Més enllà dels estels

Crítica de ‘Més enllà dels estels’

Més enllà dels estels

Hay personajes mediáticos que sus actos marcan pautas de comportamiento para bien o para mal, que crean debates morales y que, en toda su complejidad, acaban reflejando ciertos aspectos, ciertos vicios de la sociedad en la que se encuentra. Sin duda uno de estos personajes que más ha dividido opiniones, sea a través de  filias o de fobias, es Michael Jackson, el eterno niño, Peter Pan, para unos un monstruo, para otros un genio maltratado. Tal personaje tiene tanta miga que ha sido objeto de un estudio profundo de dos dramaturgos, Marta Gil Polo y Albert Tola, quienes han escrito Més enllà dels estels, una aproximación psicoanalítica que pretende honrar y exculpar la figura del Rey del Pop.

Todo empieza con los cuatro actores encima del escenario moviéndose al ritmo del principio de Black or white. Al poco, los chicos empiezan a hablar del cantante y de lo que ha hecho bien y lo que ha hecho mal, pero la conversación se va confundiendo y algunos de ellos cambian la tercera por la primera persona. La escena acaba enlazada con otra en donde los cuatro son ya Michael, o su padre, o su madre o sus hermanos. Los cuatro actores se van intercambiando todos estos papeles y más, hasta llegan a recrear a la actriz Liz Taylor. Así los autores sintetizan la vida de Jackson en varias escenas para, según supuesta documentación, intentar explicar el comportamiento de tal personaje. Múltiples caras para una sola alma construida por todo el mundo.

Durante una hora distintas secuencias de la vida del popular cantante se suceden, dando especial importancia a las relaciones familiares: el padre autoritario y la madre sacrificada que huye. Durante estos momentos los actores se intercambian los papeles, hablan a la vez, juegan a las máscaras, y hasta cantan canciones de los Jackson Five. En la evolución de los hechos, durante un momento de crisis familiar los dramaturgos deciden romper la linealidad de la historia de manera drástica como con el momento en que dos de los actores que vienen de ser Michael y su madre se ponen a hacer una escena de Hamlet. Cabe decir que estos rotos tan drásticos a veces desconciertan al espectador como me pasó a mí. Luego conversando con el autor uno llega a entender la metáfora edípica (con Hamlet hablando a su padre) y puede llegar a entender el juego de máscaras entre el personaje real y el literario. De todas formas, aunque los autores se líen con este juego metaliterario, se valora el riesgo pero se les anima a hacer estos rotos más suaves y no tan desconcertantes.

En el mismo montaje está el ejemplo cuando los cuatro actores se adelantan y en línea repiten hasta tres veces una serie de titulares que la prensa echó encima del Rey del Pop. En estas breves interrupciones se contextualiza la figura de Jackson en los medios de comunicación y como se ha deformado su figura mediática. Precisamente una de las partes más truculentas del reinado de Jackson fue su polémica relación con los niños y la sombra de la pederastia que ha volado siempre encima de él. Y esto no se podía obviar en el montaje, mostrando la evolución del juego infantil mediante una guerra de cojines al drama de la separación de sus amigos. Es esta escena donde más aciertan los autores y la directora, en que se muestra como Jordi Chandler y Garvin Arvizo (los nombres de los niños a quien presuntamente abusó) son arrancados de los brazos del cantante mientras él replica que no estaba haciendo nada malo. Una bonita escena en que los cuatro actores se van intercambiando los personajes en cada réplica, ahora de padres, ahora de niño, ahora de Michael, representando una vez más todos las figuras que forman el mito.

Buen trabajo de los cuatro jóvenes actores, con algunos apuntes emocionales bien interpretados, con las coreografías a lo Jackson bien imitadas y con unos números musicales que ni fu ni fa. El escenario está prácticamente desnudo, con solamente una gran puerta de madera, que es por donde se entra en el subconsciente del Rey del Pop (aunque curiosamente no recuerdo que pasen a través de ella muchas veces).

Dice la autora que la génesis de la historia viene de un sueño en donde Michael Jackson dejaba de ser él mismo y se convertía en un hombre gordo, con tejanos, y con actitud pasiva, y que ella pensaba que ya no era él, que Michael Jackson no existía. Al despertar, el diario le anunció la muerte del Rey del Pop. Marta Gil Polo entendió entonces que la sociedad había perdido un mito que hablaba de nosotros y de nuestra pérdida de inocencia. Y así se ve este montaje, con respeto hacia al mito, mostrando sus múltiples caras y mostrándose muy crítica con la sociedad que lo convirtió en un mártir.

Més enllà dels estels, de Marta Gil Polo y Albert Tola
Dirección: Marta Gil Polo.
Actores: Rafa Delacroix, Marc García Coté, Marc García Llopis, Pau Quero.
Escenografía: María Pons i Marta Gil Polo.

 

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