Crítica de 'MCBTH de William Shakespeare - Masteatro
MCBTH de William Shakespeare.

Crítica de ‘MCBTH de William Shakespeare

MCBTH de William Shakespeare.

El festival Temporada Alta ha empezado inaugurando la nueva sede de El Canal. Centre d’Arts escèniques de Salt con un Shakespeare dirigido por Àlex Rigola, uno de los catalanes más reconocidos, eminencia en lo que a representar de manera genial algunos textos del popular bardo inglés  No se le puede negar al director que se hunda en los textos de Shakespeare, que se empape de todas sus interpretaciones, que conozca todos sus recovecos y los haya estudiado a fondo. Y una vez más saca a relucir sus propias conclusiones con un Macbeth de low cost, una versión reducida a seis personajes, pero no mancado de intensidad. Hace medio año estreno Coriolà  en el Lliure y ya mostró su capacidad para sintetizar un texto largo y denso y con muchos más personajes que los que se mostraban en escena. Pero Rigola sabe sacar a relucir las ideas, los sentimientos e interpretaciones del bardo inglés de una manera única, posmoderna, creando un sello personal que tienen tanto de bueno como de malo. Y es que con los excesos, con los subrayados a veces uno puede ser genial y otra pasarse de listo y llegar a ser auto paródico. Y hay que decirlo, este Macbeth, dicho MCBTH, goza y adolece de las dos caras de Rigola.

Uno llega y se encuentra un escenario poblado de árboles de navidad artificiales y una casita de madera de camping, con un sofá a un lado y un sillón detrás de un micro en el otro extremo. Un escenario cargado, lleno de muchos elementos con el cual los actores jugaran. Pero no es tanto el escenario (obra de Max Glaenzel) si no los elementos que traerán consigo mismos los actores. Así las primeras apariciones son las tres brujas, la hermanas del fat, quienes predecirán el ascenso real de Macbeth inyectando el veneno de la ambición sanguinaria en el noble caballero. Porque estas se esconden detrás de máscaras de Mickey Mouse? O porque ciertos personajes llevan la camiseta del Celtic Glasgow? O porque  esos globos  que flotan en un momento de la obra? A Rigola le encanta meter estos elementos rompedores, dándoles un contexto nuevo y forzando al espectador a preguntarse en qué contexto quiere inmiscuirnos el director. Pero es difícil seguir todo el texto y su fondo si uno se va preguntando sobre todos los trucos de Rigola. Demasiadas interpretaciones para descifrar. Y al final uno se queda más bien frío. Así con este escenario tan barroco i kitsch, el cambio en la segunda parte es más agradecido. Se abre el telón y a aparece una habitación cúbica formada por tela blanca y con un charco de sangre rojo en el centro. El impacto es sensacional y inmediatamente transmite ese desasosiego, esa enfermedad, y nos mete en la cabeza del protagonista donde los hechos se desmoronan trágicamente con un bello final para Lady Macbeth. Ahí sí que llega.

Así esta es la primera línea interpretativa, la que entra por los ojos. Luego está la voz. Rigola es un buen director de actores y se le intuye un proceso abierto de ensayo y error con los actores. Además sabe que la voz es un elemento primordial para poder transmitir las sensaciones del texto de Shakespeare. Así en la primera parte los personajes potencian sus estados de ánimo con sus voces, a veces furiosas, otras seductoras, otras roncas (las brujas) y una simulación, el grito aspirado de Macduff (Míriam Iscla) anunciando el asesinato del rey Duncan. Mientras en la segunda parte, en esta habitación blanca, dentro de la cabeza de Macbeth,  las voces son susurros, expandidas muchas de ellas por micrófonos. Estas se asimilan entre sí cogiendo un tono bajo, calmado pero con las intenciones muy marcadas según el personaje. Ahí da gusto escuchar la voz de Joan Carreras, ese insensato Macbeth, quien entre susurros psicópatas, decide morir matando.

El gran valor de esta nueva aproximación al texto está precisamente en el resumen. Cómo se cuenta esta historia con tantos personajes, con tanto recorrido dramático, reducida a casi una hora y media, sin perder el hilo y marcando aquellos parajes más significativos para no solo entender la trama sino sus múltiples interpretaciones. Así importan mucho las transiciones, las omisiones, para que el espectador no pierda el hilo cronológico de los sucesos. Pero Rigola no sólo logra el entendimiento de lo sucedido sino además puede remarcar parajes que contienen un mensaje actual como el monólogo del rey Duncan (excelente y sobrio Lluís Marco) en que recién asesinado se transmute en portero del infierno y va dejando entrar a banqueros, hombres de estado y otras figuras del orden público de muy mala prensa actualmente. Uno aún se deja sorprender por la vigencia de las palabras del genial dramaturgo.

A Rigola le siguen de cerca unos cuantos actores que repiten con él montaje detrás montaje creando una compañía estable que se va renovando y en el que se intuyen una serie de sinergias que solo los viejos amigos pueden tener. Y el mejor amigo del polémico director es sin duda Joan Carreras, un actor todo terreno, muy orgánico, un actor que sabe sacar lo mejor de Rigola, al igual que Rigola sabe sacar lo mejor de él. A la zaga le van los inmensos Lluís Marco, Alícia Pérez o Míriam Iscla. Una buena panda de «amigos», amigos de Shakespeare, aunque a veces al inglés se le pudieran revolver las tripas por ciertas licencias creativas que poco tienen a ver con sus historias.

MCBTH de William Shakespeare.
Dirigido por Àlex Rigola.
Escenografía por Max Glaenzel.
Interpretada por Joan Carreras, Lluís Marco, Alícia Pérez, Míriam Iscla, Oriol Guinart i Marc Rodríguez.
Tragedia shakespeariana contemporànea.
En el TNC a partir del 11 de octubre.

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