirven para contextualizar algunas escenas y ver el interior de los dos, las canciones están principalmente para dar una sensación de buen rollo, para hacer más grande la sonrisa. Pero no creo que sean imprescindibles para el desarrollo de la historia, es un elemento puramente decorativo que no hace avanzar la historia.

Y para esta función necesita dos buenos actores. Y con Carles Alberola y Elena Fortuny lo han clavado. Dos actores también entrados en los cuarenta, que construyen sus personajes des de la autoparodia, pues constantemente se retratan a si mismos como dos inadaptados. Y en el caso de ella, lo hace la mayoría de veces con un sonrisa, a ves franca, a veces irónica, a veces histérica, pero siempre sonriendo.

En este Edimburgo parece ser que hay posibilidad de cambio. Y en este Edimburgo las posibilidades pueden ser certezas. Tan cierto como que Midsummer es un texto fresco, ágil e ingenioso que es apto para todos los públicos, para el fan de los textos desestructurados, con continuas intervenciones y reflexiones sobre el propio texto y para la novia que pretende ver una bonita y divertida historia romántica de dos perdedores.

Midsummer de David Greig
Dirigida por Roberto Romei
Dirección musical a cargo de Marc Sambola.
Interpretada por Carles Arberola y Elena Fortuny.
Comedia romántica Indie.
Hasta el 17 de febrero en el Teatre Tantarantana.

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